BD-Crítica de Sherlock (Tercera temporada)

Sherlock (Tercera temporada)
Sherlock es un fenómeno único para los fanáticos de lo catódico. Un chispazo puntual que se da cada muerte de obispo, en forma de minitemporada de tres episodios de, eso sí, 90 minutos de duración cada uno (unos dos años separan a una temporada de la siguiente y de la de más allá). Cuando Benedict Cumberbatch (Holmes) y Martin Freeman (Watson) tienen un hueco en sus respectivas agendas, se rueda una nueva temporada, o un capítulo especial, o lo que sea. Cualquier novedad relativa a la serie que reinventa (y de qué manera) los relatos de Sir Arthur Conan Doyle, es motivo suficiente de jolgorio. Mirad cómo estamos todos, a la espera de un único capítulo, especial navideño, que verá la luz en diciembre de 2015 (antes de la nueva temporada, la cuarta, programada por la BBC para 2016). La de esta serie es, de hecho, la desproporción más grande entre volumen de material emitido y cariño adquirido por parte del público. Pero es que si las cosas se hacen bien, se nota. Y se nota tanto, que aun haciendo pruebas y retando al fan, se sale con la suya. Caso de la temporada que ahora nos ocupa, la de la revolución en forma de un harto sensible cambio de rumbo con el que se exponía a un fracaso sonoro en forma de iracundas reacciones. Nada, nueva ruptura de esquemas, récord de audiencia y mayor veneración para la serie orquestada por Mark Gatiss y Steven Moffat a cuya última batería de episodios hasta la fecha, a la postre sólo se le puede echar en cara alguna que otra decisión de su episodio inicial, quizá excesivamente ambicioso.

The Empty Hearse, que así se llama el capítulo inspirado en la novela La casa deshabitada, pretende responder y no responder a la gran pregunta que propios y extraños nos hicimos dos años atrás. Y a su vez desarrollar un entramado procedimental. Y también establecer la ruta a seguir de toda la temporada a nivel argumental. Demasiados frentes abiertos, y el primero de ellos resuelto con cierto riesgo, para desembocar en un episodio que parece perder el norte en alguna que otra ocasión, quedando a medio camino de todas las metas: la fórmula para responder al “qué ocurrió” flirtea con irritar a quien no entre en su juego, el caso a resolver se hace totalmente olvidable, y el desvío de atención hacia un nuevo filón aún debe asentarse. Quizá pueda decirse de él que es el menos bueno de toda la serie (siempre tiene que haber uno) pero ojo, que estamos hablando en términos relativos. Esto sigue siendo Sherlock, por lo que la excelencia en el guión se mantiene intacta, así como las interpretaciones, la puesta en escena, y en general tanto vale para la cadencia, ritmo trepidante que es alma máter de la franquicia. Prueba de ello: un segundo visionado del dichoso piloto hace que suba como la espuma, a sabiendas ahora de la arriesgada decisión tomada por sus creadores.

Sherlock (Tercera temporada)

Decisión que se descubre brillante en el que, por el contrario, está considerado como el mejor capítulo hasta el momento. La nueva línea de la que venimos hablando, centrada en otorgar mayor (casi todo) protagonismo a la relación humana entre los personajes principales pero también secundarios, explota definitivamente en el 3x02, The Sign of Three. Aquí no hay caso a resolver. O sí, pero porque se lo inventa Holmes conforme va desgranando el discurso en público que le corresponde por ser, ah, padrino de boda de Watson. Cargado de un atinadísimo humor, el guión que firman los tres creadores de la serie (Mark Gatiss, Steven Moffat, Stephen Thompson) deja caer ingente cantidad de información sobre cada uno de los protagonistas que por ahí pululan. Bien sea abiertamente como mediante una no-tan-sutil lectura entre líneas, Watson y Holmes van desnudando sus yoes ante un espectador que comulga definitiva e incondicionalmente con ellos. Que pasa, por así decirlo, a formar parte de la familia. No por nada, en cierta ocasión en que se llega a la visita de los padres de Sherlock, sendos actores resultan ser los padres en la vida real de Benedict Cumberbatch. Esa es la idea, ese el gran next step que da la serie en esta tercera temporada; el mismo que necesitaba empezar a entreverse en el primer episodio para eclosionar en el segundo... y claro, dejar el gran boom para el final.

Y vaya tercer episodio. O mejor, vaya segunda mitad del mismo. Ya con los espectadores a sus pies, con el último de los fans convertido en fanático del tándem con todas sus letras, tanto uno como otro se ven de nuevo enfrentados al abismo. Con un capítulo, His Last Vow, marcadamente distinto del anterior (que a su vez tenía poco que ver con el primero) Sherlock se despide por otros dos años con un thriller de una recta final absolutamente trepidante, en la que varios giros obligan a replantear mucho de lo visto en anteriores ocasiones sirviendo, de nuevo, para echar más leña al fuego en lo que a la relación entre Watson y Holmes se refiere. Porque al final, la serie es muchas cosas, pero sobre todo, es lo más parecido a una buddy movie (y familiar, para más señas) y ahora, por fin, se hace evidente de manera definitiva. Y como formamos parte del equipo, nos importa tanto lo que les suceda como a ellos mismos; de ahí el impacto de su final...

Sherlock (Tercera temporada)

Ligero cambio de rumbo, en definitiva, que sin embargo tarda bien poco en cuajar a la perfección para quedar perfectamente encajado en ese puzle exquisito que Moffat y compañía llevan años montando. Lo han hecho todo, siempre, tan bien, que en verdad pueden hacer con Sherlock lo que les venga en gana. A la espera de más episodios quedamos...

Y en el Blu-Ray...
Emon edita en alta definición la tercera temporada de la serie y, como en las ocasiones anteriores, parece olvidarse deliberadamente de los extras de su edición inglesa en pos de un más que evidente futuro lanzamiento especial. Con tal sólo el webisodio emitido por YouTube entre las temporadas 2 y 3 como material añadido, queda una muy sencillita edición de gran calidad de imagen (si bien cuente con todos los textos sobreimpresos en pantalla doblados al castellano) en detrimento de un audio únicamente disponible en 2.0 tanto para la versión original como para el doblaje. También se echa en falta una pista de subtítulos en inglés y eso no deja de resultar curioso: la versión comercializada en el Reino Unido sí la incluye. En fin, correcta y poco más edición para fans que no sean excesivamente exigentes.

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