Extinction: Crítica

Extinction
No, tristemente, no hay espacio para la sorpresa: como absolutamente siempre, esta es la historia de un director español que da la campanada, e inmediatamente después se hollywoodiza para echar por tierra sus logros. Nacho Cerdà, Luiso Berdejo, Álex de la Iglesia, Jaume Balagueró... la lista es enorme, y sigue en expansión. Ahora, con la inclusión de un Miguel Ángel Vivas que hace unos años nos dio donde más duele durante lo que fuera que durara la pesadilla con el título de Secuestrados, para luego medio-saltar el charco (la que nos ocupa no deja de ser una producción española) y presentar una desastrosa nueva distopía con zombis. Porque habrá quien la considere mejor (o menos mala) que otras del estilo, pero en resumidas cuentas y por muy basada en una novela que esté, Extinction no deja de ser un subproducto más, un muestrario actualizado de la forma que tiene hoy en día la caspa del cine. Esto es: actores de baratija, efectos especiales indignos, entramado construido a base de copy-paste, y por lo general una falta de ideas abismal en prácticamente todos los aspectos. Y encima, con ciertas ínfulas de relevancia que, a la postre, acaban por condenarla de manera definitiva.

Las intenciones, claro, eran otras. Debían de ir por el desmarque, la reinvención, y de los tópicos del género zombi acordarse sólo a modo de post-homenaje. De hecho, de la guerra entre humanos y muertos vivientes apenas vemos una (torpísima, de gatillazo inmediato) introducción. Pocos minutos después han pasado nueve años y el mundo ha quedado sepultado bajo la nieve con, a priori, apenas tres supervivientes y un perro. El grueso del film se centra pues en las relaciones humanas: hay secretos que unen a los tres (Matthew Fox, Jeffrey Donovan y Quinn McColgan), esperanzas de futuro y obsesiones por la seguridad personal, sin apreciarse demasiada congoja real por la precaria situación, y con una amenaza (zombis) teóricamente extinguida. Interesante, claro... de haberse estrenado hace 10 años, cuando el género aún daba pie a reinvenciones de La noche de los muertos vivientes, y no había sido explotado hasta la saciedad tanto en la gran pantalla, como en la pequeña. ¿A nadie se le ocurrió pensar mientras escribía, adaptaba, daba el visto bueno, producía, dirigía o interpretaba, que existe algo llamado The Walking Dead que ha visto hasta el último de los posibles interesados en Extinction?

Los puntos en común con la serie son tantos como para no poder aceptar que se trate de una desafortunada coincidencia. Y eso le resta, a nivel argumental, todo el interés de un plumazo: las revelaciones de los pasados de cada uno saltan a la vista desde el primer minuto, el giro hacia la pesadilla es el mismo que se viene viendo una y otra vez cada vez que nos topamos con una propuesta de estas características (incluye escena en supermercado abandonado a oscuras), y al final, esto no deja de ser un survival con padre soltero, hija de unos 9 años, y vecino solitario necesitado de redención; haced los números, los acertaréis con puntillosa exactitud.

Extinction

Peor aún: la existencia de la serie de la AMC, al margen de lo que opine cada espectador sobre ella (yo la aborrecí hacia su tercera temporada), pone en evidencia unos mínimos. Si en un producto televisivo puede verse una calidad técnica tan impecable, uno para el cine debe ser superior, condición sine qua non para que reciba, cuanto menos, el beneplácito del forofo que acude a la sala tan sólo por afán completista. Nada más lejos: el film que nos ocupa parece falto del último retoque digital, y por momentos parece que se asista a los vídeos introductorios de un videojuego de generaciones consoleras desfasadas. Inexplicable hachazo del que Vivas no consigue reponerse, por mucho que intente maquillarlo con una dirección esforzada por encontrar un estilo propio. Lo encuentra sólo en puntuales fogonazos de lucidez, como puntuales son los pluses de interés que consigue rascar su mortecino guion, rápidamente enterrados por risibles sinsentidos (los infectados son ciegos... pero sólo a veces por lo visto; su ridículo final heroico). Se ataca a los intérpretes por sus pobres trabajos, pero es que literalmente: no hay por dónde coger a sus personajes, el embolado en que se meten, o las decisiones que toman.

Así las cosas, lejos de significar ese do de pecho definitivo, ese puño en la mesa de uno de los directores de por aquí que mejor futuro parecía tener, Extinction ha servido tan sólo para apagar su llama, y que pase el siguiente. Un film mediocre, y feo; un refrito obsoleto de ideas sin un solo fotograma para el recuerdo, que a lo sumo mantendrá despierto al más entusiasta seguidor de Perdidos (por Fox) o de Clara Lago, cuya presencia en el film se hace rogar y de qué manera. Los demás, tratarán de olvidarse lo antes posible de una aberrante fotocopia de fotocopias, indigna de ser proyectada en una sala de cine.
3/10

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