Crítica de Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows)

Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows)
Tendencias, modas... falso documental. Fácil asociar sendos conceptos cuando se habla de cine. O de series, que de hecho, la relación que se establece entre ellas y Lo que hacemos en las sombras es estrecha. No sólo porque sus responsables sean los neozelandeses Jemaine Clement y Taika Waititi, colegas y artífices (en mayor medida el primero que el segundo) de Los Conchords o (el segundo) The Inbetweeners, sino porque la propia película le debe su existencia a los programas televisivos de la escuela The Office, tanto como a géneros y temáticas muy del gusto de lo catódico: con declaraciones a pantalla incluidas, Clement y Waititi se inventan una suerte de documental que recoge las peripecias de un grupo de compañeros de piso... que resultan ser vampiros. Vamos, que a Gervais y Carell toca añadir un toque de Friends o The Big Bang Theory, y otro de True Blood amén, ni que decir tiene, del propio humor entre absurdo y surrealista de sus responsables. Combinación ideal, si se nos pregunta a nosotros, para reinventar un estilo cinematográfico que se creía obsoleto, y ya de paso disfrutar de hora y media de acumulación de risotadas como pocas.

La primera de sus dos principales bazas sale un poco a consecuencia de la segunda, en verdad. A fin de cuentas, What We Do in the Shadows tampoco es que resulte excesivamente rompedora en su propuesta formal, si bien sí consiga exprimir al máximo sus posibilidades narrativas. Porque esto sigue punto por punto la estructura de un documental: presentaciones de personajes, con cuatro declaraciones de cada uno de ellos y un mínimo de seguimiento individual; pinceladas sobre su hilarante vida conjunta, afectada por sus peculiares necesidades de supervivencia; salidas, sociabilización; problemas, malentendidos varios; desenlace y fin del documental. Como si a Michael Scott le crecieran colmillos. Pero es que ahí es donde reside su gracia, justamente. De la misma manera que Chronicle agarraba el found footage y se lo llevaba al terreno superheroico, en esta ocasión es la extrapolación del (estricto) modelo a otros terrenos lo que le hace recuperar toda la frescura que tenía al principio, perdida años ha a base de ser explotado ad nauseam (Modern Family tuvo algo que ver al respecto). Se reinventa de rebote, vamos, por obra y gracia de unos guionistas absolutamente conocedores de lo que se traen entre manos.

Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows)

Y es que en realidad, el formato viene a ser lo de menos si la sustancia sacia. Y Clement y Waititi dan con la tecla justa con una película con suficiente potencial para deleitar por igual tanto a fans de lo vampírico en todas sus formas, como a neófitos que no pasan de Crepúsculo; tanto a amantes de las series como a detractores de las mismas... pero sobre todo, a los que en su día vieron Los Conchords y desde entonces asocian la figura del primero, de manera subconsciente incluso, a un humor que antes se tildaba de absurdo y surrealista, pero que también es decididamente delicioso, del que se impregna hasta el último de los fotogramas de Lo que hacemos en las sombras. Desde un prisma totalmente desenfadado y juguetón se presenta una serie de personajes entrañables en su desgracia (en algunos casos sabedores de la misma, en otros totalmente a oscuras), más o menos aglutinadores de todos los lugares comunes de Drácula y compañía: está el compañero de piso más anciano que recuerda a Nosferatu, el vampiro que alardea constantemente de su supuesto sex-appeal, el que tiene buenos sentimientos... por el pito del sereno se toman las icónicas figuras de Murnau, Coppola o Jordan, en definitiva, al tiempo que se explota a las mil maravillas la premisa de convertir en flatmates a semejantes criaturas: mesitas de noche con despertadores electrónicos frente a ataúdes, problemas con el tapizado del sofá cuando toca cenar, con los espejos cuando hay que acicalarse para salir de fiesta... Ningún detalle queda en el tintero (¡y ojo a sus recargadísimos escenarios!), alternados con homenajes y referencias para parar un tren (y ojo, que no sólo de vampiros va la cosa: aquí si se busca se puede encontrar algún guiño a Zelig tanto como a The Young Ones).

Así las cosas, el único requisito pasa por entrar en el juego. Superar el rechazo de un formato que ya tira para atrás a más de uno, y hacerse lo antes posible con el peculiar sentido del humor de los responsables. Si se consigue, la fiesta está garantizada, y puede considerarse totalmente exitosa.
7,5/10

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

- No toleramos bajo ningún concepto el SPAM. Todo comentario debe constar de un texto original, o de lo contrario será eliminado.
- Los posibles SPOILERS deberán ser avisados. En caso contrario, nos reservamos el derecho de adaptar o eliminar el comentario.
- No censuramos ni banneamos a nadie, pero por favor, un poco de respeto nunca está de más...

Categorías