PelículaXaviCarlosMargaBraceroIván
'71☆☆☆½☆☆
Birdman☆☆☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
BoyHood (Momentos de una vida)☆☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆½☆☆☆☆☆
Calabria☆☆☆½☆☆☆½
Calvary☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆
Chappie☆½
Citizenfour☆☆☆½☆☆☆☆
Convicto (Starred Up)☆☆☆½☆☆☆½
Doble o nada☆☆☆☆
El año más violento☆☆☆☆☆☆☆☆
El capital humano☆☆☆½☆☆☆
El francotirador☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆
El hombre más enfadado de Brooklyn
El libro de la vida☆☆☆
Ex_Machina☆☆½☆☆☆½
Exodus: Dioses y reyes☆☆☆☆☆☆½☆½
Fast & Furious 7☆☆☆½
Focus☆☆½
Foxcatcher☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆☆
Fuerza mayor☆☆☆☆½☆☆☆☆
Gett. El divorcio de Vivianne Amsalem☆☆☆☆
Interstellar☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆½☆☆☆½
La conspiración de noviembre☆½
La isla mínima☆☆☆☆☆☆☆☆½☆☆½☆☆☆☆½☆☆☆
La oveja Shaun: La película☆☆☆½
La sal de la tierra☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
La teoría del todo☆☆☆☆☆½☆☆☆
Lost River☆☆½
Maps to the Stars☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆☆☆½
Negociador☆☆☆½
Nightcrawler☆☆☆½☆☆☆☆☆☆½☆☆☆☆
Pasolini☆☆☆½☆☆☆
Pride (Orgullo)☆☆☆
Puro vicio☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆½
Relatos salvajes☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆½
Selma☆☆☆½☆☆☆☆☆☆½
Siempre Alice☆☆½☆½
The Guest☆☆☆½☆☆☆☆☆
The Imitation Game (Descifrando Enigma)☆☆☆½☆☆☆☆☆☆
Timbuktu☆☆☆☆☆☆☆☆

Combinado de La Casa (XXXIX)

hoy...



- AMARGARET THATCHER -


(¡Cada viernes y domingo, un nuevo combinado!)

Estrenos de la semana (24 de abril)





Madre cómo está el patio. Sólo una película nos hace tilín esta semana, una y media a lo sumo, lo cuál -teniendo en cuenta que el puñado de novedades que nos llegan hoy mismo es bastante generoso- configura un panorama un tanto desolador. Pero bueno, tendremos que encomendarnos a esa propuesta gala y a esa otra patria, ambas salidas de la mente de dos autores potentes, consagrados y fiables. Ambas aseguran los momentos de buen cine de los que probablemente nos privará todo ese arsenal de películas meh, capitaneadas por una comedia insulsa española, otra comedia insulsa española, una comedia insulsa americana, una comedia insulsa francesa y una que no es comedia pero es más insulsa que todas ellas juntas: el intento de cierto actor australiano de hacer Algo Que Importe poniéndose tras la cámara en lugar de delante (oh, perdón, quería decir tras la cámara Y delante de ella).


Vale, también es cierto que La familia Belier (Dios sabe por qué en la traducción española le han suprimido la tilde a la e de Bélier... oh, claro, porque aquí somos todos idiotos) pinta a comedia familiar bien entendida, así que venga, manga ancha y metámosla en el saco de "por qué nos". Pero es que aquí la francesa que se lleva el gatete al agua es otra. Porque la recomendación firme de esta semana es Girlhood, drama adolescente que acumula reconocimientos -pasó con éxito crítico por Cannes- y viene avalada por la mano firme y personal de una que ya empieza a recibir honores de VIP del cine de autor: Céline Sciamma. Esta mujer es grande. También es grande Isaki Lacuesta (casi siempre MUY grande), y aunque esta vez nos tiene un tanto descolocados le daremos nuestro voto de confianza en virtud de todo lo bueno que nos ha regalado durante estos años. Murieron por encima de sus posibilidades es su primera y desconcertante comedia.
Bien, entramos en terreno chungo. Sin apartarnos de lares españoles, llega Sexo fácil, películas tristes, una comedia meta (que no metacomedia) con buen cast (Marta Etura y Quim Gutiérrez) y resultados un poco reguleros: el director Alejandro Flah trabaja en dos planos de ficción y los resultados en ambos son un tanto desiguales.
Guardadnos de criticarla sin haber visto Cómo sobrevivir a una despedida. Puede ser una obra maestra, por supuesto, pero la verdad es que no tiene mucha pinta. Esta comedia de jovenes fiesteras un poco descerebradas pero con sueños por vivir pinta a exactamente todo eso. Así que mal. De entrada. Falta verla y os juramos que si es buena avisamos.
Igual de mal nos lo pone Russell Crowe con su El maestro del agua. Y cuando digo su quiero decir su: dirige y protagoniza la película su excelentísima persona, poniendo imágenes a la batalla de Gallipoli en un drama de aventuras con exceso de autocomplacencia. Oigan, no era su mejor película, pero aun así la de Peter Weir -Gallipoli- no estaba nada mal. Nos quedamos con esa.
En el mismo plano de meh se encuentra La sombra del actor. Y es una pena, porque reúne a un montón de gente que en algún momento fue alguien importante (Barry Levinson, Al Pacino, Dianne Wiest, Charles Grodin) y ahora parecen un poco de capa caída. Nada especialmente grave, pero tampoco es la película que vaya a relanzar la carrera de Pacino ni a aportarle a (la gran, adoradísima) Greta Gerwig el salto a las grandes ligas que tanto parece esquivarla.
Hablando de esquivar, intentad evitar esto siguiente, que entra derechito a formar parte de nuestra zona de expulsión directa y ajusticiamiento: sudad del hecho de que Grégory Levasseur sea la uña de la carne de Alexandre Aja, porque su La pirámide es enfermedad pura y metastasiada. Eso por un lado. Por el otro está Kevin James. Superpoli en Las Vegas. Kevin fucking James. ¿Hace falta que lo digamos más veces? Pues eso.

Kevin James.

Señor.

Crítica de El maestro del agua (The Water Diviner)

22.4.15 redacción
El maestro del agua (The Water Diviner)
Llega un momento en la vida de muchos actores en que deciden que quieren dirigir. Ya sea por demostrarse a sí mismos que pueden hacerlo, porque tienen algo que contar o simplemente para hinchar (un poco más) su ego.

En el mejor de los casos descubrimos a un gran director o directora, como en el caso de Clint Eastwood, Ben Affleck o George Clooney. En el peor, la película pasa desapercibida y acaba en el cajón del actor de turno.

Russell Crowe se apunta con El maestro del agua a probar suerte detrás de las cámaras. No escoge para ello un proyecto personal ni algo demasiado original, sino que opta por un drama de aventuras que gira alrededor de la batalla de Galípoli. Crowe interpreta a Connor, un granjero australiano que viaja a Turquía a buscar a sus tres hijos, combatientes de la Primera Guerra Mundial. El actor neozelandés es protagonista absoluto del film, aunque comparte ciertas escenas con la ucrania Olga Kurylenko y el siempre excelente Yilmaz Erdoğan (Érase una vez en Anatolia).

Se han de aplaudir dos cosas de El maestro del agua. La primera, la elección de un capítulo de la historia más que interesante y pocas veces narrado (pese a la reconocida Gallipoli de Peter Weir), así como la adecuación del tono a una película de aventuras. Pese a un cierto exceso en la saturación de colores, la fotografía logra trasladarnos al ambiente exótico de Estambul de entreguerras, y por un momento creemos que la película puede tomar un buen rumbo.

Sin embargo, Crowe parece empeñado en añadir azúcar a la mezcla. No hablo aquí de las escenas bélicas, rodadas con brío, sino sobre todo de aquellas que implican al personaje de Kurylenko y su hijo. Si bien una trama amorosa en una película de aventuras es siempre bienvenida, dicha trama acaba teniendo un protagonismo excesivo, lo que nos aleja del teórico objetivo principal del protagonista y hace perder fuerza al clímax.

Es posible que El maestro del agua sea una buena película. Incluso es probable que, de haberse rodado hace algunas décadas, hubiera funcionado en taquilla. Pero en este mundo de efectos especiales, dramedias y personajes claroscuros hay poco espacio para el clasicismo, especialmente si éste es demasiado dulzón.
6/10

Crítica de Sexo fácil, películas tristes

21.4.15 redacción
Sexo fácil, películas tristes
Hay películas buenas, malas y muy malas. Y después, hay otra categoría todavía peor: la de las películas olvidables. Ni te emocionan ni te cabrean, ni te hacen reír ni llorar ni maldecir al que te la recomendó. Ni siquiera te ayudan a dormir. Apenas te sacan media sonrisa, un cuarto de pensamiento, un décimo de emoción.

Sexo fácil, películas tristes, la ópera prima de Alejo Flah, guionista de la magnífica Vientos de agua, entra dentro de esa categoría. Se trata de una comedia romántica meta: Víctor (Quim Gutiérrez) y Marina (Marta Etura), los personajes protagonistas, son a la vez creación de otro personaje; Pablo (Ernesto Alterio), un escritor cuya vida amorosa dista mucho de ser cómica.

Al incluir al espectador en el proceso de escritura de la película, el director parece querer demostrarnos lo poco original del género, lo previsible de sus inicios, giros y finales para así contrastarlo con la "realidad" del escritor, donde nada fluye como en la ficción.

Aunque dicho contraste está muy bien logrado, hay un pequeño problema: una historia previsible lo sigue siendo por mucho que nos adviertan de que lo es, y pese a varios toques paródicos que funcionan gracias al buen hacer del reparto, la sorpresa se acaba rápido.

Desinteresados ya por la trama meta, aún nos queda el primer nivel de ficción. Sin embargo, ni a este nivel es capaz el director de darnos algo original, inteligente o incluso divertido.

Mientras que la trama de Victor y Marina es una comedia romántica repleta de clichés (intencionados o no), la parte de Pablo cae en el error de focalizar toda su atención en un personaje por el que nos cuesta sentir empatía. La ausencia de cualquier tipo de interacción entre ambas tramas o la falta de un conflicto central acaban de hacer de Sexo fácil, películas tristes una película fallida.

Alejandro Flah ha querido hacer en Sexo fácil, películas tristes dos películas en una, pero ha fallado en darnos algo memorable en ninguna de las dos, quedándose a medio camino entre parodia inteligente y comedia romántica al uso. Algo así como un gin tonic mal mezclado.
5/10

Crítica de La oveja Shaun: La película (Shaun the Sheep: The Movie)

20.4.15 redacción
La oveja Shaun: La película (Shaun the Sheep: The Movie)
El estudio de animación británico Aardman ya nos había alegrado con anteriores producciones de plastilina y montadas en stop-motion como Wallace & Gromit o Chicken Run. Películas que además de ser un hermoso canto a la exquisitez de lo artesanal, además de proporcionarnos una riqueza plástica extraordinaria, también son agudísimas narraciones de humor y de sensibilidad poética que se aleja de la que domina en la mayoría de industriales producciones globalizadas. Sus largometrajes hablan de lo doméstico y lo cotidiano, fábulas modernas con distintos niveles de lectura que pueden seducir a un público de todas las edades.

La oveja Shaun es un personaje que surgió del cortometraje A Close Shave protagonizado por Wallace y Gromit, y que, tras muchos años triunfando con una serie televisiva, ha dado el salto al cine con La oveja Shaun: la película.

Ver La oveja Shaun en una sala atestada de niños riéndose a carcajada limpia de sus gags mudos, de humor blanco, es una experiencia que se podría clasificar casi de redención. La ausencia de efectos especiales impresionantes y de complejas tecnologías, que a menudo no están al servicio del cine sino que parecen ser obligatorias, permite reconciliarse con un tipo de cine que se alza como homenaje al cine de los inicios, una vuelta a los orígenes sin resultar por ello una película anticuada. Al contrario, La oveja Shaun es una película moderna, introduce incluso numerosos guiños precisamente a la modernidad. Su humor enteramente visual, sin la presencia de diálogos ni palabras entendibles, es claramente heredero del slapstick, de las comedias de Keaton y Chaplin.

Es cierto que esta película resulta más infantil que las predecesoras del mismo estudio. La trama es más blanda que, por ejemplo, la de Chicken Run y la ausencia de diálogos suaviza la acidez verbal a la que nos tenían acostumbrados. Pero que nadie se equivoque, ésta no es una aburrida película para niños. Es posible encontrar en ella numerosas referencias cinéfilas y culturales que pueden hacer divertir cantidad a un público más adulto: Taxi Driver, Breaking Bad, Lobezno, Hannibal Lecter, The Beatles... están ahí si quieres encontrarlos.

La oveja Shaun: La película (Shaun the Sheep: The Movie)

En las salas de cine comerciales, antes de la proyección suelen pasar tráilers de películas susceptibles de seducir al público que ha pagado entrada para el film que se proyecta. En este caso, se proyectaban tráilers de películas de animación para público infantil. Equivocación, pues como hemos mencionado antes, no es sólo un público infantil el que puede disfrutar las películas de Aardman. Y todavía más equivocación, puesto que estos tráilers sugerían películas industriales, que perpetúan los valores comerciales por encima de cualquier otra voluntad de expresión.

Reírse de un pastel en la cara, reírse con el ingenio surrealista para salir de situaciones absurdas, reírse con disfraces que pasan absurdamente desapercibidos... Se reían los primeros espectadores del cine, se ríen los niños, y nos seguimos riendo todos de comprobar que el poder del cine ingenuo y sencillo sigue intacto.
7/10

Crítica de Lost River

18.4.15 redacción
Lost River
Después de ver Lost River, muchas cosas se le pueden echar en cara al sr. Ryan Gosling, pero lo que no se le podrá negar, es que tiene un buen par de “bemoles”, y los tiene no sólo por adentrarse en el campo de la dirección cinematográfica (algo de lo que suelo desconfiar mucho viniendo de cualquier intérprete que no se apellide Eastwood), sino además, por hacerlo con una cinta tan poco convencional como ésta, bastante alejada del target que muchas de sus admiradoras esperan de él, suponiendo un valiente salto al vacío por parte del, hasta ahora, actor. Seamos claros, el debut de Gosling tras las cámaras se va a ganar muchos y furibundos odios, y no es que no estén justificados (la película es terriblemente irregular), el problema es que la mitad de los mismos vendrán por los sempiternos lugares comunes del espectador más acomodaticio, a saber, “pretencioso”, “aburrida”, “absurda”, y un largo etc (algo similar a lo que ocurría hace escasos meses con la notable Under the Skin), obviando en dichas valoraciones el arrojo que tiene para un debutante crear una obra similar viendo el horizonte actual norteamericano, un trabajo que no sigue los derroteros narrativos comunes e imperantes y que se acerca más (por momentos, de forma mimética) a los universos retorcidamente oníricos/paralelos/sexuales del sr. David Lynch (no entiendo cómo muchos se empeñan en ver paralelismos inexistentes con el cine de Winding Refn, y obvian el de Harmony Korine o, incluso, el de Terrence Malick), aunque, desgraciadamente, con resultados bastante alejados a los que nos tiene acostumbrados el cineasta de extravagante peinado (o cualquiera de los otros).

En el fondo Lost River no deja de ser un cuento infantil de cama (aunque excesivamente consciente de sí mismo) que narra la historia de un decrépito pueblecito imaginario (ambientado en los suburbios de Detroit) donde una familia, formada por una madre y sus dos hijos, está dispuesta a hacer lo necesario para que no derrumben su casa, desde robar cobre enfrentándose a los matones del barrio, hasta enrolarse en un oscuro submundo de perversiones macabras, llegando a descubrir una ciudad sumergida e intentar librarla de la maldición a la que está sometida, con “princesa” y todo de por medio. Si tal amalgama de temas os parece esperpéntica, no es de extrañar, ya que la película transita por terrenos muy bizarros durante muchos de sus minutos, sobre todo, a partir de que su única línea narrativa se divide en dos (con una de ellas resultará imposible no pensar en ciertas escenas de Terciopelo azul) creándose esa dicotomía habitual entre el bien y el mal (en el fondo no deja de ser una simple reflexión sobre los seres humanos), pero sin afectar a la legibilidad de los ejes narrativos principales, sino a la conexión entre ciertos hechos y del propio sentido de los mismos, otorgándole a la exposición de las acciones acaecidas un halo de irrealidad, inevitablemente reforzado por este uso de la narrativa (sempiterno Lynch), pero que por desgracia, acabará derivando en unos últimos 15 minutos que rozan el despropósito incluso para una propuesta tan abierta como ésta.

Lost River

Pero más allá de excesos argumentales, Gosling realiza formalmente cosas con cierto interés, como el uso del espacio, con un evidente paralelismo entre la destrucción física del barrio (derrumbe de hogares) y el de las esperanzas de muchos de sus habitantes, o el decorado del sórdido club (Terciopelo azul again), dejando entrever cierta crítica a la sociedad americana, así como ciertas soluciones narrativas aplicadas (el peso de lo emitido por TV en cierta conversación). El problema aparece cuando descubrimos que estos recursos están tomados de los cineastas citados anteriormente, pero no a modo de homenaje o referencia, sino directamente de mímesis formal, tomándolos y plasmándolos tal cual, con el agravante, que muchos de ellos son vaciados de contenido, ya sea por torpeza de amateur o por desconocimiento de la profundidad de los mismos (las mixturas sonoras, tomadas del cine de Lynch, no guardan la misma importancia escénica/ambiental/narrativa) dejando la inevitable sensación de esteticismo vacuo. A excepción del color, dónde el acierto es pleno, ya que si existe un auténtico vencedor en la propuesta de Gosling, sin duda es su director de fotografía, Benoît Debie, el cual debería empezar a sonarnos a la mayoría, ya que como leí hace un par de días en un tweet “lleva tiempo con la polla fuera” creando algunos de los trabajos cromáticos más interesantes de la última década (Enter the Void o Spring Breakers, entre otros) y consiguiendo en esta ocasión otro más que añadir a su fantástica lista, mediante multitud de recursos (el uso del magenta o de la luz rebotada en ciertas escenas es alucinante) que refuerzan la idea de fábula, entre real/irreal y consciente/inconsciente, dejando claro cuál era el único y auténtico motor del film.

Tal vez Gosling en próximas películas acierte a pulir todos los errores que, en cierta manera, lastran su debut tras la cámara y consiga hacerse un hueco en esto del cine, pero alejado del panorama de jóvenes directores industriales norteamericanos, como alguien con voz propia a la hora de exponer sus inquietudes fílmicas. Tal vez, o tal vez siga viciando sus futuros films con una mal entendida (y ejecutada) fórmula formal y narrativa. Cuestión de tiempo saberlo, pero hasta entonces, seguiremos de cerca sus propuestas venideras, ya que pese a que el resultado de Lost River es desgraciadamente negativo, se puede entrever a alguien que a la hora de dirigir una película no sigue a rajatabla los trasnochados caminos estéticos marcados por la actual industria Hollywoodiense, y que se preocupa por un uso de los recursos formales con cierto sentido (aunque éste venga marcado por la previa utilización que le dieron sus nítidos referentes), y eso, aunque no sea mucho, ya es más de lo que la mayoría de debutantes a día de hoy ofrecen. Algo es algo.
5/10

Estrenos de la semana (17 de abril)

Liam Neeson
(Liam Neeson ya no necesita mirar dónde dispara)
Se aparte todo el mundo, que vuelve la dupla Collet-Serra - Neeson. Por tercera vez consecutiva se reúnen el catalán y el héroe de acción para una más de ese subgénero que es el cine de Liam Neeson (Una noche para sobrevivir se llama esta vez), y todo intento de arrebarles algo del reclamo comercial que se espera de ellos será contrarrestado a base de tortas, gentileza del Zeus irlandés. Pena, porque cosas interesantes sí hay.

Como Lost River, que marca el debut en la dirección del hombre más deseaso del momento: Ryan Gosing- El actor de Drive prueba suerte tras la cámara colocando frente a ella a Christina Hendricks, Saoirse Ronan, Iain de Caestecker, Matt Smith, Eva Mendes, Ben Mendelsohn y Barbara Steele, en un drama fantástico punto sobrenatural que se obsesiona con una serie de referentes a los que no acaba de homneajear como esperaría, la verdad. Pero la intentona, interesante es. ¿No?

La mecánica del corazón
Vale, pues ahora en serio: no os perdáis Regreso a Ítaca, porque es lo nuevo de Laurent Cantet, y sólo eso ya es decir más que suficiente para apostar sobre seguro con este drama ambientado en Cuba cargado de un sentimiento de añoranza que cala hondo. No la hemos podido ver, pero ponemos nuestras dos manos en el fuego por ella.
Desde luego, es la apuesta gala de mayor interés y con diferencia, pues el drama sobre gitanos y religiones titulado Clan salvaje (de Jean-Charles Hue) apunta a irregular y moralista más que a otra cosa, y para cintas de animación como La mecánica del corazón (que ahora sí, por fin, se estrena), ya tenemos una alternativa mejor.

En concreto La oveja Shaun: La película, con la que Aardman Animations se marca un esperadísimo retorno quizá por debajo de sus anteriores joyas (Wallace y Gromit, ¡Piratas!), pero en todo caso de notable para arriba.

Quedan dos propuestas peninsulares: una española, Little Galicia (comedia romántica de la que huiremos hasta que alguien nos diga lo contrario); y la mucho más interesante E Agora? Lembra-Me, documental de Joaquim Pinto que retrata su propia lucha contra el Sida y la hepatitis C, y que allá por 2013 se llevó los premios del jurado y de mejor película en Locarno y Valdivia respectivamente.

Y una israelí, estimulante comedia negra sobre la vejez (esto va de un grupo de amigos de una residencia de ancianos de Jerusalén que construye una máquina para practicar la eutanasia, ahí es nada) que salió de Venecia con el premio del público, y de la Seminci con la Espiga de oro a la mejor pelíula y el premio a la mejor actriz.

¿Veis que no todo va a ser Liam Neeson repartiendo leña?

Etiquetas