Crítica de Victor Crowley

Crítica de Victor Crowley
Victor Crowley ha regresado. Quizá no por la puerta grande, tras dos secuelas poco memorables salvo por sus efectos gore y la truculencia de los asesinatos en pantalla, pero sí de una forma digna, en una nueva secuela que recupera personajes pasados, nos mete de lleno en un ambiente sobrenatural que emana el villano protagonista (un poco como en Viernes 13, el final: Jason va al Infierno) y emplea un humor absurdo que resulta muy de agradecer.

Para esta cuarta entrega, uno de los supervivientes de la primera matanza, de la que ya se cumplen 10 años, sale a la palestra al haber escrito un libro sobre los terribles sucesos, aunque muchos consideran que Crowley es una invención y él es el responsable de las muertes. No obstante, logra aprovecharse aún más del éxito, tras una invitación de su representante para viajar al fatídico pantano, donde un documental será grabado. Por su parte, tres jóvenes pretenden rodar un slasher de serie B basado en Crowley y sus fechorías, en la misma localización donde acaecieron. Sin embargo, estos desatan a su pesar una maldición y el matarife deforme del hacha vuelve a la vida, con ganas de retorcer unos cuantos miembros.

Si bien esta secuela no es nada original, sí presenta algunas muertes tronchantes (nunca mejor dicho) y algunos de los personajes más memorables que ha visto la franquicia creada por Adam Green. Mención especial para el personaje de la encargada del maquillaje para el rodaje del filme de terror amateur, o el guía del pantano con sueños interpretativos, que nos consiguen arrancar más de una carcajada.

Los escenarios son escasos y no están aprovechados del todo, como el avión siniestrado o los pantanos, que vemos al final y cantan a decorado de mala manera. Pero tras dos secuelas decepcionantes, Green vuelve a tomar las riendas de la dirección y el guión, y nos sorprende con mucho gore, un humor bruto pero efectivo, y la promesa de más secuelas, aunque el personaje ya esté bastante agotado. Una pena que el cineasta no haya continuado por la senda de proyectos distintos y tan interesantes como Bajo Cero (Frozen) o Chillerama.

Y por supuesto, alabar el trabajo del gran Kane Hodder bajo la horripilante máscara de Crowley, tan excitante como de costumbre.

Por Mario Parra

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