Crítica de Nosotros en la noche (Our Souls at Night)

Crítica de Nosotros en la noche (Our Souls at Night)
Jane Fonda tiene casi 80 años. Robert Redford 81. Y habrán pasado unos cuarenta, nada más y nada menos, desde que compartieran plano por última vez. El reencuentro ha tenido lugar bajo el paraguas de Netflix y gracias a la novela de Kent Haruf, Nosotros en la noche, adaptada con homónimo nombre por Ritesh Batra. Y el resultado acaba siendo más doloroso que entrañable, la verdad: durante los primeros minutos cuesta prestar atención puesto que uno hace cábalas en relación al estado físico de ambos actores y sus respectivas edades reales. Y luego se está más triste pensando en la realidad de dicha conclusión, que en el devenir de esta edulcorada tv-movie que en circunstancias normales (esto es: con un reparto olvidable), ni de lejos se hubiera acercado a la repercusión que tuvo está producción exclusiva de la reina del VOD: ¡presentada en Venecia, nada menos!

No la habría tenido porque más allá de una premisa moderadamente coqueta (una mujer le pide a su vecino que se venga a dormir a su casa, sin mayor implicación sentimental que la de evitar sus respectivas soledades nocturnas), la película que nos ocupa tiene muy poquito que ofrecer, reparto aparte. Ni Batra está especialmente acertado a la hora de buscarle personalidad a su propuesta (de hecho, sus esfuerzos a veces se hacen demasiado evidentes, perjudicando más que aportando), ni la banda sonora acompaña debidamente los pequeños baches emocionales que se dan en el camino, ni hay suficientes impactos emocionales en su descafeinadísimo metraje como para llegar a sentir demasiado. De hecho, propuestas como Manchester by the Sea o Estiu 1993 han puesto en evidencia que en el drama, a día de hoy vale más un revés emocional en gélido silencio y mínimo artificio, que esfuerzos en pos de lo peliculero; y Judd Apatow o Lena Dunham han confirmado que en la comedia romántica, por muy elegante y distinguida que pretenda ser, no viene mal un sazonado algo más picante que en épocas de Pretty Woman. Nosotros en la noche se antoja apática y desfasada, vamos, y resulta difícil saber qué lado de la balanza pesa más en esta dramedia, cuando lo más probable es que ninguno de los extremos tenga el mínimo peso.

Sin embargo, dos leyendas del cine la protagonizan. Y una tercera (Bruce Dern) aparece como secundario de lujo. Y esa es la carta que lo cambia todo, claro, puesto que una mirada de Redford, un gesto divino de Fonda, bastan para encandilar al respetable. De hecho, cuando se les permite rienda suelta, consiguen efectivamente un derroche de humanidad y ternura que para nada se hubieran imaginado los responsables del film, de haber contado con otro tándem. Sólo que... lo que decía al principio: duele más que otra cosa. La edad hace estragos y resulta imposible no sentir un profundo dolor en las gónadas al ver las que, probablemente, sean de las últimas veces en que podamos ver a Barbarella y a Sundance Kid. ¿Que no debería ser motivo para pensar mejor o peor de una película? Cierto. Pero también es verdad que una película capaz de despertar el interés de su espectador como Dios manda, no le permitiría tener semejantes pensamientos tan ajenos al visionado. Vedla, claro, es un lujo. Pero...
5/10
Por Carlos Giacomelli

0 comentarios:

Publicar un comentario

- No toleramos bajo ningún concepto el SPAM. Todo comentario debe constar de un texto original, o de lo contrario será eliminado.
- Los posibles SPOILERS deberán ser avisados. En caso contrario, nos reservamos el derecho de adaptar o eliminar el comentario.
- No censuramos ni banneamos a nadie, pero por favor, un poco de respeto nunca está de más...

Categorías