BD-Crítica de Matar al mensjaero (Kill the Messenger)

Matar al mensjaero (Kill the Messenger)
Tanto con esta historia real en concreto, como con muchas otras (amén de entramados totalmente ficticios) a modo de marco, se ha recurrido a la figura del periodista que se mete donde no le llaman por su obsesiva necesidad de sacar a la luz la verdad, toque la que toque. En este sentido, Matar al mensajero no es sino una muesca más a una temática manida, que normalmente cuenta con el mismo fin: por alfa o por beta, todo conduce a una crítica a los EEUU, en especial a los centros de inteligencia y su habilidad por tapar asuntos delicados. Ahora: a mediados de los 90, tráfico de drogas que resulta que contaba con el visto bueno gubernamental por el suculento ingreso monetario que suponía. Droga que se distribuía alegremente por los barrios negros, y cuyos beneficios se empleaban en la compra de armamento para la CIA. Vamos, un secretito inocente que se llevaban entre manos Gobierno, agencia y narcos, al que fue a parar el periodista Gary Webb, y del que se le estuvo invitando a salir de manera constante en cuanto levantó la alfombra más de lo debido.

A vueltas con la figura del héroe invisible, del ciudadano de a pie que representa la inviolable bondad del norteamericano medio, capaz de mirar hacia arriba y enfrentarse sin miedo, a todo lo que le venga, tal es su noble propósito de descubrir, atizar, y purgar. El mensajero en cuestión es un Jeremy Renner que recuerda a propios y extraños que es capaz de actuar, más allá de sagas de acción y similar, pues sobre sus nada temblorosos hombros se apoya todo el tinglado, secundarios de lujo (Mary Elizabeth Winstead, Ray Liotta, Michael Sheen, Andy Garcia...) incluidos. Ojo de halcón es, sin duda, el pilar más fuerte de una película que busca diferenciarse de la infinita ristra de similares haciendo especial hincapié en la persona. Habilidoso con la gestión de thrillers conspiranoicos que dejan a su personaje próximo a lo turuleta, pues a él le debemos buena parte de los logros iniciales de Homeland, Michael Cuesta sigue a Renner tanto en lo profesional como en lo personal, saltando de uno a otro bandos para confirmar la paulatina (y en paralelo) destrucción de los mismos. Un poco lo de siempre, pues, adoptando ciertos dejes de la exitosa serie recién mentada, que combinar con alguno de los referentes absolutos del género (Mann y Stone entre ellos).

Matar al mensjaero (Kill the Messenger)

Y sin embargo, hete aquí que falla justo en el terreno que mejor debería conocer: esa combinación de líneas, su deber como periodista y la afección del mismo en su deber como padre de familia, no encaja como debería y en lugar de establecerse una sinergia entre ellas, se convierten una en enemiga de la otra, impidiendo que el film, por lo demás sobrio, denso, entretenido y presentado con suma elegancia, acabe de despegar. Porque por más que su argumento tenga todas las bazas para convertirse en trepidante, debe ofrecer mayor frescura al espectador, bien sea decantando la balanza hacia una mayor acumulación de información (qué habría hecho Aaron Sorkin con la misma materia prima...), o bien relegando los acontecimientos a un segundo plano en favor de una mucho más profunda descripción de personaje. Tal y como está, Matar al mensajero no consigue ser todo lo apasionante que podría ser en su seguimiento de la historia real, al no descubrir nada nuevo al espectador; ni acaba de calar hondo la sensación de peligro constante, de amenaza contra el protagonista y quienes lo rodean, por el escaso interés que sentimos hacia él. Se limita a recorrer una senda demasiado prestablecida, sin salirse de los raíles, y ofreciendo en definitiva un espectáculo moderadamente entretenido, sí, pero olvidable al cabo. Lástima, porque todo lo que destapa le hiela a uno la sangre...
6/10
Y en el Blu-ray...
Emon distribuye esta película por nuestro país tanto en DVD como en Blu-ray, fardando este último de una calidad audiovisual notable: la imagen goza de una gran definición y el audio suena de maravilla especialmente en una versión original que respeta perfectamente las voces, al entrelazarlas con los efectos de sonido y banda sonora. Lástima que aquí y allá el grano haga acto de presencia de manera demasiado evidente... y que no disponga de más subtítulos que en castellano. Aunque sin duda, el pero de la edición se le achaca a unos extras limitados a una featurette de apenas tres minutos, y al tráiler de la película.

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