Crítica de Doble o nada (Lay the Favorite)

Doble o nada (Lay the Favorite)
Stephen Frears es uno de esos directores a los que cuesta ordenar en un cajón. Alterna obras de culto (Mi hermosa lavandería, Alta fidelidad) con cine inglés de aristocracia (Las amistades peligrosas, The Queen, El secreto de Mary Reilly), y películas sobre temas sociales contemporáneos (Philomena, Negocios ocultos). Es un artesano, uno de esos directores de los que ya casi no hay, capaz de dirigir con solvencia y temple cualquier texto, alcanzando cotas altas cuando el guion que le encargan tiene la calidad suficiente.

Frears tiene normalmente gran ojo para elegir tanto el texto como el reparto, pero lo que funciona sobre el papel no tiene por qué funcionar en imagen. Sirva Doble o nada como ejemplo. Un buen reparto (Bruce Willis, Rebecca Hall, Catherine Zeta­Jones y Joshua Jackson) y un guion basado en la novela de Beth Raymer, sobre una stripper de Florida que llega a Las Vegas con la intención de convertirse en camarera de cócteles y acaba metida en el negocio de apuestas deportivas.

Lo primero que sorprende de esta película es Rebecca Hall. Acostumbrados a verla interpretar a personajes de carácter fuerte e independiente en dramas de poso (The Town, Circuito cerrado, Transcendence) y en comedias donde su personaje representa la racionalidad (Vicky Cristina Barcelona), aquí la vemos como una chica de pocas luces, una bailarina de strip­tease que tiene la suerte o la desgracia de pasar por ahí en el sitio y el momento justo. Aunque sea interesante verla en un registro diferente, los pocos matices de su interpretación hacen que resulte poco creíble como Beth y el film parta con un cierto hándicap desde el principio.

Ahora bien, la apuesta aún podría funcionar si, tratándose de una comedia, hiciera reír, pero no lo consigue. Las buenas cartas están ahí (Bruce Willis como profesional de apuestas chillón, la mencionada Rebecca Hall como pez fuera del agua, Catherine Zeta-Jones como esposa controladora y maniática...), pero falta algo. Y ese algo quizás sea el hecho de que el mundo de las apuestas deportivas es tan interesante como observar a un caracol comiéndose una hoja de lechuga. Si Frears no consigue hacerlo interesante con el ritmo y el tono adecuado, si el guion no tiene la gracia necesaria y si el reparto, lejos de brillar, emite una luz tenue, hay poco que hacer.

Es muy difícil que una película con este reparto y dirigida por Stephen Frears sea tildada de mala. Doble o nada no lo es, aunque sí que intenta curar el insomnio a los espectadores. En el mundo del cine, como en las apuestas, hace falta arriesgar, y el caballo ganador no lo es hasta que no alcanza la meta.
5/10

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