Crítica de Aliados (Allied)

Aliados
Los ingredientes no engañan, así que quien salga de esta defraudado, bueno, tendrá razones… pero tampoco podrá alegar sorpresa. Aliados se presenta como un drama bélico de espionaje cien por cien hollywoodiense protagonizado por dos estrellones y dirigido por un realizador acostumbrado a los presupuestos holgados invertidos en películas de vocación comercial. Una especie de pretendido retorno al cine clásico de espías con trasfondo romántico (o a la inversa, no sé) con una poco o mal disimulada querencia por las historias de Graham Greene, cita literal incluida, un gusto por el Hitchcock de Sospecha y Encadenados y un principal damnificado: Casablanca.

El homenaje explícito es evidente. El resultado un poco desastroso. Porque sí, hay realizadores que han sabido adaptar perfectamente y con toda la naturalidad del mundo el cine clásico a las formas expresivas de hoy (Clint Eastwood a la cabeza de todos). Pero Robert Zemeckis no es uno de ellos. O por lo menos aquí no lo demuestra. No tengo ya muy claro, a estas alturas de su carrera, si estamos ante otro caso Ron Howard -director ya calludo trabaja bien en una película y se tumba a la bartola en las tres siguientes- o si, directamente, Zemeckis ha abandonado ya toda voluntad de parir algo arriesgado, potente, personal.

Aliados no tiene un mal guión. Al contrario, el libreto de Steve Knight es efectivo en el dibujo de sus dos personajes principales, articula bien el factor melodrama romántico, sabe colar con habilidad sus disparatados planteamientos para hacerlos pasar por cosas serias, disfraza su chufla de espionaje para hacerla parecer profunda y compleja y además plantea un giro central en la trama que dispara el interés de algo que por su primer tercio parecía condenado a la abulia más suprema, al aburrimiento y a la falta absoluta de verosimilitud.

Pero ahí está la dichosa condición de acaparadora de Oscars. Ahí está Zemeckis.

Insisto: el hombre no narra mal. Lo hace todo limpio, a ratos innecesariamente retórico (planos que no aportan nada), pero pulido y muy, muy tragable. Sin embargo no es capaz por si mismo de levantar el interés cuando el guión se muestra torpe y repetitivo, caso de ese primer tercio de película. Y desde luego tampoco parece muy interesado en construir ambientes, ni en manejar bien la tensión, ni en lograr algún -no hay ni uno solo- momento memorable. En triste ejercicio de coherencia, el resto de elementos andan un poco en la misma línea: la fotografía no aporta elementos expresivos. Los actores están a medias, con una Marion Cotillard correcta y un Brad Pitt que cada vez demuestra ser dos Brad Pitts irreconciliables, el macarra desaliñado que arregla una película a golpe de carisma (Aldo Raine, versión lograda: el de Malditos Bastardos) y el acicalado figurín cuasiinexpresivo (Aldo Raine, versión fofa: el de Aliados). Por su lado la música de Alan Silvestri ataca alternativamente una sección de percusiones del montón o una melodía de piano anodina marca de la casa.

Y de tanta corrección la cosa termina como eso. Como una película impoluta. Que va de menos a más -si uno decide bajar la guardia el tercer acto puede llegar a ser hasta emotivo- pero que nunca logra romper nada a su paso, ni violentar casi ninguna expectativa. Claro, tampoco era cuestión de darle la vuelta al género, pero dudo que a estas alturas le aporte demasiado una nueva aproximación tan fría y calculada como esta.

5'5/10
Xavi Roldan

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