Crítica de Logan

Crítica de Logan
Si existe un X-Men popular y que ha destacado por encima del resto de mutantes de la franquicia cinematográfica creada por Bryan Singer, sin lugar a dudas es Lobezno, el único que ha contado con su propia trilogía, que empezó como un mero divertimento en X-Men orígenes: Lobezno, continuó con una digna y oscura secuela en Lobezno inmortal, y ahora finaliza de la mano del solvente cineasta James Mangold (Copland, Noche y día, El tren de las 3:10) con Logan, en la cual nos encontramos en el año 2029, en un mundo donde apenas quedan mutantes. Logan trabaja como chófer de limusinas, intentando alejarse de las peleas y el mundo superheróico, y se encarga de cuidar del Profesor Xavier, muy anciano e incapaz de controlar sus poderes mentales. Sin embargo, los Reavers, un grupo de cazadores de los últimos mutantes, se cruzan en el camino de Lobezno al intentar capturar a una niña dotada con los mismos poderes que este.

Estamos ante un filme atípico en la saga de los mutantes, donde la espectacularidad es sustituida por muchos más momentos íntimos y personales, los de unos personajes hastiados, solitarios, viejos, y en un mundo que les ha dado la espalda. Gracias al buen hacer de sus principales intérpretes, Hugh Jackman y Patrick Stewart, nos adentramos en sus vidas, muy alejadas de las que fueron antaño. Esto no quiere decir que no haya acción, pues la hay a raudales, gracias a unas peleas y persecuciones que quitan el hipo, donde la sangre salpica a través de la pantalla y no se escatima en violencia; lo que siempre hemos querido ver en un filme de estas características, que resulta más adulto que otras obras coetáneas del mismo género.

Mención especial también para el grupo de supervillanos que persiguen a nuestros protagonistas, unos cyborgs con partes humanas y partes robóticas, que no tienen contemplaciones. Llegamos al final de un camino con esta película, tras dos décadas siguiendo las aventuras y desventuras de este querido personaje. Es obvio que, dentro de unos años, Lobezno regresará a las pantallas, probablemente con otros rasgos físicos. Sin embargo, siempre será inolvidable todo lo que ha dado Hugh Jackman por este rol y cómo le hemos dado la mano para continuar su sendero hasta hoy. Hasta siempre, Lobezno. Y muchas gracias por la diversión. ¡Brindemos todos juntos!

Por Mario Parra

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