A primera vista: Crítica (Hoje Eu Quero Voltar Sozinho)

A primera vista
El estreno de A primera vista por aquí pone en evidencia que otro cine puede ser posible, sí... pero no interesa. Todo el mundo tiene propuestas de lo más arriesgadas, innovadoras, o interesantes por cualquier otro motivo, pero rara es la vez en que éstas pasan las fronteras, a lo sumo gracias a algún huequecillo que quede en la programación de algún festival, con suerte en algún cine mínimo que aún sobreviva a los multisala en una gran ciudad. Miradnos a nosotros: estrenamos Magical Girl, pero enviamos al exterior Ocho apellidos vascos. La ópera prima de Daniel Ribeiro, que adapta para la gran pantalla su cortometraje casi homónimo (Eu Não Quero Voltar Sozinho), es un ejemplo decepcionante de la industria cinematográfica brasileña. No por malo, sino por poco estimulante, por fácil, y por tener la mira puesta sin pudor alguno en unos objetivos válidos, nada más faltaría, pero cuestionables si lo que se busca cuando se crea una obra de arte es perdurar. O sorprender. O alimentar al espectador. Lo que sea.

Nada de eso hay en la tibia, benevolente, complaciente historia que nos ocupa, de la que Albert Espinosa ya está tardando en hacerse fan número 1: un joven ciego de nacimiento trata de llevar una vida normal con la ayuda de sus padres y, en el instituto, de su amiga de toda la vida. Claro, no siempre es fácil: está en edad de vivir la vida, de hacer locuras, de saltarse las normas; y al mismo tiempo, sus compañeros de clase le buscan (un poquito) las pulgas. Vamos, lo habitual a los 16 años, con el extra de preocupación de su problemática (¿ya notáis el tufillo a moraleja barata?). En estas que llega un nuevo compañero al cole, y ocupa el pupitre de detrás del chico invidente, convenientemente libre. Feliz casualidad que da arranque a una historia de descubrimiento personal y pasional, ensalzamiento del amor por encima de todo y de todos (cegueras y sexos incluidos), y viva el color de rosa.

Muy poco motivante planteamiento argumental, visto mil veces, para un film del que afortunadamente, pueden desgranarse un par de aspectos positivos a los que aferrarse para mantener la fe en el cine. Y es que sus personajes están trabajados con mimo, se los hace progresar sin precipitaciones y apostando por cambios de lo más sutiles y que pueden quedar reflejados en una mirada, una expresión facial acertada de los actores que los interpretan, o en algún detalle que pueda recoger la cámara de Ribeiro. Cámara que no se despega del joven ciego, convirtiéndose en los ojos que no tiene y por consiguiente, poniendo en evidencia todo lo que se está perdiendo, buscando la empatía del espectador. Amén del candor y la inocencia de su edad, y la despreocupada perspectiva desde la que entiende su condición. No por nada, pues, A primera vista está especialmente cuidada en su puesta a punto, con una fotografía aséptica, colores nítidos y por lo general como si la lente que recogiera la acción hubiera sido absorbida por una nube de azúcar. Únicas bazas que tiene la película para demostrar que no ha sido concebida mediante un piloto automático.

A primera vista

Por lo demás, a su vulgar entramado cabe añadir un sinfín de brochazos de guion demasiado forzados: además del pupitre casualmente disponible en clase, chirrían errores de algún personaje preguntándole al protagonista si ha visto esto o aquello (risibles recursos a la altura de Médico de familia, cuando le preguntaban qué tal andas a Lucas, en la primera aparición de éste en silla de ruedas). También juega en su contra el escaso disimulo con que a veces se alarga el corto original, a base de anécdotas que en verdad aportan bien poco al entramado principal. Y poco ayudan los extras en la descripción del trío principal: que uno pregunte al otro cuál es su nivel de pereza, que otro escuche solamente música clásica hasta que el de más allá le descubra a, sic, Belle and Sebastian... todo ello sobra, se antoja irreal, y por tanto cae en lo irritante.

Panorama de lujo, ¿eh? Al final, tristemente tenemos el cine que nos merecemos. Esto es lo que demandamos, esto es lo que aplaudimos (¿alguien dijo Intocable? ¿Herois?) ¿La teoría del todo?), así que ¿para qué arriesgarse? Desde este mortal punto de vista, qué duda cabe, A primera vista cumple a la perfección. Para todo lo demás, a la Filmoteca.
5/10

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