Crítica de Dark (Netflix - episodios 1 a 3)

Dark, serie de Netflix. Crítica
En un momento en el que toca exprimir la gallina de los huevos stranger al máximo, va Netflix y presenta su primera producción alemana, Dark, prometiendo otra vez un ejercicio de añoranza retro y niños en el centro del cartel. Quizá algo más oscuro todo, vale, pero en el trailer parece que falte poco para que Eleven haga acto de presencia. Lógica estrategia de promoción, algo engañosa sin embargo, cuando uno empieza a consumir el producto final (empieza, sí: sólo se nos ha permitido ver los primeros tres episodios de la serie). Y es que los parecidos entre Dark y Stranger Things se quedan en la superficie. Si acaso, aquí es más natural establecer una mucho más estimulante línea de puntos entre Les Revenants, The Leftovers o Perdidos. It si se quiere, e incluso podrían incluirse los nombres de Lovecraft, Poe... Vale, o Del Toro. Batiburrillo de referentes más o menos evidentes, de los que Baran bo Odar bebe para sacarse de la manga un producto inesperado: no es ningún paradigma del virtuosismo formal, ni destacará por una personalidad inapelable; pero Dark se consume a velocidad de crucero por calar igualmente en el espectador, sumiéndolo en una pesadilla de ciencia ficción plagada de preguntas cuya respuesta, hasta que no las dé la propia serie, deben construirse por medio de teorías y recolección de pistas que vayan dejándose caer a lo largo de su metraje.

Pero más allá de su argumento y desarrollo, si la serie triunfa es por querer cuidar a sus personajes. Todos ellos, relacionados entre sí no obstante las diferencias de edad y/o tiempo, guardan relación entre sí. Relaciones que se van hilando sin prisa, otorgándoles el tiempo de crecer de manera orgánica, puesto que de lo contrario hubiera sido francamente difícil no perderse ante semejante miríada de gente. Hete aquí, por eso, la otra gran baza de Dark: ante la dificultad de todo ello, aquí y allá se le descubren recursos que descontextualizados pueden incluso llegar a sonar a chapuza, pero que aquí se tornan lúcidos y de aplastante efectividad. Guión y bondades artísticas que, en suma, no hacen sino evidenciar la presencia de alguien detrás de las cámaras. Un artista deseoso por querer hacer las cosas bien, y esforzado por lograr un producto que alimente, no obstante su clara condición de serie comercial destinada al consumo masivo.

De hecho, el único frente en el que la producción se traiciona a sí misma es el que se refiere a la banda sonora, que parece ir por su cuenta pretendiendo conducir emocionalmente al espectador por senderos anímicos que, en ocasiones, ni siquiera tocan. Es decir, todo lo contrario de la contención, la frialdad y la calma chicha con lo que todo lo demás se desarrolla. Supongo que en algo debía ceder a las obligaciones contractuales...

Sea como sea, de esos pequeños resbalones (a los que añadir quizá unas limitaciones técnicas suficientemente evidentes como para restar impacto a algunas escenas generosas en CGI) Dark se escapa con paso firme, apostando con decisión por un estilo y unos tempos tan sobrios y elegantes como fuertes e impactantes. No llega a instalarse en el género de terror porque cuando hacia ahí parece dirigirse, tuerce hacia la ciencia ficción. Pero luego vuelve a cambiar de ruta y se embarca en un drama de personajes. Pero sin despreciar nada de lo anterior, más bien al contrario: generando sinergias lo suficientemente sólidas como para poder afirmar, con escaso margen de error, que estamos ante el próximo gran pelotazo de Netflix. Dark está destinada a calar hondo en la programación de la plataforma, pudiendo gustar a públicos masivos pero también a los más exigentes. Así sí.
7,5/10

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