Crítica de La conspiración de noviembre (The November Man)

La conspiración de noviembre (The November Man)
Hay actores que saben reinventarse tras pasar su época dorada. Y otros que, en cambio, lo intentan mil y una veces sin dar en la diana, hasta verse obligados a volver por sus fueros pero, ay, con la losa del paso de los años traducida en subproductos cinematográficos. Y quizá de todos ellos, quien se lleve la palma sea el ex-007 Pierce Brosnan. Otrora considerado como uno de los mejores intérpretes para el papel del agente al servicio de Su Majestad, su estrella fue apagándose a ritmo alarmante tras su última participación en la saga Bond, casi desapareciendo por completo y ofreciendo algún que otro fogonazo apartado de existencia en clave de secundario en alguna película de éxito (Mamma Mia!, Bienvenidos al fin del mundo). ¿De calidad, calidad? El escritor y poco más, y no precisamente porque él tuviera nada que aportar al film de Polanski. Así que nada, el hombre que parece haber nacido para convertirse en anuncio de El corte inglés sobrevive a base de una suerte de explotación por bajini de su ¿icónica? figura como espía. Esto es: thrillers de poca monta que tiran de piloto automático, con nula intención artística y esperanzas económicas que pasan por el tirón que aún pueda quedarle a su estrella protagonista. ¿La conspiración de noviembre? Tan sólo el último, triste ejemplo de dicha evolución.

Y eso que aquí, un mínimo de esperanza había: tras las cámaras está un Roger Donaldson que si bien jamás ha sido uno de esos referentes absolutos del cine por el que nos movemos (thriller, acción, espionaje), curtido sí está. En su filmografía hay un buen puñado de títulos que o garantizan cierta calidad (sobre todo Trece días, que puede definirse como buena sin tener que agachar la cabeza), han sabido adquirir cierta aura de leyenda (Cocktail, Species), o simplemente han supuesto entretenimientos dignos (La prueba, El gran golpe). Junto a Pierce Brosnan había trabajado en la muy medianera Un pueblo llamado Dante’s Peak, pero que se volvieran a juntar tantos años después y estando sus carreras de vuelta de todo hacía presagiar... pues eso, como mínimo un divertimento tan disfrutable como carente de pretensiones. Lamentablemente, el primer acomodado en el modo piloto automático ha sido el director, incapaz de otorgarle a su obra la menor personalidad, y claro, si ya desde la parrilla de salida se empieza tan mal, es imposible.

La conspiración de noviembre (The November Man)

La conspiración de noviembre es un producto con cuerpo y alma de estreno directo a vídeo. Una acumulación de clichés trasnochada y patillesca, de interés en vertiginoso descenso por la total imposibilidad de hallar un cabo al que aferrarse por parte del espectador: ni entra por los ojos (su puesta en escena es pobrísima, propia de una tv-movie de sobremesa), ni por los oídos (su guión tiene tantos lugares comunes que es como si todo en ella trascurriera a modo de déjà vu), ni por el corazoncito. Quizá hubo un tiempo en que Brosnan podía caer en gracia, pero ya ha pasado y lo que queda de su época dorada es un actor demasiado cascado para según qué cosas, y francamente limitado como intérprete cuando se trata de ir más allá de un anuncio de trajes Tucci. Quienes esperaban, como un servidor, encontrar aquí una suerte de reunión entre amigos, una comunión entre pantalla y público conocedor, éste, de los límites a los que debería aspirar el film, que pase de largo. Hasta un capítulo de Rex: Un policía diferente tiene mayor entereza y factor sorpresa.
3/10

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