Crítica de Zombeavers

Zombeavers
Ahora vendrá el habitual rollo de dos o tres párrafos, pero en verdad, todo se reduce a una sola frase: Zombeavers, una película que va de castores zombi. A partir de aquí, si no os hace gracia la broma, saltad a la siguiente crítica. Y es que la película de Jordan Rubin, carne de estreno directo a vídeo con todas las limitaciones ya no sólo económicas, sino artísticas que ello supone, no es más que eso, un chiste del nivel de Serpientes en el avión, Sharknado o Piranhaconda. O de Ovejas asesinas, que de hecho es el precedente más evidente de la propuesta que ahora nos ocupa. En definitiva, un cine muy concreto, un subgénero con un público sumamente bien definido, hasta el punto de contar incluso con un igualmente bien perfilado espectador para el que es, directamente, contraria. Que son castores zombis, vamos. Y más aún: grupo de colegialas hormonalmente alteradas que se van a pasar un fin de semana a una casa de campo con sus parejas, formando un grupo de seis a ir siendo desmembrado paulatinamente a modo de castigo por sus pecaminosas vidas. ¿Seguís aquí? En caso afirmativo, ya sabréis que esta clase de productos sólo puede valorarse de una forma: ¿dan lo que prometen (siendo lo que prometen un rato de hilarantes (d)efectos especiales, sangre, entretenimiento, y gags de brocha gruesa)? Si no, al paredón; si sí, premio. Caso de Zombeavers.

Y es que no hay nada más frustrante que aceptar el sacrificio de tiempo que implica el visionado de una película que es más bien un guilty pleasure, porque poco más puede aportar, que otra cosa, y que luego ésta no cumpla su parte del trato. Ya sabéis: una hora y pico de pérdida de tiempo a base de personajes mongolos haciendo cosas de importancia nula, y la bestia o amenaza de turno limitada a un clímax final y poco más. Rubin sí cumple, y de hecho invierte la situación: aquí hay un delirante prólogo en forma de referencia inmediata al género de los no-muertos, y luego apenas unos 20 minutos de presentación de personajes, moderadamente subida de tono para alegría de muchos. Queda una horita generosa de animatronics que son más bien muñecos subidos a coches teledirigidos que otra cosa, y de marionetas de chicha y nabo (todo ello mostrado sin el menor disimulo), atacando alegremente a humanos en una orgía de humor, sangre, bichos y más homenajes, con dos grandes clásicos del género muy evidentes por bandera. Y la fórmula funciona, siempre y cuando no se quiera ir más allá de la misma; pero sinceramente, ¿alguien espera aquí un Ciudadano Kane?

Zombeavers

Estamos, pues, en las mismas de siempre: con el baremo debidamente ajustado, en su condición de subproducto exploit de zombies (y animales asesinos en general) direct-to-video Zombeavers da en la diana. Se descubre como un entretenimiento poco menos que total, con una cantidad de hemoglobina bastante por encima de la media, con giros de guión que aparecen en el momento justo para echar un soplo de aire fresco cuando el guión no da más de sí, y por lo general con el despiporre por bandera (tiene un buen puñado de gags de antología). Imposible tomársela en serio, claro está, como imposible pedirle un solo plano digno, una puesta en escena de película, o una interpretación de Oscar. No está para eso, y lo reconoce abiertamente hasta el último de sus involucrados. Si aceptáis las reglas del juego, bien. Sino, tirando, que tampoco os perderéis nada.
6/10

0 comentarios:

Publicar un comentario

- No toleramos bajo ningún concepto el SPAM. Todo comentario debe constar de un texto original, o de lo contrario será eliminado.
- Los posibles SPOILERS deberán ser avisados. En caso contrario, nos reservamos el derecho de adaptar o eliminar el comentario.
- No censuramos ni banneamos a nadie, pero por favor, un poco de respeto nunca está de más...

Categorías