Crítica de Jessica Jones, temporada 2 (episodios 1 a 5)

Crítica de Jessica Jones
La relación de Marvel con Netflix empezó muy bien pero, tras un par de pasos iniciales la mar de firmes, le dio por tambalearse. Hablando en plata: después de haber presentado en sociedad a Daredevil y a Jessica Jones, tocó el turno de personajes (aún más) secundarios, cuyo escaso punch en viñetas parecía contagiarse a sus saltos a la pequeña pantalla. Luego, crossover. Luego, spin-off. Palos de ciego de calidad menguante, que han acabado por saturar a un espectador necesitado de una alegría traducida, claro, en volver a los inicios. A ver qué tal les va al abogado ciego (cuya segunda temporada tampoco acabó de cuajar como lo había hecho la primera) y a la investigadora privada de resaca perenne. Bien, pues ha regresado Jessica Jones y, al menos con sus primeros cinco episodios de la segunda temporada, vuelve a elevar el nivel. ¿No atina tanto como antes? Ahora lo comentamos. Pero que era necesario un empujoncito para reconciliar a espectadores y Netflix, y que el de esta serie puede que lo sea, costará ponerlo en duda.

Haciendo caso omiso (o prácticamente) de The Defenders, Krysten Ritter retoma su personaje donde quedó al final de la primera temporada: emocionalmente inestable, y con esa doble cara de superheroína indestructible y joven al borde de tantos precipicios como para hacerla llevar una vida más de vino que de rosas. Primer punto a su favor: lejos del maltrato recibido con el mencionado crossover (en el que parecía una niñata caprichosa y poco más), se retoman aquí los personajes (el suyo y de quienes la rodean) multidimensionales, las crisálidas emocionales de progresivo desmenuzamiento.

Principalmente son tres los focos de atención, con un cuarto que seguramente dé que hablar a partir de la segunda mitad de la temporada. Tres mujeres relacionadas entre sí y de sobras conocidas por los seguidores de la serie, que siguen recibiendo pinceladas conforme se las va llevando a nuevos extremos. Jones se enfrenta a su pasado, Trish debe hacerse valer y Jeri replantearse su vida. Ninguna de las tres tramas, así como la que asoma la cabeza prometiendo caña al final de estos cinco primeros episodios (los que se nos han permitido ver), descubre la pólvora. Pero una vez más, Jessica Jones pone en evidencia que su valor jamás fue el qué, sino el cómo.

De manera sosegada, tal vez demasiado en algunas ocasiones, la serie se adentra en las psiques de cada una, así como de quienes las rodean, y se esfuerzan por trabajarlas de dentro a fuera. Tanto es así que me cuesta recordar pasaje alguno de acción, más allá de puntuales chispazos para rellenar la cuota mínima de superpoderes. De nuevo, esta serie se autodefine como lienzo de personajes más o menos cotidianos, con inquietudes fácilmente reconocibles, más que como vitamínica serie de palomitas. Prueba de ello: que si hay archienemigo de turno, deberá aparecer de la mitad hacia delante; ese cuarto foco de atención que mentaba antes.

Ah, pero, ¿y en relación a la temporada anterior? Seguramente algo peor: la ausencia de un contrapunto tan fuerte como el del personaje de David Tennant (un Kilgrave cuyo recuerdo aún marca de manera evidente la nueva temporada), cierta repetición de conceptos o de regodeo con los mismos, hacen que una más pausada temporada 2 muestre síntomas de endeblez. Como no ayuda la ausencia de una trama principal bien marcada y distinguible, en una serie que apuesta por distanciarse de la linealidad superheroica habitual. Pero Jessica Jones se sigue confirmando como uno de los grandes buques insignia de la cadena en general (de las pocas que aguanta el tipo tras el final de su temporada de debut) y de la alianza con Marvel en particular. Y que siga.
7/10

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