Crítica de Interstellar

Interstellar
Está claro que Christopher Nolan es, en términos escénicos y narrativos, uno de los mayores virtuosos del cine actual. Tiene sus detractores, tantos como seguidores, y probablemente tanto unos como otros posean parte de razón en sus argumentos: los primeros le reprochamos sus ínfulas mesiánicas aplicadas a material en ocasiones técnicamente insuficiente (el timorato guión de El Caballero Oscuro: La leyenda renace y su desequilibrada construcción narrativa), así como su habitual supresión del sentido de lo lúdico en virtud de una seriedad impostada. Sus fans hacen notar la complejidad de muchos de sus set pieces y la intensidad con la que, a menudo, logra manejar los momentos climáticos, amén del rigor escénico que caracteriza su idiosincrasia formal. Pero fanatismos de uno u otro signo al margen, el señor se está granjeando un lugar entre la élite del cine mundial y con toda probabilidad logrará figurar entre los nombres a recordar durante las próximas décadas. Y será así gracias a películas como Interstellar, probablemente irregulares en conjunto, pero también innegablemente personales y en cualquier caso excesivas, consagradas en todos sus más y sus menos a aumentar la leyenda de aquel que las ha perpetrado (y aquí hay que sumar al hermanísimo Jonathan, siempre dos de las cuatro manos al guión), reuniendo, y acentuando, todas sus filias y fobias.

Interstellar es, ante todo, un enorme aparato de ciencia ficción más o menos seria que parte de una base distópica más o menos canónica. A nuestro planeta se le terminan las horas, el aire se está volviendo irrespirable y la miseria azota gran parte de la población, de modo que habrá que empezar a mirar a los cielos para encontrar la solución. Semejante misión le corresponde a Cooper, un granjero viudo y al cargo de dos hijos adolescentes que tiene un pasado como piloto para la NASA. Él será el encargado de liderar una misión espacial tripulada por científicos con rumbo a un agujero de gusano que abre nuevas posibilidades en el terreno de los viajes interestelares. Un viaje que probablemente tendrá repercusiones espaciotemporales que con toda probabilidad no devolverá a la Tierra al mismo Cooper que un día la dejó. Así que sí, de entrada los términos de la aventura no se encuentran tan cercanos a la space opera como a un sentido filosófico del contacto del ser humano con el universo. Esto tiene tintes de western de búsqueda de la tierra prometida (Battlestar Galactica se encuentra en parecido plano simbólico) y ribetes de thriller espacial (tenemos aún fresca Gravity) pero lo que realmente parece querer es compartir ADN con la riqueza existencialista de Stanley Kubrick. En seguida veremos por qué, Interstellar podría ser una especie de enfoque spielbergiano de 2001: Una odisea en el espacio.

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Christopher Nolan no parece querer conformarse, nunca lo ha hecho, con simplemente ceñirse a las líneas maestras del género que aborda. Tuvo que rizar la construcción de causa-efecto del thriller policíaco en Memento, que mutar el habitual sense of wonder superheroico hacia una especie de nihilismo urbano en sus Batman y que añadir planos de narración en el suspense de folletín que estaba en la base de Origen. Y para su aventura espacial ha añadido abundantes capas de lecturas filosóficas basadas en el existencialismo por un lado y en la física por otro. Un sentimiento de autocuestionamiento que arroja respuestas y nuevas preguntas con desigual lucidez, a ratos conformando momentos realmente retadores y desafiantes, a otros situándose en un plano de ingenuidad cercano al que caracterizaba el Contact de Robert Zemeckis. Pero en esencia, Interstellar es una representación del choque entre la razón y la emoción: la emotividad frente a la ciencia, el amor frente a la matemática. Y eso implica una investigación personal en aquello que nos hace personas y una reflexión sobre nuestro papel en el universo. Aquí no entra tanto la dicotomía entre lo humano y lo divino, la ciencia versus la fe, por lo menos de manera directa (sí se insinúa tangencialmente cuando se habla de unos "ellos", por lo menos hasta el momento en que se despeje, o no, esa incógnita), sino más bien una reflexión sobre el paso del tiempo, la familia, el dolor de la pérdida de un ser querido y la responsabilidad paternal.

De ahí que hablara de Spielberg. La historia humana que se esconde tras Interstellar es la de un padre que debe llevar a sus hijos hacia adelante, que tiene que compaginar su responsabilidad doméstica con la tarea de salvación que le ha sido asignada y posteriormente recuperar a su hija. En Spielberg el reencuentro entre padres e hijos siempre termina marcando cualquier aventura de corte fantacientífico. En Interstellar el armatoste emotivo no anda muy alejado de ello. El problema es que Christopher Nolan no es Steven Spielberg. Nolan sigue siendo más un director cerebral que emotivo, un tipo que domina mucho más la construcción narrativa que la capacidad de sus imágenes para conmover y la intensidad visceral más que la sutileza psicológica. De ese modo muchos de los momentos más íntimos de la película parecen un poco torpes, mal diseñados, casi. De un sentimentalismo algo impostado que, en consecuencia, termina arañando poco, excepto quizá en esos momentos en los que aparece enlazado directamente con alguno de los temas que plantea la trama. Pienso en el momento en que uno de los protagonistas se sienta a ver ciertas imágenes que, por el bien del factor sorpresa, me guardo de destripar. Un momento, en cualquier caso, en que esa emotividad forzada toma auténtica relevancia y se proyecta de verdad en forma de consecuencia de los actos de los personajes. Por lo demás, uno no puede dejar de sentirse molesto por ese cierto humanismo torpe que preside gran parte de la trama.

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Lo que sí es innegable es la coherencia ética y estética de la película en el corpus creativo general del realizador. Muchas de sus obsesiones siguen aquí presentes. Su apariencia es excesiva, exhaustiva e hipercalculada, como de gran espectáculo que no ha confiado nada al azar y que no ha querido dejar ningún elemento sin perfilar. Su entramado narrativo es sencillo pero a la vez complejo y gusta de lanzar nuevas posibilidades en la representación del tiempo que, de nuevo y como en Origen, vuelve a ser relativo: donde ahí eran distintas capas de sueño lo que marcaba los cursos temporales desiguales aquí es la teoría de la relatividad aplicada a los viajes espaciales lo que plantea desbarajustes. En cierto punto de la película se genera una interesante contrarreloj (y con ello se acentúa la sensación de thriller trepidante) determinada por el paso de un tiempo muchísimo menor en la órbita de un planeta determinado que en la propia Tierra: por cada hora que transcurre para los paseantes espaciales, siete años pasan en nuestro planeta, para la gente que se quedó aquí. Otro elemento compartido con Origen es la destrucción del plano físico como una superficie bidimensional en una filigrana abstracta marcada por la propia percepción (en Origen) o por la relatividad espacial o gravitatoria (en el caso que nos ocupa). Ya es una imagen recurrente ese suelo que se dobla sobre si mismo para terminar convertido al mismo tiempo en su propio techo.

De ahí que nos encontremos ante una película innegablemente nolaniana. Me remito de nuevo a sus faltas y virtudes, que aquí vuelven a estar presentes con una intensidad considerable. El guión es altamente inestable y a ratos parece herido por sus inexactitudes, sus caprichos, sus incoherencias y su descompensada estructura, que se concreta en una disposición desigual de los picos de intensidad. A lo largo de la historia se suceden alucinantes hallazgos argumentales con golpes de efecto que rozan la absurdidad dramática. Y del mismo modo personajes más o menos bien construidos se ven empujados a comportamientos un tanto burdos, forzados más por los giros de guión que por su propia coherencia motivacional. Por otro lado, Nolan no parece especialmente dotado para sacar todo lo bueno que sus casts estelares -aquí Matthew McConaughey, Anne Hathaway, Jessica Chastain y Michael Caine- podrían brindarle.

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Pero al mismo tiempo sus reflexiones maximalistas propulsan al género hacia esas cotas que sólo unos pocos pueden alcanzar. De alguna manera, en lo argumental, Interstellar termina funcionando mejor en lo maxi que en lo minimalista, en su carácter de gran espectáculo cerebral que en su vocación de retrato familiar intimista. Y como digo todo lo bueno que caracterizan las películas del autor también está aquí: su excitante hambre de aventura -seria, en su justa medida o demasiado, según el momento-. Su obsesión e innegable capacidad por epatar usando todas las herramientas cinematográficas a su alcance, que son muchísimas. Sus bestiales diseños de producción que incluyen, en este caso, una interesante concepción retrofuturista de los robots. La banda sonora apabullante de un Hans Zimmer que no parece conocer la mesura y que se muestra exultante, rico, severo y juguetón. Y, claro está, esos multiclímax marca de la casa, colocados en el punto medio y en el tercer acto, dominados por una intensidad dramática y una tensión escénica prodigiosas.

Llevo intentando transmitir esta idea desde el principio de este comentario. Interstellar es, si no otra cosa, un paso lógico en la carrera de Christopher Nolan hacia el reconocimiento masivo y prolongado. Un viaje excitante y alucinante hacia lo desconocido, tan arrebatador y lírico como abrupto, lleno de incómodos baches y sacudidas; zarandeos insalvables que enturbian el camino pero que de alguna extraña manera no empañan las vistas una vez se ha alcanzado el destino final.

7/10


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4 comentarios:

  1. Bellísima! La hemos visto hoy y aún estoy en el cine. Es una película grande... Enorme. Me esperaba grandes parrafadas religiosas o crisis existenciales explicando con más o menos sentido el viaje del ser humano en su carrera por la supervivencia.

    Todo lo contrario. Magnífica en su ritmo, emocionante en su capacidad de hacernos sentir exploradores, pero sobre todo, sencillamente fuerte en su mensaje más básico. Un dilema que irá implícito en todas las decisiones que toman los personajes, de las cuales, te sientes partícipe en cada minuto de la película.

    Respecto a la estética retrofururista, me ha chocado en un inicio pero me ha parecido una perfecta elección que hace más cercanas y cálidas a las máquinas.

    Tal vez el "humanismo torpe" o "emotividad forzada" que comentas podría empañar ciertos momentos en los que no hace falta recalcar o forzar algo que ya se siente. Pero, sin entrar en debates más técnicos, reconozco me he dejado llevar totalmente hasta acabar absorbido por el horizonte de sucesos...

    Magnífica crítica, para variar jeje. Y, a mi parecer, una muy acertada definición entre la diferencia entre Nolan y Spielberg.

    PD: MICRO-SPOILER La escena de Saturno, imponente, con los grillos y la tormenta de fondo sonando en el reproductor de Cooper, es sencillamente fantástica. FIN MICRO-SPOILER

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  2. Es un peliculón. Fuera de lo normal. Pero no esperes rollos de marcianos con tentáculos. Simplemente siéntate, llévate las palomitas a la boca ( 5 euros me soplaron por unas medianas) y déjate llevar. No esperes nada, estate relajadito y deja q la peli te sorprenda. Pata negra. Y si te gustan las del espacio, q sepáis q cuando acabó la pelí y me subí en el coche para ir a casa, no iba en un coche, y no iba a casa.

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  3. Y como soy un ignorante, aproveché para consultar la wiki para saber más de la cuarta, quinta, y de paso, algunas palabras suyas de su análisis q deben encontrarse en la sexta dimensión.

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  4. Mister Moster!! Ganas tenía de saber qué pensabas de la peli! :)

    En fin, Mostro, jjro35...
    Gracias por vuestros comentarios, mejetes!

    Yo soy más escéptico hacia la película, que me parece bien, sí, pero tampoco para tanto. Ahí queda mi crítica para explicar mi postura.

    Pero celebro que a vosotros os haya cautivado tanto. Es bonito ese sentimiento que expresáis de "seguir dentro de la película un tiempo después de que se haya terminado". Me alegro que haya sido así.

    Pero eso, que gracias por completar la crítica con nuevas opiniones...

    Abrazaco!!

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