Lío en Broadway: Crítica (She's Funny That Way)

Lío en Broadway
Curioso caso. Una película como Lío en Broadway (de nuevo, horripilante traducción por parte del mercado español) probablemente generará una división entre el público, que se repartirá entre partidarios… e indiferentes. Sí, habrán detractores, pero serán los menos, porque cuesta lanzarle reproches a una obra semejante; y no porque todo en ella sean virtudes, ni tampoco porque todas sus piezas encajen mágicamente. Sino porque, en esencia, está tan fuera de tiempo, pertenece tanto a una metodología artística atemporal que, la verdad, sería algo insensato verla como algo más que una aplicada reconstrucción. Una reconstrucción, eso sí, sabia, orgullosa, agradable y muy autoconsciente. Peter Bogdanovich no ha quedado desfasado; es que, simplemente, ha decidido revisar las esencias del contexto en el que nació como cineasta y esos ítems que le condicionaron como historiador. De alguna manera, Lío en Broadway es una nueva lección de Historia cinematográfica -cuántas de ellas nos ha ido regalando a lo largo de las décadas, en forma de ensayos y entrevistas imprescindibles-. Una clase quizá poco nutrida pero muy amena.

Concretamente, el director vuelve la vista hacia las comedias clásicas del Hollywood dorado, las de Hawks, Leisen y Lubitsch, con homenaje explícito a El pecado de Cluny Brown incluido. A las tonalidades de farsa romántica ácida del screwball. Y también a lo que vino después: las producciones de la Mirisch, del Billy Wilder de los sesenta, a la comedia de enredo, a su propia concepción de todo ello (¿Qué me pasa doctor?) y al posterior sarcasmo romántico de Woody Allen, de quien además toma prestada una puesta en escena diáfana, interior y dominada por los tonos ocres y cobrizos. Con todo ello construye exactamente eso, una película poco interesada en dar un paso adelante en cuestiones de narrativa pero muy enfocada a la evocación, centrada en un terreno ya visitado por el autor, el mundo del teatro (esto anda muy cerca de su anterior ¡Qué ruina de función!). Algo completamente esperable de alguien que en su momento casi inventó el cine independiente (La última película), reformuló conceptos genéricos con clasicismo, serenidad y pasión (Luna de papel) y se movió entre la comedia y el drama como el más eficiente y honesto de los artesanos. Alguien que llevaba un montón de años sin dirigir un largometraje para el cine -más de una década- y que a día de hoy quiere ser recordado como un figura clave no tanto en la realización como en la transmisión del cine como materia de conocimiento.

Lío en Broadway

Y sí, Lío en Broadway es una película desigual. A pesar de estar respaldada por una caligrafía de cámara muy clásica, limpia, sólida y segura, a ratos su historia resulta lúcida y a otros simplemente tontorrona. Inocente, aunque suavemente inyectada de vitriolo. Movida por una panda de personajes que no siempre despiertan toda la empatía que la propuesta puede ser capaz de transmitir, tipos neuróticos, torpones, ingenuos o medio gilipollas. Interpretados además con tino pero una cierta distancia -a excepción de una potente Imogen Poots- por Owen Wilson, Jennifer Aniston o Will Forte. Sí, todo eso es cierto y semejantes críticas serían legítimas. Pero no parece proceder en una película que como recordatorio honesto, profesional y emotivo funciona a la perfección. Recordatorio de lo frescos que se siguen manteniendo los conceptos universales que manejaba el Hollywood clásico y también de la importancia de uno de los nombres clave del cine americano durante la segunda mitad del siglo XX.

7/10

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