¡Bangarang, Peter!

Críticas de cine, estrenos, noticias, repaso a la cartelera... Cine hasta reventar, vaya

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Primera imagen oficial de Michael Fassbender en Assassin's Creed

Assassins
Aunque con un vistazo rápido pueda parecer un render más para la 17ª entrega del archiconocido videojuego, resulta que no es así, y es que durante el día de hoy la Fox, mediante Yahoo, ha mostrado que se trata ni más ni menos que de Michael Fassbender debidamente ataviado como Callum Lynch embutido en el traje que lucirá en la libre adaptación cinematográfica dirigida por Justin Kurzel (pronto estrenará su shakespiriana Macbeth también con Fassbender) que dará el pistoletazo de salida a su rodaje el próximo Lunes. Siendo un completo analfabeto como soy de la trama desarrollada en los videojuegos, la sinopsis del film reza que mediante tecnología que permite acceder a recuerdos genéticos, dando la posibilidad al protagonista de ponerse en la piel de un antepasado español suyo del s. XV, que forma parte de la organización secreta llamada los Asesinos y que le permitirá enfrentarse a los famosos Templarios. Te cagas moragas. El resto del reparto se completa con la bellísima Marion Cotillard, Ariane Labed (Alps, Antes del Anochecer) y Michael Kenneth Williams (Robocop, Puro Vicio), y el estreno del film será en pantallas norteamericanas en el lejano Diciembre del próximo año.
Assassin's Creed Marion Cotillard Michael Fassbender

Estrenos de la semana (28 de agosto)

atrapa la bandera
Nos llega una mano de estrenos así como bastante musical. Ya que no se puede decir mucho (bueno) del sexteto de nuevas películas que veremos este viernes por lo menos quedémonos con eso: algunas apelan en cierto modo a una melomanía que, quién sabe, puede arrastrar a alguno que otro hacia las salas. Hay dos que versan sobre la vida de músicos y otra que se titula (casi) como uno de los mejores temas del Transformer de Lou Reed, aunque habrá que ver si la cinta en cuestión logra alcanzar un mínimo de la genialidad del de la Velvet. Otras cosas a estrenar son alguna que otra sobra del síndrome de cartelera estival para niños (es decir, una de animación) y un par de dramas de autor que podrían ser lo más interesante de una semana poco relevante.

ricki
Y es que más bien poco relevante es Ricki, nuevo ejercicio de mímesis de (la siempre estupenda, sobra decirlo) Meryl Streep. En este caso, metiéndose en la piel de una vieja rockera obligada a solucionar cuestiones emotivas con su familia, a la que tenía un poco dejada. Escribe Diablo Cody una tragicomedia blandita que gustará a los amantes del AOR igual de blando. Una pena, habida cuenta de que su director Jonathan Demme, tiene en su haber una de las mejores aproximaciones a la música en directo que ha hecho el cine: Stop Making Sense.

Como la de la Streep, Las sillas musicales también se centra en las desventuras de una músico, esta animadora de fiestas infantiles. Dramedia francesa que recuerda, por lo menos en su premisa, a cierta película de Sandra Bullock enamorada de un comatoso. ¿Es eso bueno? De entrada no, claro. Pero habrá que ver.

No hay que condenar las películas de salida por el nombre de quien las firma, claro. Pero es que lo de Fernando León de Aranoa pudo con nosotros. Uno de los directores más repelentes de los últimos años en el cine español busca redimirse esta vez con Un día perfecto, comedia dramática con reparto internacional centrada en un grupo de cooperantes intentando arreglar las cosas en una zona bélica. Como dato adicional, indicar que uno de los protagonistas se llama Mambrú. Lo siento pero no. León de Aranoa allí y un servidor aquí.

Otra con aroma internacional pero producción española es Atrapa la bandera, nuevo intento de los responsables de Las aventuras de Tadeo Jones de optar a parte del pastel del cine de animación para toda la familia. Y si su anterior título era bastante fallido (a nivel artístico, por supuesto, porque por lo demás dio pasta por un tubo)... en esta ocasión la propuesta aún nos ha convencido menos.
Por otros derroteros van Lilting y Papusza, dos propuestas de tipo autoral que pueden marcar ligeramente la diferencia. La primera, dirigida por el camboyano Hong Khaou, a través de una historia de tintes homosexuales sobre la aceptación del dolor por la pérdida de un hijo. La segunda, de los polacos Joanna Kos y Krzysztof Krauze, por ofrecer el relato biográfico de un personaje de interés, la poeisa gitana Bronislawa Wajs, fallecida en 1987 tras una vida inetnsa y tortuosa.
Estrenos

Youth estrena segundo trailer, pero seguimos sin fecha de estreno...

Youth (La juventud)
Sabed que Youth (que por aquí se llamará La juventud), lo va a petar tanto, o más, que La gran belleza. Pero lo hará en otras latitudes, puesto que aquí seguimos sin noticia alguna de su estreno. Hablan de entre diciembre y enero, pero quién sabe. Curioso que no se haya corrido más por traer una de las películas europeas que mayor expectación levanta, máxime tras su acogida en Cannes. Y es que lo nuevo de Paolo Sorrentino se las trae: nueva reflexión sobe el paso del tiempo, el acecho de la muerte y la herencia que reciban las siguientes generaciones; nuevo portento para los sentidos. Tan sólo un cambio: esta vez, sus actores no son italianos. Michael Caine, Rachel Weisz, Harvey Keitel y Paul Dano (ahí es nada) son los principales protagonistas de esta tragicomedia sobre dos amigos artistas (director de orquesta y de cine) que pasan las vacaciones juntos en una suerte de spa de lujo suizo. Aromas de Fellini, de reflexiones sobre la propia carrera de Sorrentino... y de Oscar, para una película que por caridad humana: ¿Cuándo demonios podremos ver por aquí?

Harvey Keitel La juventud Michael Caine Paolo Sorrentino Paul Dano Rachel Weisz trailers

Lilting: Crítica

Lilting
El título elegido por Hong Khau para su presentación en sociedad (tras cierta experiencia labrada en los mundos del cortometraje) no podía ser más engañoso. Sí, Lilting es muy pequeñita: apenas un puñado de actores, un par de escenarios y dos o tres salidas timoratas al exterior. Y no, tampoco es una película en la que tengan lugar grandes acontecimientos. De hecho, el más importante ya ha ocurrido, y en lo que se centra el guion (del propio Khau) es en el afrontamiento del mismo; por lo que a efectos prácticos, es un film sumamente acotado tanto en lo físico como en lo temporal. Pequeñito, poca cosa, little thing. Ahora bien, sus dimensiones aumentan de manera exponencial cuando empieza a desarrollar los no pocos frentes que va abriendo por el camino: pérdida, diferencias culturales, luchas internas y externas por la aceptación de uno mismo y en sociedad, suegras estrictas, reclusiones en hogares de ancianos... por lo bajini, la opera prima del joven cineasta se descubre ambiciosa y relevante, y sin embargo, jamás abandona su esencia: la de ser algo pequeñito, porque mínimo es el individuo que debe lidiar a diario con semejantes batallas, sin necesidad de superpoderes intergalácticos ni llamativos disfraces.

Así pues, estamos ante una alegría, la demostración de que aún ahora hay espacio para el arte por encima del dinero, la voluntad por encima de la mercadotecnia. Si la propuesta que nos ocupa funciona es por el mimo con que su guion ha sido tratado, sin caer nunca en la exposición fácil, deliberadamente tramposo con esos arriesgados flashbacks que son, sin embargo, ingrediente inherente del apuntalado de su personalidad del film. Un libreto que es capaz de detener por completo el tiempo, si con ello puede darse una pincelada más a la descripción tierna, sentida, perfecta de sus personajes. Lilting pone en evidencia que si la maestría acompaña, sobran los grandes aspavientos: su planteamiento formal es, simple y llanamente, precioso, con una fotografía cálida y gélida a la vez, escenarios sencillos pero sumamente expresivos, y una cámara que respira junto a sus protagonistas, en total armonía con ellos.

Lilting

Por su parte, capitanea el reparto un Ben Whishaw de empatía inmediata: su personaje se antoja frágil, o por lo menos muy debilitado, pero debe hacer de tripas corazón para ofrecerse como faro en la oscuridad para otra persona (Pei-Pei Cheng) cuyo estado es más delicado todavía. Así debería ser el ser humano: enfrentado a sus egoísmos y fantasmas interiores, pero sacrificado a la hora de la verdad; mientras se asiste a su visionado, uno no deja de preguntarse qué haría en su lugar. Y con eso, como avisábamos, la película ínfima que nos ocupa va ganando más y más peso. Ni que decir tiene que el actor de El perfume está impecable, de las mejores veces que se le recuerdan; como todos los que le rodean, con independencia de sus minutos en pantalla. Atención, sin ir más lejos, a Peter Bowles.

Y en realidad hay poco más que decir. Lilting es tan pequeñita, que con ella se limita todo a que debe ser vista, sin más. Tiene la capacidad para emocionar sin jugar sucio en ningún momento con recursos peliculeros, porque eso la haría adquirir un tamaño que no busca. Tan sólo quiere retratar un episodio cotidiano con la mayor cotidianidad que le sea posible, valga la redundancia, dejando que los silencios se adueñen de escenas de más de un minuto si así lo requieren, porque cuántas veces necesitamos en nuestro día a día de un poco de cama total. Y dejando en el aire las conclusiones a las que llegue (precioso discurso final mediante) para que sea el espectador quien acabe de hilarlo todo; porque, claro, una situación como la que se da en el film requiere de cierto tiempo; ese que pone las cosas en lugar, ese que cura heridas y lima asperezas. Cierto es que si se quisiera, podrían establecerse puntos en común con un buen puñado de cineastas que indudablemente pueden (¡deben!) haber establecido la base de formación de Khau (de Kar Wai a Haneke, pasando por Ozu)... pero eso también está de más. De verdad, que Lilting es cuestión de verla, con suerte disfrutarla, y dejar que crezca, natural. Como la vida misma, vaya.
7/10
Ben Whishaw Críticas Lilting

Atrapa la bandera: Crítica

Atrapa la bandera
Ya está, ¿verdad? Ya se ha aplaudido lo suficiente Las aventuras de Tadeo Jones (hasta el Goya al mejor guion se llevó la peliculita) como para no tener que estar ensalzando a cada frase la animación española, sin que por ello se le reste mérito alguno a la misma, sino todo lo contrario. Vale, ¿podemos, por tanto, valorar la nueva propuesta de animación digital de Enrique Gato como justamente eso, sin vistas gordas ni escurrimientos de bulto? Si lo que se pretende es volver a hacer de ella una suerte de abanderada del cine patrio (como seguramente hagan muchos medios), y el lector está de acuerdo con ello, que deje de leer lo que sigue. Por aquí intentaremos valorarla de manera objetiva, siendo como es un estreno de animación de corte 100% comercial, mainstream y para público principalmente (únicamente, de hecho) norteamericano; estrenado a mediados de 2015 y para su mayor desgracia, tan sólo unas semanas después de la obra maestra definitiva de Pixar. No creemos justo volver a concederle a Atrapa la bandera un extra de generosidad sólo por ser de aquí, para eso está Tadeo. Máxime cuando Gato parecería haber contado con esa baza como excusa para relajarse a vivir de las rentas, sin esforzarse lo más mínimo por una película que a veces suena más a insulto que a otra cosa.

Insulto al espectador español, en primer lugar, a quien se desprecia de principio a fin con un guion que plantea un argumento exclusivamente norteamericano, héroes patrióticos, moraleja pro-USA y chistes que incluso pueden sonar a racistas desde un punto de vista hispano. Pero también al espectador en general, con un guion atroz que toma por subnormales tanto a mayores como a pequeños: incapaz de decantarse por uno u otro rango de edad, acaba perdiéndolos a los dos con una introducción infantiloide hasta lo irritante, a la que sucede un argumento sobre la carrera espacial (con algún guiño a la conspiración según la que se afirma que Kubrick rodó el supuesto alunizaje de Armstrong, como lanzando un salvavidas al adulto), que sin embargo recibe un tratamiento indigno de encefalogramas mínimamente activos. Todo se mastica de la manera más burda imaginable: siempre hay un personaje explicando punto por punto cada decisión, cada evidencia, cada progreso de la trama. Eso de explicar con imágenes, eso del lenguaje no verbal, todo lo que en definitiva distingue a un guion cinematográfico de una lista de la compra, aquí es completamente ignorado por Gato y su equipo.

Atrapa la bandera

Claro, es que el espectador es tonto. Por eso podemos endosarle el entramado de siempre, sin alterar un ápice del mismo. Por eso le podemos colar personajes descritos con los pies: el protagonista con la familia destartalada, el padre y el abuelo que no se hablan, el gordo pelirrojo, la sólo-amiga-que-en-verdad-es-algo-más... Por eso podemos saltarnos a la ligera nuestras propias normas, tomando decisiones desquiciantes según convenga, aunque con ello se pierda todo atisbo de credibilidad por nuestra parte: no se va a dar cuenta. Y qué si un personaje que quiere ir a la Luna para recolectar un material que sólo se encuentra en su superficie, resulta que ya lo tiene en su oficina (¿lo fue a buscar antes? Entonces, ¿por qué no lo recogió todo entonces? ¿Lo ha sabido crear en sus laboratorios? Entonces, ¿para qué va a la Luna?); y qué si de golpe la gravedad de la Luna desaparece misteriosamente para justificar una carrera de coches, cuando había sido protagonista de gags anteriores; que si un personaje arenga al resto a saltarse las normas y luego es el primero en rajarse, que si dos securatas no se dan cuenta de que hay ¡dos niños haciendo kitesurf! a un par de metros de distancia en plena y silenciosa noche, que si trajes espaciales medida niño... Da igual. El espectador es tonto y prueba de ello es que nos podemos reír de él: ahí están esos gags sobre las películas de terror de serie Z.

Pues sí, pero no. No ha colado, y el resultado de todo ello es hiriente. Atrapa la bandera es un desastre desde cualquier punto de vista: ni siquiera se aprecia progreso tecnológico alguno en relación a Tadeo Jones (porque total, para qué) y de hecho, si toca hablar de algo es de involución. Todo por la evidente desgana con que ha sido parida, y es que ni siquiera hay un solo destello de originalidad en medio de un metraje plagado de plagios. Atención a la primera aparición del antagonista (próxima a nivel técnico a la presentación del Buzz! de la Playstation 2, por cierto). Deprimente.

 Un guion lamentable, unos personajes vergonzosos y unos giros imposibles, le restan cualquier posibilidad de ser disfrutada, ya sea desde un prisma adulto (invita al suicidio) como infantil (en la sala en la que se realizó había niños, y ni uno solo se rio). No es capaz de enganchar porque su argumento se ve venir desde el primer minuto, tan rutinaria es su estructura de base. Se desarrolla haciendo abuso del piloto automático (momento-canción incluido), y para mayor desespero, el mensaje final es de un fascista que tira de espaldas... ¡y aún queda la confirmación del carácter racista de su humor! En serio, hay películas que buscan ofender en muchos sentidos, hay películas que lo consiguen sin querer y muy a su pesar, y luego está este insulto directo al respetable. Ya no es que esté (muy) mal hecha; es que Atrapa la bandera es el mal.
1/10
Atrapa la bandera Críticas

A propósito de algunos Pioneros del Cine (Étienne Jules Marey, Louis Le Prince y los hermanos Skladanowsky) (l)

Pioneros
En el imaginario popular más extendido, casi siempre al hablar de pioneros en el cine (entendiéndoles como los creadores de las imágenes en movimiento) surgen los mismos 3 nombres: Eadweard Muybridge, Thomas Alva Edison (junto a William K.L. Dickson) y los hermanos Lumière. Y aunque no pretendemos discutir la importancia capital de los anteriormente citados (el cine seria inimaginable sin ellos), si nos resulta interesante intentar ampliar esa lista de investigadores de la imagen que desde mediados hasta finales del s.XIX, crearon un caldo de cultivo y un elevado interés alrededor del tema que contribuyó de forma fundamental en el desarrollo de la tecnología existente en la época para poder primero capturar y posteriormente proyectar el movimiento de las imágenes. Concretamente hoy nos centraremos en tres apellidos, los de Marey, Le Prince y los hermanos Skladanowsky, juntamente a las obras que los colocaron en tan histórico grupo:

Étienne Jules Marey: Médico interesado en la fotografía y el desarrollo de la misma, concretamente en la cronofotografia, consitente en la captura de una secuencia de imágenes fijas que recogen una escena o un movimiento y que ya fue transitada por el estudio del caballo en movimiento de Muybridge, y debido a los cuáles Marey quedó fuertemente impresionado aunque reconociendo que no resultaban suficientemente rigurosos. Para ello trabajó en la evolución del rifle fotográfico (creado por el astrónomo Jules Janssen) que permitía capturar 12 imágenes por segundo. En 1882 abandonó el uso de este rifle por el de una cámara de cronofotografía que disponía de una placa fija y un obturador con el que era posible controlar los intervalos de tiempo. Poco después sustituyó la placa de cristal por una tira de papel fotosensible que se movía de forma automática en el interior de la cámara a través de un electroimán. Finalmente, el negativo remplazó al papel y pudo así obtener infinitas copias de su trabajo. Entre 1890 y 1900, Marey hizo un número considerable de tiras de película de análisis del movimiento, de gran calidad estética y técnica, incluyendo los muy bellos autorretratos de Marey y Demeny (también disponible en Youtube) y el famoso gato cayendo, filmado en 1894 que es la que compartimos con todos vosotros a continuación:


- Louis Le Prince: Considerado por una gran variedad de historiados como el auténtico creador de las imágenes en movimiento gracias a la lente de cámara que patentó y que permitió el rodaje de El Jardín de Roundhay (adelantándose así a Edison y los Lumière), de apenas 3 segundos de duración y que compartimos con vosotros aquí abajo. Por desgracia, pese a la importancia del film (muchos colocan como la primera película "oficial" conocida de la historia) y otros proyectos que rodó a continuación (disponibles también en Youtube), nunca pudo llegar a verlos exhibidos públicamente (motivo por el cuál no se le considera EL padre del cine), ya que una trágica historia se cernió sobre el destino del cineasta francés. Pese a multitud de informaciones diversas y poco concretas, se llega a la conclusión que Le Prince desapareció misteriosamente poco después de tomar un tren en 1890 (la rumorología llega a proponer que realmente fue asesinado por Edison por culpa de la guerra de patentes cinematográficas) sin dejar ni cadáver ni equipaje alguno, aunque sus problemas económicos en la época indiquen motivos para el suicidio.


- Los hermanos Skladanowsky: Reivindicados por Wim Wenders en su irregular docuficción A Trick of Light (1995), los hermanos Max y Emil, de origen alemán, son valorados por otra gran parte de los historiadores como los "auténticos" padres del 7º Arte. Creadores del Bioscopio que utilizaba dos películas de cuarenta y ocho imágenes cada una, por un período de proyección que no excedía los diez segundos, y primeros exhibidores del espectáculo públicamente en 1895, pero un mes antes de la de los Lumière en París, gracias a la proyección que realizaron en el teatro “Wintergarten” Varieté en Berlín, de las nueve breves piezas que os dejamos en el siguiente vídeo. El Bioskop y sus deficientes imágenes animadas fueron olvidadas en escaso tiempo debido a la falta de recursos económicos y a la superioridad técnica de los equipos Lumière y Pathé, que eran las grandes productoras dominantes en la época.


Especial los hermanos Skladanowsky Louis Le Prince Étienne Jules Marey

La pesadilla: Crítica (The Nightmare)

La pesadilla (The Nightmare)
Marchando una propuesta interesante. Tanto, como para colocar desde ya mismo entre las posiciones más altas del ranking de lo que el cine de género ha dado en 2015. No, tampoco es decir mucho. Pero sí es más que suficiente para que su visionado no se considere una total pérdida de tiempo lo cual, viniendo de una película en teoría adscrita al terror y que seguramente jamás pase el corte de la gran pantalla, es un mundo. Y digo en teoría porque resulta difícil clasificar La pesadilla con una determinada etiqueta, como lo fue hacerlo con el anterior proyecto de Rodney Ascher. Os acordáis de Habitación 237, ¿verdad? Pues ahora sigue en su empeño de llevar el documental al límite, y para ello parte de un tema escabroso donde los haya: mediante testimonios de casos a priori reales, la película pretende indagar en el fenómeno de la parálisis del sueño, trazando posibles causas del mismo en función de los puntos en común que tienen entre sí las declaraciones de los entrevistados... y que pasan por pasajes idénticos en diversos sueños, a cuál más perturbador.

Pesadillas que son recreadas por Ascher mediante dramatizaciones, combinando por consiguiente documental y ficción en una sola propuesta que se divierte alternando estilos. Las entrevistas adoptan planos extraños, sumamente forzados para desubicar al espectador; por su parte, una suerte de careta digital le alerta, en las primeras ocasiones al menos, del paso a las interpretaciones de los sueños, pasajes en que la película recurre a todos los trucos narrativos, visuales y sonoros de que el género dispone, pero más que para buscar los habituales sustos en pantalla (están tan voluntariamente forzados tales recursos que difícilmente generen sobresalto alguno), para remarcar que son los protagonistas quienes viven esas películas de terror noche tras noche. En ningún momento esconde La pesadilla su condición de película, nada de jugar al Paranormal de turno; como tampoco maquilla el carácter exagerado de dichas dramatizaciones, llegado en una ocasión a saltar de un escenario a otro sin cortar el plano y, por tanto, dejando entrever las bambalinas del plató, e incluso cómo se preparan los actores instantes antes de entrar en acción para dar vida al entrevistado, o al ser que le visita por las noches.

De este modo, el film consigue algo mucho peor: que sea nuestro subconsciente el que trabaje a consciencia. En realidad, Ascher juega como le place con su espectador, se apodera en todo momento de sus pensamientos y/o razonamientos a lo largo del visionado. Si fuerza tanto las recreaciones de los testimonios no es sino para para acentuar, en verdad, el carácter real de los mismos. Uno se plantea la autenticidad de la película, de esta o aquella escena, busca en seguida el truco, pero jamás cuestiona las palabras, la narración en off. Por ese motivo apariciones repentinas en primer plano, subidón de decibelios... ningún susto buscado logra asustar. Sin embargo, mientras se consumen los minutos los escalofríos van sucediéndose con cada vez mayor ahínco. El miedo: que nos ocurra lo mismo que a ellos en el momento en que nos metamos en la cama. La tesis: puede pasar perfectamente; no somos dueños de nuestro cerebro cuando estamos dormidos.

La pesadilla (The Nightmare)

El cambio en relación a la anterior propuesta del director, también documental y también basado en declaraciones, es total. Ahí se partía de algo muy concreto y reconocible (una película y las diversas teorías que sobrevuelan su argumento), y se acababa hablando de una serie de personajes locos enfrascados en un mundo que poco o nada podía tener en común con en nuestro; aquí se parte de lo más intangible e intransferible (los vericuetos del subconsciente) y de entrevistados que a priori parecerían tocados del ala, pero se acaba señalando con el dedo la realidad de cada uno de los espectadores. De ahí que acabe siendo acojonante aunque no lo demuestre.

Y sí, La pesadilla es irregular y repetitiva. En ocasiones se pasa masticando sus argumentos y en otras parece perder un poco el norte. Pero lo que cuenta al final es su capacidad para trascender, y aquí hay elementos de sobra para que después de su visionado, la noche que nos espere sea... curiosa. Maldito subconsciente.
6,5/10
Críticas La pesadilla Rodney Ascher

Ash vs Evil Dead estrena trailer

Ash vs Evil Dead
Y sí, si no habíais oído hablar de ello hasta ahora, es exactamente lo que acabáis de imaginar: Bruce Campbell de nuevo a la saga Evil Dead o, lo que es lo mismo, Posesión infernal, Terroríficamente muertos, El ejército de las tinieblas y el estimable remake de la primera, donde se le reservaba un cameo al final de los títulos de crédito al actor. La cadena Starz ha decidido mantener con vida a la franquicia haciendo un batiburrillo de personalidades: se mantienen los guiños a la primera entrega, se recurre al humor alocado de las partes dos y tres, y a niveles formales parece acercarse a la última; hemoglobina incluida.

Treinta años después de volver de las tinieblas, Ash tiene que abandonar su actitud pasotista y volver a enfrentarse a demonios, no-muertos y demás, puesto que no le queda otra: es, literalmente, la última esperanza para la supervivencia de la humanidad.

Nos vale.

Sam Raimi dirige el piloto, que también escribe junto a su hermano Ivan y a Tom Spezialy (curtido en series). Por su parte, a Campbell lo acompañan Lucy Lawless (!), Mimi Rogers, Jill Marie Jones, Dana DeLorenzo y Ray Santiago entre otros.

¿Queréis más épica? Se estrena la noche de Halloween. Para todo lo demás, el trailer:

Ash vs Evil Dead Bruce Campbell Series trailers TV

Mr. Holmes: Crítica

Mr. Holmes
Cuando se trata de una saga de puro entretenimiento, lectores y espectadores nos hemos acostumbrado al carácter imperecedero de sus protagonistas: colecciones de libros y más libros en los que el paso del tiempo ni siquiera es tratado, y sustitución de actores (o milagrosos rejuvenecimientos: lo de Tom Cruise es inexplicable) o remakes, solventan el problema de la vejez y regeneran héroes, franquicias y espectadores. En el caso de Sherlock Holmes se han visto de todos los colores, incluyendo a un partenaire con el sexo cambiado entre sus tres sagas televisivo-cinematográficas actualmente en curso (Elementary contempla a una Joan Watson interpretada por Lucy Liu). La más valorada de ellas, la serie Sherlock, se emite a través de la BBC, y es precisamente el estudio para la gran pantalla de dicha cadena británica, quien produce este Mr. Holmes que ahora nos llega y que pretende invertir la situación: adaptando la novela A Slight Trick of the Mind de Mitch Cullin, plantea los últimos días de un nonagenario cuyo superpoder le traiciona a marchas forzadas. En el ocaso, retirado y conviviendo con una ama de casa y el hijo de la misma, escribe a modo de respuesta a la ficción con que Watson novelizaba los casos, los hechos que realmente acaecieron durante su última investigación, forzándolo a abandonar. Antes, claro, de que lo que le abandone a él sea su memoria.

De modo que el film de Bill Condon (ya coincidió con Ian McKellen en Dioses y monstruos, y con Laura Linney en Kinsey1) altera de buenas a primeras la perspectiva del espectador enfrentándole de golpe con la más demoledora de las realidades: el tiempo pasa igual para todos. Y nos degenera, nos hace falibles. Es la primera vez que vemos a Holmes así, humano, expuesto, indefenso. Hasta ahora, bien por su propio pie o con la ayuda de un Watson que aquí brilla por su ausencia, se le veía salir airoso de cualquier situación, sobredosis de opio incluidas. Esta vez no puede ganar la batalla, así que al menos, busca la redención. Él la persigue en la ficción, y la película a los ojos de un espectador que hasta ahora lo tenía como una máquina, tan perfecta en la resolución de los casos como falta de calor humano, por más que hubiese mucho de postureo. Aquí Holmes es el cabezota de siempre pero está perdido, pretende hacer del niño un nuevo ayudante sólo para dar con ese bastón sobre el que tantas veces reconoce, para sus adentros, haberse apoyado. Y sí, es de nuevo ese eje externo el que le ayuda, en este caso a seguir escribiendo y forzándose con ello a recordar; pero también abre las puertas a repetir errores, que el espectador esta vez no va a tolerar.

Mr. Holmes

Los objetivos de Mr. Holmes son dobles, por lo tanto: parejo a las obligaciones para con la saga (a fin de cuentas, siguen habiendo un casos que resolver, una relación Holmes-Watson-ish sobre la que trabajar, una personalidad que respetar), circula el drama de la vejez, universal y aplicable a todo ser humano, heroico o no. Y si bien sea cierto que la combinación de ambos puntos de interés provoque cierta falta de profundización tanto en uno como en otro, el film acude a ellos con solvencia, proponiendo un bello y compacto lienzo rural en el que tienen cabida flashbacks y ensoñaciones, sutiles alegorías y momentos de tensión dramática, para iluminar la desoladora sensación de pérdida paulatina, de apagado paulatino del sistema, otrora infalible. Alegría y tristeza, o lo que es lo mismo: calor humano. Sensaciones nuevas y otras que siempre han estado ahí, pero que ahora por primera vez, Sherlock pone en evidencia.

Todo ello requiere de un tempo sosegado, que todo hay que decirlo, hace ir a la película de menos a más. Con todo, y aunque seguramente no suponga revelación alguna, logra imponer sus virtudes, que pasan por un guion que desarrolla a su personaje con atino, jugando sutilmente con los elementos que lo caracterizan y el nuevo matiz que se le busca. Pero también por una dirección quizá algo impersonal pero siempre contenida, elegante y con todos los factores (puntuales rupturas de formato incluidas) bajo control. Y sobre todo, por un Ian McKellen espléndido; hacia el final del film tiene, en concreto, una escena que debería valerle por sí sola para ganar todo premio que se dispute este año en materia de interpretación. De hecho, todo lo dicho hasta ahora sirve de bien poco: con ir a verle a él queda sobradamente justificado el visionado de un Mr. Holmes que no pasará a la historia, pero convencerá a quienes quieran entrar en el juego.
7/10
__________________
(1) Y de hecho, como curiosidad también trabajó con Benedict Cumberbatch, el Sherlock de Sherlock, en El quinto poder, sobre WikiLeaks
Bill Condon Críticas Ian McKellen Laura Linney Mr. Holmes

Combinado de La Casa (LXXIV)


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- CARLOS A VECES -


(¡Cada viernes y domingo, un nuevo combinado!)
combinados área de descanso

 

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