Nocturna 2016: Día 7

Satánseacabó

Wind Walkers
Ya ha terminado la cuarta edición del Nocturna, que nos ha dejado un puñado de títulos de gran calidad a recomendar, cortos interesantes, así como clásicos del género imperecederos, pero mucho telefilme y película amateur que más valdría eliminar en futuros años; no obstante, la falta de patrocinadores y los recortes presupuestarios hacen mella y se nota, pero ahí estaremos los buenos fans, intentando darle un empujón al certamen y que no se convierta en un zombie.

El domingo es la jornada de los títulos menores, ya sin invitados, fuera de la competición oficial (cuyos galardones fueron casi todos a parar a Polder, de la que se oyen tanto halagos como bostezos, aunque ninguna opinión radical y decisiva), pero que siempre puede regalar algún filme sorprendente, aunque para eso hubo que aguardar hasta la noche, porque el primer pase de la tarde, con Wind Walkers, que le da una vuelta de tuerca a la leyenda del Wendigo, fue para echarse una buena siesta, una película para olvidar. En ella, un grupo de amigos cazadores van al bosque a pasar un fin de semana para cazar cerdos salvajes, pero un extraño espíritu les va cazando a ellos para convertirlos, básicamente, en zombies con más hambre que un vegano en Acción de Gracias. Una película sumamente aburrida, carente de ritmo, que hace perder la fe en lo bello del cine.

La tarde se ponía algo más interesante con el pase de Estirpe, filme español de ciencia-ficción financiado gracias a una campaña de crowfunding, que relata la historia de un cómic español de superhéroes de los años 60, que fue todo un revulsivo en su momento, por lo que en la actualidad, una productora decide rodar un largometraje sobre sus personajes. No obstante, el autor ha desaparecido y contratan a una abogada para que dé con su paradero. Lo mejor, los testimonios "reales" de gente como Nacho Vigalondo o Joaquín Reyes; lo peor, las imágenes que vemos de la película sobre el cómic y una dirección muy insípida. Se deja ver, pero tampoco es imprescindible.

The Dead Room
A la proyección de Estirpe la acompañó el cortometraje nacional Graffiti, uno más sobre un mundo postapocalíptico en el que seguimos a un joven solitario con perrete que desea saber si es el único que queda en el mundo. Muy largo y se le ven las intenciones a la legua; lo más interesante es la motivación del protagonista, que simplemente pretende pillar.

Lo mejor llegó a última hora, empezando por el corto Hard Workers, una dura reflexión sobre el mundo laboral y de las redes sociales, que no deja indiferente y cuenta con una factura técnica de buen nivel. El último largometraje que vimos fue The Dead Room, filme de terror neozelandés, del subgénero casas encantadas, pero esta vez en mitad del campo. Cuenta la historia de un grupo de cazafantasmas (una chica que puede ver a los espíritus y dos técnicos), contratados por una aseguradora para detemrinar si sus anteriores inquilinos dejaron la cabaña por mediación de los espectros o para cobrar el dinero del seguro. Con pocos medios, pero una atmósfera lograda, disfrutamos de cine de fantasmas deudor de los años 70, que huye de los sustos de volumen a tope para presentarnos una historia interesante y unos personajes bien definidos, pese a su escasez de localizaciones. Fue el colofón de una cuarta edición que, todo sea dicho, nos deja con ganas de que pronto llegue la de 2017. Hasta entonces, toca afilarse los colmillos.

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 6

Satán, cadáveres, fantasmas y Frankenstein: una noche de sábado cualquiera

Escalofrío
Llega el sábado y junto con él, los mejores títulos de la edición, a sabiendas de que el potencial público del festival Nocturna dispone de más tiempo libre para disfrutar de cine. Y así ha sido, con salas a rebosar y buenos títulos de ayer y hoy.

Sobre el ayer, la sala 2 disfrutó de una sesión de tarde de excepción, con la proyección de todo un clásico del fantaterror español de finales de los 70: Escalofrío, de Carlos Puerto, una de las primeras películas de ficción que trataron abiertamente el tema del satanismo y sus rituales, a través de la historia de dos parejas que, animadas por una de ellas, deciden pasar un fin de semana en la mansión rural de estos. Lo que promete ser una velada entretenida, acabará por revelarse de forma mucho más tenebrosa y escatológica. Un peliculón no demasiado popular entre los otros del género en la postguerra, pero que toca reivindicar y recomendar, por su argumento y valentía en aquella época rompedora tras décadas de opresión.

El largometraje fue acompañado por el cortometraje El último guión, cuya única valía es reunir en pantalla a tótems del género en España como Antonio Mayans, Lone Fleming o José Lifante, en una irrisoria trama con zombies templarios,a modo de homenaje a ese género y ese tipo de cine. Su reparto y el director, junto a uno de estos temibles templarios, presentaron la obra. Destila amor por ese género y esos intérpretes, pero poco más. También se presentó un documental sobre el filme Escalofrío, que ahonda en su significado, su éxito en taquilla o su rodaje, pero que desvela demasiado (incluso su final) para haber sido proyectado antes de la película en cuestión. Un toque de atención para el festival, oye.

Burke and Hare era la segunda película del cineasta John Landis dentro de la programación de este año. Su argumento, basado en una historia real, se centra en dos ladrones de mala muerte (Burke y Hare, claro) que se dedican a profanar tumbas para después vender esos cadáveres a las Facultades de Medicina, hasta que descubren un negocio mucho más lucrativo en la venta de cadáveres muy frescos, con lo que empiezan a asesinar gente. Una genial comedia negra que no ha llegado a pantallas españolas hasta este certamen, toda una pena, ante multitud de títulos mucho peores en las salas de cine, con las geniales y divertidas actuaciones de Simon Pegg y Andy Serkis (esta vez sin necesidad de cromas). Y hay que mencionar que Landis estuvo firmando autógrafos y sacándose fotos con el personal al término de la función, todo un detalle.

Expediente Warren 2: El caso Enfield
La clausura de la cuarta edición de Nocturna corrió de la mano (y la sangre) de Expediente Warren 2: El caso Enfield, secuela del título protagonizado por el matrimonio Warren, que siempre afirmaron fue la experiencia más terrorífica y auténtica que nunca vivieron, pese a tener un sótano con la muñeca Annabelle, ahí es nada. Dirigida de nuevo por James Wan, uno de los tipos que mejor mueve la cámara actualmente en el género, traslada el escenario a Londres, donde una madre soltera y sus cuatro hijos empiezan a ser amenazados por un ente que pareció haber habitado en su casa años atrás, para lo cual se servirá de la más joven de las niñas. Por cuestiones de embargo de críticas, sólo decir que nunca sabrás por dónde te va a venir el susto.

Patchwork cerraba la jornada a medianoche, a través de la historia de tres mujeres que una mañana se despiertan sometidas a una operación, formando parte del mismo cuerpo. Una especie de Frankenstein con medias de rejilla y tres mujeres al volante. Ayudándose unas a otras, tendrán que descubrir cómo han acabado de ese guisa. Una comedia de terror que, sin ser redonda, tardar en arrancar y sufrir altibajos de ritmo, culminó con buen sabor de boca, buen rollo y risas sinceras, la jornada sabatina. Una pena que se atisbe ya el final de la semana.

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 5

Los clásicos salvan la jornada

Camino
Un día más, a base de café y Red Bull, hemos aguantado estoicamente el viernes en Nocturna, que comenzó como en aquella famosa escena de Daniel Craig simulando ser James Bond en Casino Royale, con él desnudo, una silla y un cierto juego perineal, por culpa de Camino, protagonizada por Zoe Bell y Nacho Vidalondo. La película cuenta la historia de una fotógrafa galardonada que acompaña por la selva a un grupo de guerrilleros, que se encargan de llevar medicamentos a los poblados más pobres de la zona; sin embargo, la mujer descubre que su líder trafica con drogas y asesina a un niño a sangre fría, con lo cual es perseguida a muerte por toda la tropa y debe convertirse en una Rambo de melena rubia. Sin duda, una de las peores cintas vistas en el festival, donde los personajes hablan inglés o castellano por capricho del guión, todo está muy oscuro, los monólogos profundos de Vigalondo dan penita y sólo quieres que esa tediosa agonía cese. Al comienzo de la proyección, el cineasta Nacho Vigalondo salió al escenario a presentar, y dijo que, gracias a ese papel, pudo viajar a Hawai. Al menos él pudo sacar algún beneficio de la película.

Justo antes se proyectó el cortometraje español Cenizo, con unos efectos y recursos visuales de cómic muy logrados, pero con una historia maniquea y muy simple. Sin embargo, consiguió sacarnos una sonrisa.

No pudimos ver Cold Moon o Abduct tras la agonía de Camino (todos los films titulados así son, de hecho, bastante agónicos), pero nos libramos de una buena, según las palabras del público.

Un hombre lobo americano en Londres

La alegría, el momento más esperado de la jornada, en el que la sala estaba a tope, fue la proyección, junto con la entrega del premio Maestro del Fantástico a John Landis, de Un hombre lobo americano en Londres, una película que se conserva fresca, te ríes mucho, cuenta con unos efectos y maquillajes tremendos, y que hizo las delicias de todos los asistentes. Landis se mostró cercano y simpático en todo momento, e hizo un vídeo al público con la intención de mandarlo a sus colegas de fiesta Joe Dante y Mick Garris, cuyos nombres deberían sonaros.

Una lástima que, por la mañana, en un encuentro con el cineasta, éste dijera que los proyectos que le ofrecen no le interesan (muchas comedias y filmes de terror de baja estofa), y que las películas que querría hacer no quieren ser financiados por los grandes estudios, aunque guiones no faltan en su mesa. Esperemos que no tarde mucho en presentar nuevo filme, a ser posible en Nocturna.

Para cerrar la noche, la última proyección corrió a cargo de I Had a Bloody Good Time at House Harker, con la simpática presencia de varios miembros del equipo (director, guionista y actores), que lanzaron camisetas de promoción del filme al público, todo un detalle. Y lo cierto es que la película es muy festivalera, de humor socarrón, ligera y con muchos codazos de cercanía con el público. Una gozada, sin pretensión de ser un clásico del género, como las que deben cerrar una jornada de festival.

Y desde aquí nos gustaría recomendar uno de los restaurantes que tienen acuerdo con el festival para unos menús más baratos. Se trata del Old School Stakerock, ubicado en Calle Palafox 16, muy cerca de los cines del mismo nombre, donde puedes degustar unas maravillosas hamburguesas de buena carne y pan de cerveza negra, unas tartas caseras para chuparse los dedos de los pies o unas cervezas artesanales a muy buen precio, algo poco habitual. Todo ello en un ambiente distendido, rollo skater, y con un servicio amable y simpático a más no poder. Lo recomendamos al 100%.

Nocturna: Día 4

Luz de verano al final del túnel


Queen of Spades
La cuarta jornada supone el pistoletazo para el fin de semana y con él, los últimos títulos de esta edición de Nocturna, los más esperados y comerciales, tras unas jornadas anteriores con demasiados altibajos y títulos mediocres o alejados del género que nos dió de mamar. Pero un preestreno y las ganas de sesión golfa de juernes podían compensar el daño causado.

La tarde arrancaba con terror ruso de la mano de Queen of Spades, con la manida historia de unos chavales jugando a decir tres veces seguidas algún nombre random delante del espejo, para que acto seguido una especie de bruja demoníaca con más mala leche que Kaiku se los vaya cepillando uno a uno, no sin antes pegarles unos cuantos sustos. Lo más simpático del asunto es que ves a niños MORIR, algo que pocas veces se permiten los cineastas en una pantalla de cine. Tenemos algunos sustos baratos y una investigación por parte de un hombre, que sufrió la maldición en las carnes de su hijo, y todo parece más visto que el capítulo de Tenacitas de Los Simpsons, hasta que llegamos a un final donde el tipo que sobrevivió al mal, pretende exorcizar a la muchacha protagonista e introducir el espíritu vengativo en una rata, por compartir un 70% del ADN humano, un WTF! en toda regla, con un final loquísimo, que deja buen sabor de boca, sin haber presenciado un filme redondo ni mucho menos. Como demostraron las palabras del locuelo crítico de cine Carlos Pumares al finalizar la sesión, afirmando que "ahora cualquiera, con el digital, puede rodar una película, casi sin actores. A ese director alguien debió decirle que su película era una mierda". Escalofriante testimonio, amigos.

Antes de dicha proyección, pudimos disfrutar del corto Cambio, cuyo director ya había presentado un trabajo en una edición anterior del festival. Una obra breve y de la que más vale no descubrir demasiado ante el temor de desvelar su sorpresa. Tan sólo decir que cuenta con un genial acabado y que, pese a tratarse de un recurso trillado, salva más que bien los trastos.

Summer Camp
La jornada pegó un salto cualitativo radical con Summer Camp, dirigida por Alberto Marini, guionista habitual de Jaume Balagueró, y por lo tanto, conocedor como el que más del género de terror, de lo que nos enamora, vamos. Es una vuelta de tuerca a Rec, con un grupo de monitores americanos que llegan a España para dirigir un campamento de verano para niños. No obstante, hay algo en el agua, una sustancia que te convierte en un loco asesino ávido de sangre e higadillos, en un infectado de Rec, de hecho. Pero obviando su claro referente, la película es de lejos lo mejor del festival: terror, sustos, jóvenes medio lelos, garrulismo español, americanos asesinables, mucho humor, autoconsciencia y referencialidad... Un cóctel que es una maravilla; maldita sea, ojalá le vaya maravillosamente en cines. No os la perdáis, merece muchísimo la pena. Tras tanta castaña vista en este Nocturna, es un soplo, más bien un huracán de aire fresco para nuestra ajada alma.

Poco que decir del corto You're Gonna Die Tonight, presentado por buena parte del equipo. Se nota que su director, Sergio Morcillo, es un enamorado del terror y el slasher, y quería hacer un filme a mostrar en el extranjero, pero sus capacidades como director son limitadas, el acento inglés resulta horrible, todo está fatal explicado y no cuenta nada nuevo. Una profunda decepción, al igual que su primer cortometraje, Tus gritos me dan risa.

La noche culminó con la primera de las sesiones golfas, las películas proyectadas a medianoche, cuando nos convertimos en lobos y pedimos sangre. Pero The Hexecutioners, más que aullidos causó bostezos en una sala semivacía, con la historia de dos mujeres que trabajan para una empresa que gestiona suicidios asistidos, que son enviadas a una mansión para ayudar en su muerte a un anciano, lo cual oculta en realidad un ritual satánico. Una tv-movie con ínfulas, demasiado larga, videoclipera y poco inspirada. Una mala elección para este horario.

No obstante, llega el viernes y podremos aullar a John Landis y a la Luna llena, gracias a cierto hombre lobo americano de turismo por Londres.
Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 3

El cine con sangre entra

Patient
El tercer día, en el cual hemos vuelto a optar por la sala 2, dedicada al terror extremo y las propuestas más independientes y de nacionalidades más dispares, frente a las cintas de la sala principal (The Offering y Curse of Sleeping Beauty, que contaba con la presentación del equipo del filme), pintaba muy poco mainstream y no por ello menos interesante, con unos argumentos que prometían horas de entretenimiento y litros de hemoglobina.

El primer turno fue para Patient, acompañado del cortometraje Arcana, que guarda una conexión con el reciente filme La bruja, gracias a mujeres de mal vivir que comen ratas y vuelan; un corto simple pero resultón, con un estupendo maquillaje, efectos especiales efectivos (sic) y un buen acabado visual. En cuanto a Patient, relata la historia de una mujer que sufre de una extraña parálisis y se encuentra postrada en la cama de un hospital, con la única compañía de los médicos, su hermano y su sobrino. Sin poder moverse ni hablar, sufrirá unas apariciones fantasmales que reclaman su alma o la de su joven sobrino, como en aquel capítulo de Los Simpsons, claro. Lo que al principio parece muy de trabajo de facultad y algo tedioso, enseguida engancha gracias a sus efectos y su capacidad de sorprender con tan poco, ya que el 95% del metraje se desarrolla en esa única localización, la habitación de hospital. No va a ser un clásico del género ni ganará muchos premios, pero es refrescante y recomendable.

The Lesson
Por la noche tocaba enfrentarse a The Lesson, la historia detrás del refrán "la letra con sangre entra", donde unos chavales británicos en plena edad del pavo son secuestrados por su profesor de literatura, un sádico que querrá sacar lo mejor de ellos (a base de martillazos, claro está). Podría haber sido un filme divertido, gore o creativo, pero pasa por tres estados distintos, como el agua: un drama social sobre la falta de empleo en el país, la educación y el bullying; un torture porn con enseñanzas de por medio, y una moraleja con final romanticón que te deja con cara de bobo. Su extrema duración, algunas decisiones poco acertadas de guión (aparición de algunos personajes poco relevantes para el avance de la trama, esos planos dilatados que no cuentan nada), y el no conocer su propio camino, terminan por embarrar el resultado final.

Justo antes de esta última proyección, pudimos disfrutar de dos cortos: Exposure, breve pero llamativo y de fotografía potente, y Fairest of Them All, que habla veladamente de lo difícil de la amistad al compartir piso, con bicho de grandes colmillos de por medio, igual que cualquier conveviencia que se precie. Y el jueves arranca con una sesión más, la de madrugada, junto a uno de los estrenos más esperados de esta edición, el homenaje al subgénero slasher Summer Camp. Así son las cosas, y así se las hemos contado.
Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 2

Un día grisoscuromuynegro


Prisoner X
El segundo día del festival Nocturna, el primero como tal tras la inauguración y con los primeros títulos en competición por los galardones de la organización, ha resultado ser un tanto fallido, sobre todo considerando que este medio ha optado por "disfrutar" de los largometrajes proyectados en la sala 2, la pequeña, donde se presentan las propuestas más arriesgadas, extrañas y, en muchos casos, amateurs y carentes de presupuesto. Pero bueno, somos tipos duros y siempre puedes hallar obras de gran interés, joyas de culto escondidas para recomendar y charlar sobre ellas largo y tendido.

Pero ese no ha sido el caso de Prisoner X, la primera película de la tarde, que cuenta la historia de un hombre que sufre un accidente de coche y acaba metido en un búnker propiedad del gobierno estadounidense, ya que piensan que se trata de un terrorista árabe que pretende crear el caos en varios países. Éste tipo, llamado Ramiro, dice haber viajado en el tiempo junto a 99 hombres, pero sacarle una confesión será bien complicado. Una versión de Doce monos pero en marca blanca, que si bien cuenta con sugerentes interpretaciones, una buena fotografía y un acabado visual decente, su guión hace aguas por todos lados y nos obliga a estar cansados de ella a los 10 minutos del comienzo. Una película de la que nadie esperaba nada, y por eso mismo, nada ha aportado.

Harvest Lake
Mejor pintaba la siguiente sesión, con Harvest Lake, del festivalero y todoterreno cineasta Scott Schirmer, que en 2012 dirigió la maravillosa Found, acerca de un chavalín que descubre que su hermano mayor es un asesino, con todo lo que ello conlleva en la relación del pequeño con sus padres y con su entorno a tan tierna edad, y que en la pasada edición nos trajo su producción Headless, un spin-off de la primera cinta, que revolvió el estómago al más pintado. Pero en esta nueva incursión en Nocturna se pega el patinazo, con esta historia de un grupo de jóvenes que deciden pasar un fin de semana de drogas y lujuria junto a un lago, hasta que una de las chicas es penetrada dentro del agua por un bicho, y ésta pretende contagiar al resto de muchachos vía sexual, ¡pecadores de la pradera! Aunque el espíritu de Cronenberg pulule por estos parajes y la idea pueda resultar atrayente, el resultado está más cerca de esos vídeos caseros que hacías en el parque con tus colegas en los años 90. Tan sólo decir que los protagonistas se tiran casi media hora jugando al Verdad o atrevimiento junto a una hoguera, cuya única iluminación es el fuego, de forma que prácticamente no somos capaces de ver nada; de hecho, muchas veces no sabemos ni cuál de los chicos habla.

Una jornada decepcionante, pero se acercan los platos fuertes en próximos días, así que no nos pillarán desprevenidos. No obstante, aunque las películas hayan resultado aburridas, es necesario afirmar que el ambiente en el certamen es maravilloso y que con las entradas hay descuentos en consumiciones de bares y restaurantes en las cercanías del cine Palafox. Y es que, al final, nos encanta este rollo, tronqui.
Por Mario Parra

X-Men: Apocalipsis: Crítica (X-MEN: Apocalypse)

X-Men: Apocalipsis
Alguien debería decirle Bryan Singer cuatro cosas. Más que nada, para que no siga metiendo una y otra vez la pata, acabando por dilapidar la que, con permiso de Sospechosos habituales, se consideraba su mayor obra: la saga X-Men. Una saga que vio tiempos de gloria con sus dos primeras entregas, y con la primera de su segunda etapa, esto es, la magnífica Primera generación que Singer ni siquiera tocó. No, aquella joya superheroica la dirigió Matthew Vaughn, Singer se reincorporaría con la mucho más mediocre Días del futuro pasado, quedándose con la dirección también de este X-Men: Apocalipsis que baja aún más el nivel. Una película con todo de cara para triunfar: los mejores actores del momento reunidos (Jennifer Lawrence, Michael Fassbender, James McAvoy, Oscar Isaac...), un puñado de supehéroes ya conocidos por parte de todo el público y por consiguiente con vía libre argumental, y un dineral que invertir. Y sin embargo, una decepción que sería de órdago, de no ser por la existencia de las aún peores Batman v Superman y Los 4 fantásticos. Se salva por los pelos, sí; pero si alguien le hubiese dicho a tiempo esas cuatro cosas a Singer, de seguro otro gallo hubiese cantado. Qué pena.

Alguien debería haberle dicho, por ejemplo, que un guion debe aportar algo nuevo en cada una de sus escenas, cosa que no ocurre en una película que durante una hora entera de su metraje se dedica a realizar una elefantiásica introducción, volviendo a explicar orígenes y a justificar personalidades por todos conocidas (por haber sido tratadas en otras cinco películas ya), y olvidándose por completo del devenir de un argumento congelado desde su prólogo y hasta mitad del segundo acto. De hecho, para aligerar el cotarro se le debería haber recordado que la gran mayoría de espectadores de la película ya ha visto tanto las otras cinco entregas (o parte de ellas) como otras muescas recientes de un género, la adaptación viñetera, en vías de sobrexplotación; que no hace falta, aunque se trate de nuevos personajes, explicar cómo llegan a ser de los buenos o de los malos. En vez de eso, hubiese sido mucho más productivo trabajar en sus arcos a lo largo del film, puesto que al olvidarse tan ricamente de ellos, X-Men: Apocalipsis cae en constantes ridículos: algunos secundarios ni siquiera tienen una más de tres líneas de guion y, sin embargo, de golpe son capaces de pegar un giro dramático imposible o de convertirse en el gran cliffhanger de la próxima entrega. Claro que, ya puestos, se le podría haber pedido que revisara cada página para reducir al máximo alguna de las grandes incoherencias del filme: por poner un ejemplo ¿qué hace Magneto con todo el metal dando vueltas a su alrededor durante prácticamente todo el clímax final? Que él no lo ha escrito, de acuerdo (el inenarrable libreto es obra de Simon Kinberg), pero suya es la idea, suyo el retoño, suyas la dirección y la producción. Algo de peso, sus palabras, deberían tener a lo largo del proceso creativo.

X-Men: Apocalipsis


Más responsabilidad suya es el tono de todo el asunto, literalmente demencial: la película intenta ser oscura a lo Nolan, ni que decir tiene que no lo consigue; intenta hacerse la graciosa a lo Vaughn, pero tampoco (atención al chiste sobre lo malas que son las terceras partes de las sagas: ésta, de hecho, es una tercera entrega); entonces le da por convertirse en un ejemplo de hiperviolencia gratuita y muy desagradable, no casa en absoluto con la blancura general de la saga hasta el momento, ni con el teórico toque naif que se busca por el hecho de transcurrir en los ochenta. Y a nivel visual, parecería querer buscar un aspecto retro en ocasiones, pero sin olvidarse en ningún momento de los cánones propios de 2016, resultando en un engendro insuficiente para los tiempos digitales que corren, y sumamente hortera para la vista. Un atentado contra el buen gusto que no ha entendido que para buscar un tono retro, se debe apostar por él desde el primer y hasta el último minuto, como hace, so pena de parecer demasiado cansino con el ejemplo, la imperiosa X-Men: Primera generación. Finalmente, a Singer se le debería recordar con urgencia que en la era del cine digital, el croma y la realidad aumentada, lo que menos va a emocionar al espectador es ver efectos especiales a cascoporro, si estos no se entrelazan con personajes carismáticos y se ponen al servicio de la trama, en vez de lo contrario. Lo que ocurre con Apocalipsis es un poco lo de El hombre de acero: mucha pirotecnia visual, pero una nulidad emocional de la que se salva tan sólo en unos quince minutos finales que, a la postre, son los que rescatan del hundimiento definitivo a la función. Cuánto tendría que haberse empollado Singer las películas de la saga Vengadores...

No sé, ha salido todo francamente mal en esta última, cansina, fea última entrega de la Patrulla X. Tenía que haber sido un épico reencuentro entre espectadores y supes, un no va más en la línea de Civil War con un argumento distinto y mucha implicación emocional. En vez de eso, ha quedado en una suerte de refrito con piloto automático. Un calamitoso espectáculo de segunda por mucho que se haya querido disfrazar de primera, con más puntos en común con Batman y Robin (sí, esa: poned una imagen de los malotes de ambas películas al lado de la otra y luego me contáis) que con El caballero oscuro, que es a lo que claramente aspiraba. Los tiempos dorados de la Patrulla han quedado atrás, y o cambian mucho las cosas, o cambian de director de la función, o nos esperan aún más decepciones de la mano de una alianza, Marvel y Fox, que no acaba de dar en el clavo. Suerte de la personalidad desbordante de alguno de sus actores, que si no...
4,5/10
Por Carlos Giacomelli

Nocturna 2016: Inauguración

El comienzo de la locura

Un año más, a los amantes del género fantástico y de terror nos toca darlo todo en las salas de los cines Palafox, gracia a la cuarta edición del festival de género Nocturna, que se celebra del 23 al 29 de mayo de 2016. Una edición no carente de polémica, por la clara disminución del número de pases y filmes, aunque con un buen puñado de títulos que harán las delicias de los estómagos fuertes, esos que echan picante extra al Ramen. Obviamente, se entiende la disminución de títulos, por falta de presupuesto y ayudas nacionales, que consideran a los festivales de cine como una subcultura. Pero bueno, qué vamos a decir de los políticos españoles actuales. Supongo que en Panamá habrá unos festivales acojonantes...

El pistoletazo de salida fue el lunes 23 de mayo, con la presentación de los títulos que disfrutaremos estos días, así como las actividades paraleas, que este año cambian su ubicación a la Sala Ámbito Cultural del Corte Inglés de Callao, y unos invitados muy especiales: John Landis, que recogerá el Premio Maestro del Fantástico y del cual veremos sus obras Un hombre lobo americano en Londres y Burke and Hare, y Vincent Price, homenajeado también con su largometraje The Pit and the Pendulum.

La película que sirvió de inauguración para una semana llena de terror, fantasmas, psicópatas y aullidos en las salas, fue Hollow Point, del cineasta español Gonzalo López-Gallego, que una vez más se rodea de un elenco norteamericano potente (Patrick Wilson, Ian McShane, James Belushi, John Leguizamo) para ofrecernos una propuesta muy alejada del género que nos interesa. Se trata de un western moderno sobre unos personajes que no tienen elección ni salida, dos sheriffs que deben enfrentarse a un asesino que se dirige a su pueblo con ganas de mambo. Además de no tener ni una sola gota de género, frente a otros títulos muy superiores de su director (Apollo 18, El rey de la montaña), Hollow Point es una película fallida, con unos altibajos de ritmo alarmantes, unos personajes que no sabes qué hacen por allí y un guión que hace aguas. Eso sí, el reparto es encantador. Esperemos mejores sorpresas en próximas jornadas.

Por Mario Parra

El lector opina: X-Men: Apocalipsis

X-Men: Apocalipsis
Los acontecimientos de X-Men: Apocalipsis suceden una década después de lo relatado en la anterior secuela de la serie fílmica de los mutantes más populares de Marvel, X-Men: Días del futuro pasado. No obstante, hay que remontarse a siglos atrás, cuando un ser conocido como Apocalipsis, que cada generación se reencarna en el cuerpo de un mutante, adquiriendo sus poderes y habilidades, es sepultado bajo una pirámide egipcia. Ya en los años 80 es liberado, recluta a cuatro mutantes a su servicio, entre los que se encuentra Magneto, y se dispone a tomar el cuerpo del Profesor Xavier, para así poder dominar las mentes de humanos y mutantes.

Tras el positivo sabor de boca dejado por las anteriores entregas de estos orígenes mutantes, nos hallamos ante una épica historia, donde los héroes deberán enfrentarse a un poderoso enemigo como no habían conocido antes. Nos encontramos con caras conocidas y nuevos mutantes (Rondador Nocturno, Jean Grey, Cíclope, Mariposa Mental...), en una aventura cargada de emoción y diversión, pero donde no funciona el humor autoconsciente. Sin embargo, es una minucia en comparación con las dos horas y veintitrés minutos de pura fantasía (una duración un tanto excesiva, todo sea dicho).

Estamos ante un torrente de emoción y diversión, que quizá no se arriesga al acabar con personajes populares en la franquicia, pero que allana un camino para un futuro cargado de buenas historias y emoción ilimitada.

En cuanto a la siempre esperada escena post-créditos, es interesante para conocer el destino de la saga, aunque un servidor tuvo que tirar de Wikipedia para saber de qué se trataba.

Por Mario Parra

El lector opina: La bruja (The Witch)

La bruja (The Witch)
Al igual que en 2015, It Follows se llevó la corona como película de terror más destacada de la temporada, tras todo un hype creado festival a festival y con la colaboración inestimable del boca oreja, este año ha sido el filme La bruja, basado en diversas leyendas británicas, el que se ha llevado la palma y por el que se dan de tortas todos los festivales, hasta su esperado estreno comercial. No obstante, esa popularidad me parece inmerecida, ya que no es una mala película, pero sí una película de terror que deja mucho que desear.

La película cuenta la historia de una familia de fuertes convicciones religiosas, por las cuales son expulsados de la colonia donde viven, obligados a asentarse en una cabaña en el bosque, donde habita un mal ancestral que empieza a acosar a los miembros de esta familia, especialmente tras el rapto de su bebé. A partir de ese momento, los recelos entre ellos aumentarán, así como la desesperanza y la falta de confianza.

Vale, es una obra diferente al cine mainstream de este género, con una fotografía sublime, unas interpretaciones de calidad y algunos momentos (muy escasos y breves) de una atmósfera muy lograda que consigue asustar. Pero no nos engañemos, el cine de terror que se estrena comercialmente en salas en los últimos años es en su mayoría de poca calidad, basado en secuelas, remakes, refritos, found footages, películas baratas para conseguir dinero rápido u obras dirigidas al público adolescente menos exigente, y hay que escarbar en Internet, en el VOD o en festivales para encontrar esas joyas que sí revolucionan el género o que al menos suponen un soplo de aire fresco, sobre todo en una época donde escasean esos tótems del terror de los cuales esperamos sus próximos largos con ganas (Eli Roth lleva una racha desafortunada, por ejemplo; Neil Marshall está bastante callado; Rob Zombie se la ha vuelto a pegar con fuerza en festivales con su personalísimo filme 31, y Alexandre Aja es una de nuestras pocas y últimas esperanzas). Por ejemplo, es una pena que películas tan distintas, originales y acojonantes como The Den o Honeymoon no hayan tenido distribución, sobre todo esta última, que contaba con caras conocidas gracias a populares series de televisión.

Y por eso, también apena que La bruja sea considerada desde hace tiempo la mejor película de terror de 2016, cuando su ritmo excesivamente pausado sólo pretende tapar unas carencias bien visibles de guión, y ni siquiera su final logra epatar tras hora y media donde el director no ha sabido crear una atmósfera aterradora y tampoco nos ha transmitido una historia emocionante.

Para el que esto escribe, una profunda decepción.

Por Mario Parra

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