Crítica de Todo el dinero del mundo (All the Money in the World)

Crítica de Todo el dinero del mundo (All the Money in the World)
Todo el dinero del mundo será recordada como la película de la que retiraron a Kevin Spacey por las múltiples acusaciones de abuso por parte de compañeros de profesión, lo cual provocó la sustitución del intérprete, que ya había rodado casi todas sus escenas, por el veterano actor Christopher Plummer, una decisión bastante errática si lo que queremos es no olvidar estos actos, aunque más bien podría deberse a causas monetarias si se promueve el boicot de público a la cinta por contar con Spacey en el elenco principal.

El filme cuenta la historia real del empresario petrolífero Getty, un archimillonario cuya fortuna se cuenta por billones en los convulsos años 70. Alejado durante años de su familia, uno de sus hijos le solicita trabajo en una temporada de vacas flacas, con lo que se termina convirtiendo en vicepresidente de la compañía para asuntos europeos, y retomando así la extinta relación con su familia, y sobre todo con su nieto Paul.

Años más tarde, el joven es secuestrado en Roma por un grupo terrorista, cuyo fin es pedir un rescate al magnate, que no está dispuesto a perder ni un solo chavo. De esta forma, comienza una batalla por encontrar al vástago, entre la madre del chaval, a la cual ayuda el encargado del equipo de seguridad de Getty, y el millonario.

Tras muchos años de proyectos rancios, aburridos y sin personalidad, Ridley Scott, pese a su avanzada edad, consigue mostrarnos un drama con tintes de thriller de una forma efectiva y vibrante en ocasiones, logrando trasladarnos a esa época y a la mente de sus dos personajes principales: la madre, protagonizada por Michelle Williams, que quiere encontrar a su hijo a toda costa, y el anciano ricachón con el síndrome del Tío Gilito, al que se le cae antes un ojo que un dólar. En esta lucha encontramos los mejores momentos del filme, así como en las escenas donde vemos al chico secuestrado. Mención especial para el personaje del secuestrador, que pese a querer el dinero, logra establecer una relación paterno-filial con Paul.

Una película necesaria para dar a entender que el dinero no es lo más importante; que en unos años no estaremos aquí y no podremos llevarnos esos billetes con nosotros. Eso sí, ya podía Scott haber reducido el metraje a hora y media, ya que 132 minutos se antojan demasiados para este largometraje. Pero siempre mejor esto que Alien: Covenant, por supuesto.
Por Mario Parra

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