Tracers: Crítica

Tracers
Parkour! Parkour!
(Michael Scott)

Las películas de nuestro Daniel Benmayor van como la tal María de Ricky Martin, sólo que invertido (jeje): un pasito p’atrás y otro pa’lante... y ahora p’atrás otra vez. Paintball (atrás), Bruc. El desafío (adelante) y ahora hacia atrás otra vez con Tracers. Y es una putada, porque Benayor como cineasta sí progresa a cada acometida: la película que nos ocupa tiene algunas secuencias de acción espectaculares, de lo mejor de su filmografía. Pero cuando nada más acompaña, la misión es imposible. Y desde luego, este remake no oficial de Yamakasi, pasado por un túrmix junto Le llaman Bodhi, tiene poco más que cuatro escenas chulas que ofrecer. Sí, con ladronzuelos que hacen parkour hemos topado.

Su argumento es una vulgar fotocopia tratada sin mimo alguno: la profundidad de sus personajes brilla por su ausencia, y la puesta en marcha de todo el tinglado es atropellada y forzada, como si no hubiera habido más remedio que buscar un mínimo de trama con que unir las set pieces, únicos intereses de Benmayor, a todas luces.

Por su parte, el reparto lleva esa etiqueta porque es el título que se coloca de manera oficial a quienes pululan por delante de la cámara, pero se hace muy difícil tildar a Taylor Lautner realmente de actor (y quienes lo rodean son inmediatamente olvidables). Sí es un atleta como la copa de un pino, virtud que ha demostrado una y otra vez cuando se le ha visto por pantalla. Y eso, menos mal, juega en favor de Tracers, y de qué manera.

Fallando en todo lo que pueda definirla como película en sí, con pasajes de pausa absolutamente sonrojantes cuando no directamente sedantes, fotografía vulgar y decorados pobres, guion e interpretaciones inexistentes, y banda sonora de migraña inmediata... la propuesta sube inesperadamente (¡y de qué manera!) de revoluciones a la hora de perseguir a sus saltimbanquis protagonistas por la ciudad. Es entonces cuando Benmayor despliega su mejorado gusto por la acción a lo grande, con independencia de recursos o de que la ocasión lo requiera siquiera. Le va lo bruto, así que venga de planos aéreos alternados con cámara al hombro, o imágenes subjetivas; venga de montaje espitoso y planos de auténtico vértigo. Y encima, con los propios actores protagonizando momentos de riesgo sin recurrir a dobles.

Desde luego que Tracers puede tildarse de auténtico desastre. Debería estar permitido que el espectador que pagase por su entrada pudiera subirse a la sala del proyeccionista y darle al fast forward a la mínima que la cámara se detiene. Duraría 20 minutos, cierto. Pero serían 20 de los más vistosos minutos que el cine de acción ha parido este año. Como tantos otros, Benmayor ha intentado desembarcar en Hollywood y romper con el maleficio que atañe a todo cineasta de por aquí que mira por allá. No lo ha conseguido, ni de lejos. Pero no es del todo culpable y, al menos, el proceso ha sido moderadamente divertido.
3/10

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