Crítica de La llegada (Arrival)

La llegada
Trump ganó. El hombre de naranja brillante sucede a Obama y confirma que, tristemente, al final orangeis the new black. La estrella de The Apprentice impone su belicoso, insensato y agresivo sentido del marketing a un panorama político ya de por si ajado, consumido en su propia tensión y ahogado por sus contradicciones.
(Para más hostias, muere Leonard Cohen, pero eso no tiene nada que ver)
Es sólo un paso más en dirección contraria al sentido común, un nuevo clavo en el féretro de los derechos humanos y una apuesta por la acción directa frente a la diplomacia, una inversión en la cultura del miedo y el rechazo a lo ajeno.

No quiero ejercer de pacotillesco analista político, así que me quedaré en lo cinematográfico: en cierto modo Estados Unidos vive ahora una dicotomía presente en el núcleo temático de La llegada, la última película de (el por cierto canadiense) Denis Villeneuve. El realizador plantea un aterrizaje alienígena en una docena de países, un encuentro entre culturas que en primera instancia es recibida con temor y en poco tiempo escala hacia una tensión cuasiarmada. ¿Diálogo o ataque? No es difícil de establecer un paralelismo que, por otro lado, siempre ha existido dentro del género de la ciencia-ficción. El miedo al extranjero, la llegada de un visitante no deseado que puede poner en entredicho nuestra propia supuesta comodidad.

Que se lo pregunten al hombre que va a sentar el culo en el Despacho Oval.

Basada en un relato de Ted Chiang La llegada muestra de forma serena y cerebral ese encuentro. Una "invasión" a gran escala presentada de manera intimista, radicalmente opuesta a la que suele plantear el cine de Hollywood. Un contacto más cercano al de Encuentros en la tercera fase que al de cualquier blockbuster más o menos de manual. Colocando en el centro del relato a una protagonista compleja, atenazada por una vida solitaria, necesitada de sobreponerse a sus propios y estrechos límites. Un personaje, la doctora Louise Banks -fantástica Amy Adams-, profesora de lingüística en la universidad y experta en traducción, que además marca la tesis principal de la película: el diálogo es la única vía diplomática posible. Porque si el lenguaje es uno de los elementos característicos de una sociedad, necesitamos poner en común las distintas vías de expresión oral y escrita para llegar a entender las sutilezas de cada uno de los discursos.

Por eso Villeneuve decide, sin despegarse de ciertos códigos de la ciencia-ficción, trazar un relato más profundo, no ajeno a lo filosófico. Centrado en la importancia del lenguaje e interesado en reflejar (de manera inevitablemente poco rigurosa) el proceso de aprendizaje, de aprehensión de un idioma y, con ello, de construcción de unos puentes para el entendimiento.

Hay más. La doctora Banks es requerida por el gobierno para ejercer de mediadora entre los humanos y los recién llegados. Acepta, porque de algún modo sabe que eso debería iniciar un proceso de reconstrucción de su vida. En apariencia, La llegada podría ser una nueva exploración del género de la ciencia-ficción como marco para hablar del agujero sentimental que deja la pérdida, o la ausencia, del ser querido. Pero Villeneuve va más allá y habla no sólo de la pérdida sino también de la responsabilidad… y trastea con la estructura del relato para, además, construir una historia que se cuestiona sobre el flujo natural del tiempo. Practicando una sofisticada deconstrucción de la cronología natural finalmente motivada y justificada por cuestiones argumentales. Un juego de realidades y engaños que termina cobrando sentido en la parte final de la película.

Personalmente, los últimos títulos de Denis Villeneuve me han funcionado más sobre el papel que una vez ejecutados. Sus promesas nunca me acababan de cuajar, o bien se perdían enmarañadas en sus propias ambiciones, o sus buenas intenciones sucumbían en terceros actos algo vulgares. Pero La llegada es una película sólida. Muy sólida. Y en su clímax está todo tan bien hilado y con tanta eficacia dramática que por lo menos yo perdono el manierismo pseudomalickiano, las concesiones al sentimentalismo y me zampo las trampas, los giros y las paradojas. Justo lo que no lograba Interstellar.

Por otro lado Villeneuve hace un trabajo formal excelente. Su realización es limpia, pausada, ajustadísima en todo momento a la acción, tanto en encuadres como en montaje. La fotografía apuesta por una atmósfera brumosa y la música de Jóhann Jóhannsson, tremenda partitura, aporta su parte de preciosismo glacial e insondable misterio. Todo ello un envoltorio fascinante para una película adecuada al paladar de las grandes plateas, sí, pero no por ello menos hechizante y cautivadora. Una apuesta por la neurona en tiempos de testosterona con tupé amarillo.

8/10
Xavi Roldan

4 comentarios:

  1. Acabo de disfrutarla en la sala Phenomena en todo su esplendor y me ha cautivado. 100% de acuerdo contigo Xavi. Un saludo

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    1. Verla en Phenomena hace mucho, cierto. Yo estoy recomendando hacerlo incluso a los que ya la vieron en otra sala...

      Gracias por tu comment, Migue!

      Un abrazo!

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    2. Si si fenomenal para dormir, peli recomendad para inteligentes, frikis, hister, y así.
      Sala llena a rebosar ni un aplauso.

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    3. Supongo que ninguno de los que llenaban esa sala eran inteligentes, pues

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