Crítica de Dancing with Maria

Dancing with Maria
Maria Fux (Buenos Aires, 1922) es una de las mayores desarrolladoras de la danzaterapia, un método psicoterapéutico que busca, mediante el aumento del nivel de autopercepción, la mejora de capacidades psicomotrices, personales o de estado de ánimo.

Dancing with Maria, dirigido por el italiano Ivan Gergolet, es una aproximación a la figura de Maria Fux desde su trabajo en su escuela de danzaterapia, ofreciéndonos una perspectiva personal tanto de Fux como de algunos de sus alumnos.

Con un estilo personal, cercano al realismo y huyendo de excesivas piruetas visuales, Gergolet es capaz de poner una cámara en una clase de danza, en las casas de los bailarines, y filmar su intimidad. Así vemos a dos jóvenes con síndrome de Down bailar con una gran desenvoltura, a una enferma de polio hacer arte con sus movimientos o incluso a una mujer sorda danzando al ritmo de la música.

Esa intimidad, unida a una música emotiva, provoca en el espectador momentos de sonrisa complaciente y catarsis. Sin embargo, Dancing with Maria tiene dos defectos que acaban minando el resultado final y hacen que el film no acabe de ser redondo. El primero es el acercamiento casi místico a la figura de Maria Fux, mostrando sus luces pero sin ni siquiera dejando intuir sus posibles sombras o contradicciones. El segundo, y más grave, es la ausencia de un hilo conductor en el montaje, lo que da una sensación de desorden y superficialidad al decidir no centrarse en ninguna historia o personajes en concreto.

Dancing with Maria es un documental interesante para acercarnos a la figura de Maria Fux y a la danzaterapia, pero su excesivo misticismo y falta de cohesión general hacen que no seamos capaces de acabar de entrar en la película, que perdamos el interés pese a que las imágenes hacen que nos interese. Está más cerca de un publirreportaje que de un documental biográfico o creativo, y eso hace que no podamos salir de la sala con la sonrisa que nos provoca en algunos momentos.
6/10

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