PelículaXaviCarlosMargaBraceroIván
A Esmorga☆☆☆
Astérix: La residencia de los dioses☆☆☆
Calabria☆☆☆½☆☆☆½
Cautivos☆☆
Citizenfour☆☆☆½☆☆☆☆
Convicto (Starred Up)☆☆☆½☆☆☆½
El año más violento☆☆☆☆☆☆☆☆
El capital humano☆☆☆½☆☆☆☆☆☆½
El francotirador☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆
El libro de la vida☆☆☆
El maestro del agua☆☆☆
Fast & Furious 7☆☆☆½☆☆☆☆
Focus☆☆½
Foxcatcher☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆☆
Fuerza mayor☆☆☆☆½☆☆☆☆
Gett. El divorcio de Vivianne Amsalem☆☆☆☆
Güeros☆☆☆☆
Interstellar☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆½☆☆☆½
La canción del mar☆☆☆☆
La isla mínima☆☆☆☆☆☆☆☆½☆☆½☆☆☆☆½☆☆☆
La oveja Shaun: La película☆☆☆½☆☆☆½
La sal de la tierra☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
La teoría del todo☆☆☆☆☆½☆☆☆
Las altas presiones☆☆☆½
Lazos de sangre☆☆☆
Lost River☆☆½
Mandarinas☆☆☆☆☆☆
Maps to the Stars☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆☆☆½
Minúsculos: El valle de las hormigas perdidas☆☆½
Nightcrawler☆☆☆½☆☆☆☆☆☆½☆☆☆☆
Pasolini☆☆☆½☆☆☆
Pos eso☆☆
Pride (Orgullo)☆☆☆
Sexo fácil, películas tristes☆☆½
Siempre Alice☆☆½☆½
The Imitation Game (Descifrando Enigma)☆☆☆½☆☆☆☆☆☆
Timbuktu☆☆☆☆☆☆☆☆
Vengadores: La era de Ultrón☆☆☆☆☆☆☆½

Tráiler oficial del remake de Point Break (Le llamaban Bodhi)

Point Break (Le llamaban Bodhi)

Si en 1991 el nombre de Kathryn Bigelow saltó a la palestra de la industria cinematográfica, pese a llevar ya 3 películas a sus espaldas, fue sin duda por Point Break (aquí, de nuevo gracias a los magos de las traducciones, Le llaman Bodhi), uno de los referentes del cine de acción a principio de dicha década, dónde se mezclaban el surf, los atracos a los bancos con caretas de presidentes y un tridente protagonista, en aquella época, demoledor: Patrick Swayze, Keanu Reeves y Garey Busey (sí, él). Y como no podía ser de otra forma debido al relativo éxito que cosechó en su momento (y a la alarmante escasez de ideas de la industria Hollywoodiense en las últimas décadas) alguna mente "pensante" ha decidido rodar su remake, y lo que es peor, con una pinta bastante "dudosa", no tanto por las imágenes que se ven en el trailer (nada nuevo bajo el Sol), sino por los responsables de dicha actualización: dirigiendo Ericson Core (encargado de aquel "telefilm" llamado Invencible que versaba sobre fútbol americano y protagonizado por Marky Mark), y capitaneado por Luke Bracey (La conspiración de noviembre) y Edgar Ramírez (El ultimátum de Bourne, Líbranos del mal). Ah, y por supuesto, en 3d. Se estrenará en pantallas norteamericanas en Diciembre de este año. A echarse a temblar



PD: A los responsables del nuevo doblaje del film original lanzado con su edición en dvd, le deseamos desde aquí, todos los males habidos y por haber.

Crítica de The Human Centipede III: The Final Sequence

The Human Centipede III: The Final Sequence
No, si la culpa es nuestra. De todos, ojo, que aquí pillamos por igual unos y otros: al menos, quienes en su día nos dejamos engañar alegremente por un tal Tom Six, cineasta desconocido a quien dejamos que sus cuatro árboles mal puestos disimularan el bosque que se veía al fondo. Y que quizá ofrecía el desolador panorama que nos hemos ido encontrando desde entonces. En su día The Human Centipede nos revolvió a todos tanto, nos impactó de manera tan inesperada, que ni siquiera nos preocupamos por saber si detrás del gran invento del ciempiés humano, cumbre del cine gore y de la serie Z, había algo más: en concreto, una película. ¿Sabe alguien de algún valor cinematográfico que pudiera contener la cinta, más allá de su escabroso reclamo? No, y como la mayoría no la hemos desempolvado para comprobarlo, ahí quedó: como hito friki-gruesome-lo-que-sea, como recuerdo y nuevo clásico del género... al que siguió una primera gran hostia en forma de The Human Centipede II: Full Sequence. Ahí, el tal Six se vino arriba, y se lio con un discurso metalingüístico que no llevaba a ningún sitio, salvo a la exaltación de un ego que se ha descubierto mortalmente afectado de autofagia. Al final este ciempiés de películas se ha comido a sí mismo, y lo peor de todo es que, de paso, ha vomitado el resultado sobre nosotros. Y es que The Human Centipede III: The Final Sequence puede catalogarse, tranquilamente, entre las peores películas que jamás se han hecho.

Y es que lo suyo es inenarrable, el peor ejemplo imaginable de chicle estirado. Después de una historia cerrada a la que se le quiso forzar una dudosa (por soporífera, entre otras cosas) primera continuación, en forma de obseso con la película que decide recrear los actos vistos en pantalla, volvemos a las andadas con exactamente la misma excusa argumental, ya de por sí digna de un cortometraje y poco más, con tan sólo una diferencia: primero fue un parking, ahora, una cárcel. Ahora bien, la esperanza, por parte del espectador, era doble. Y por tanto, la engañifa ídem. Por un lado se esperaba que Six hubiese aprendido de sus errores, prueba de ello el abandono del pedante blanco y negro del segundo ciempiés. Por otro, se daba por sentada una compensación por los daños anteriores en forma de festival cafre sin parangón: ¡se nos prometió un ciempiés humano con cien personas! ¡Y con la recuperación del mad doctor de la primera entrega!

Nada. A tomar viento.

The Human Centipede III: The Final Sequence

Con unas ínfulas que ni el mismísimo Dupieux, el ¿cineasta? propone una nueva estafa en la que, básicamente, recupera su altivo discurso metalingüístico sin cambiarlo demasiado (oh, sí, los presos que se tragan –nunca mejor dicho- esas películas sin posibilidad de queja representan al espectador enjaulado que bla bla bla), ni mucho menos elevarlo del nivel de tierra por el que circula en todo momento, pero sí dando una vuelta de tuerca a su onanismo: ahora hasta se dedica una absurda presencia frente a las cámaras. El argumento desaparece por completo en pos de dos personajes que se limitan a gritarse el uno al otro (nada más), con la presencia de una tercera (actriz porno, por cierto) a quien maltratan de manera constante. El objetivo es el mismo de siempre: incomodar al espectador. Pero esta vez se busca por la peor vía de todas, pues se le incomoda por pura molestia. El griterío de un insufrible Dieter Laser acaba siendo exasperante, y para su desgracia, inversamente proporcional a las barrabasadas que dice y/o hace, que tan sólo remueven cuando de una castración toca tratar. Unos segundos de chicha y, por lo demás, este The Human Centipede III es un inofensivo, decepcionante, vacío muestrario de mal gusto cinematográfico: fea, mal hecha, peor contada, sin intérpretes, ni ritmo, mal hablada... literalmente, no tiene Ninguna Gracia.

Pero claro, uno espera y espera, pues antes o después llegará el dichoso ciempiés. Espera un minuto, espera diez, espera treinta. Y apenas si se menciona más que para mentar una y otra vez las ediciones en DVD de las dos películas anteriores. Siguen pasando los minutos, con a lo sumo un par de escenas de violencia festiva, que no nos engañemos, es lo que hemos venido a ver. Se llega a la hora de metraje y los griteríos ya están colmando la paciencia -Oh, mirad, Eric Roberts haciendo un cameo-. Es a la hora y veinte cuando por fin se empieza a proponerse la idea de la dichosa creación de la aberrante cadena humana. Esto es: a falta de unos 15 minutos para el final, dedicando a la obra final un par de minutos. The Human Centipede III: The Final Sequence es un timo en toda regla.

¿La última broma de Tom Six? ¿La lápida definitiva para su tumba? No es fácil entender las motivaciones de semejante decisión suicida, pero desde luego, si la idea era echar por tierra cualquier atisbo de credibilidad que pudiera quedarle, lo ha conseguido a las mil maravillas. El suyo es uno de los productos cinematográficos más feos que existen, tan lamentable como para no valer la pena siquiera por mera curiosidad malsana: ¿Tan mala es? Sí, tan mala, no hace falta ni que la veas. Carece de humor, carece de auténtica mala leche, y huye de cualquier atisbo de complicidad con el espectador, en pos de un gratuito y muy desagradable ataque para sus sentidos. Y esto hace que uno se pare a pensar: ¿y si en verdad el primer ciempiés también era una basura como las dos que vinieron después? Quizá en el fondo, a la trilogía le ocurra lo mismo que la creación del doctor loco: hay una cabeza, hay un culo, pero el intestino es el mismo. Lo que come uno lo caga el otro, pero si en algún punto algún eslabón de la cadena vomita, la mierda acaba volviendo a su punto de origen. O quizá haya que echarle la culpa a Kubrick, siendo el protagonista de esta aberración cinematográfica un claro homenaje al icónico sargento Hartman de La chaqueta metálica.

Lo que está claro es que esta basura no tiene perdón de Dios.
0/10

Fallece Vicente Aranda


Pues nada, sigamos perdiendo progenitores cinematográficos. Sigamos con esta carrera cada vez más vertiginosa de pérdidas. De pérdidas de las que hacen mella. De las que dejan huérfana a una generación, o a dos, o a tres; a una industria, a un arte, y a una denominación de origen. Ha muerto uno de los grandes. Ha muerto Vicente Aranda. A los 88 años se apaga su luz, una luz que iluminó el cine español desde mediados de los 60, con aquél Brillante porvenir (que dirigía en colaboración con Román Gubern) un pelín regulero en su puesta a punto, pero con toda la intención del mundo. Era la piedra miliar de una personalidad irrefrenable, siempre dispuesta a retratar a la sociedad española, su historia, e incluso, jeh, su porvenir (ocurría con Fara morgana, su siguiente y mucho más arriesgada película), y a atizarle algún que otro tortazo. Una filmografía de lo más variada en la que también tuvieron cabida otros discursos, en ocasiones (no pocas) próximos a géneros eróticos (Clara es el precio), pero siempre con un objetivo entre ceja y ceja: remover al respetable. Iconos, revoluciones, obras maestras o meros entretenimientos como la ambiciosa Las crueles, la turbulenta La novia ensangrentada, Fanny Pelopaja, el díptico de El Lute (que sirvió para catapultar a Imanol Arias), la adaptación de Tiempo de silencio, o la desasosegante Amantes dan buena muestra de ello. A aquel tórrido triángulo amoroso entre Victoria Abril, Jorge Sanz y Maribel Verdú, seguirían más flirteos con varios géneros, aunque ya a niveles más mayoritarios: las icónicas La pasión tuca y Libertarias; Celos, quizá su último gran logro, y luego ya el progresivo descenso en forma de la lograda a medias Juana la Loca, la irregular Carmen, la ambiciosa pero fallida adaptación de Tirante el blanco, o una desastrosa Luna caliente que echaba un deslucido broche a una filmografía relevante como pocas para la historia del cine español. Siempre sujeto a enfrentadas opiniones, la muerte le ha sobrevenido a Aranda, cuando llevaba un tiempo retirado, escribiendo unas memorias que esperamos poder leer en breve. Mierda de año que llevamos...

Crítica de Nuestro último verano en Escocia (What We Did on Our Holiday)

Nuestro último verano en Escocia (What We Did on Our Holiday)
Marchando una feel-good movie más, venida de una industria propensa a ellas. Marchando, pues, una de tantas, de aquellas que se estrenan semana tras semana y que tienen buena suerte o no, según lo acertado que esté su Community Manager o su departamento de publicidad para hacerlas virales (que se lo digan a Pride (Orgullo)). Ahora es el turno de una película que, para mayor inri, recibe una traducción de lo más desafortunada por nuestros lares: What We Did on Our Holiday es fundamental para saber de qué va la cosa, a priori sobre una familia que se reúne para el 75º cumpleaños del abuelo; una familia compuesta por dos hermanos, uno envidiable sólo en apariencia, casado y con un hijo adolescente, el otro directamente en vías de divorcio, con tres hijos de diez años para abajo. Todos se reúnen y hacen como que son muy felices, para no darle un disgusto al anciano. La gracia reside en ese qué hicimos en nuestras vacaciones, en referencia a los habituales deberes que reciben los niños cuando vuelven al cole, y a la gansada que hacen los tres más pequeños justamente en este viaje, algo que desencadenará un pifostio de aquí te espero. Nuestro último verano en Escocia suena más a comedia romántica condenada al olvido. En fin, sea como sea, comedia sí es. De esas con moraleja, de sonrisa de principio a fin, amable como pocas... feel-good en toda regla. Oh, pero con una diferencia: respeta al espectador.

Y es que ya desde los primeros compases del film, sus directores y guionistas Andy Hamilton y Guy Jenkin dan a entender que no se van a relajar, no van a contentarse con seguir más raíles de los necesarios. Sí es cierto que la propuesta se adscribe a un determinado tipo de cine, y como tal no puede perder ciertos lugares comunes: nada en ella se pasa de rosca ni en lo sentimental, ni en lo cómico, ni en lo trascendental; y en cambio, todo suena más o menos, por haberlo visto en mil y un ejemplos similares (la pareja separada que decide hacer ver que está unida y feliz ya atufa). Pero la primera toma de contacto es, dentro de estos límites, fresca. El montaje es atípico, parece como si después de abrirle al espectador la puerta a una zona de confort (plano general de Escocia, donde sucede el grueso de la trama, a ritmo de violines) se la cerrara de golpe (brusco corte y cambio de escena y de música). La fotografía y puesta en escena, tan colorista una y ligera la otra como suele ser habitual en la comedia inglesa actual, alberga momentos de oscuridad. El guion describe personajes y situaciones habituales, pero luego se desmarca con brochazos de lo más inesperados. Y así, aunque sean meros chispazos los que alimenten lo inusual en ella, Nuestro último verano en Escocia genera un extra de interés en el espectador, que le corresponde con un plus de empatía.

Nuestro último verano en Escocia (What We Did on Our Holiday)

Y eso que en el fondo, las intenciones están ahí, más claras que el agua. Hamilton y Jenkin quieren hacer reír y emocionar a partes iguales, aleccionando de por medio y sin levantar ampolla alguna. Es lícito. Que lo hagan desde una posición ligeramente alejada del piloto automático, apostando por un humor que en ocasiones se torna surrealista; que aquí y allá se den acontecimientos cuanto menos inesperados, que le hagan estar a un pendiente de ver hasta dónde son capaces de hacerlo llegar; y qué demonios, que lo hagan de la mano de actores tan interesantes (y con tan atinada vis cómica –humor inglés, esto es) como son David Tennant, Rosamund Pike o Billy Connolly... sirve para que en este género tan plagado de ciegos, la que nos ocupa haga de tuerto. Si nada de todo lo que he comentado hasta ahora sirve para convenceros, ojo: tres niños de menos de diez años, y ninguno de ellos hostiable. Mejor prueba que ésta...
6/10

Palmarés Cannes 2015

Hace escasos momentos que se ha dado el conocer el palmarés de la 68ª edición del festival de cine más prestigioso del mundo, Cannes. El jurado presidido por los hermanos Coen, y formado por Rossy de Palma, Sophie Marceau, Sienna Miller, Rokia Traolé, Guillero del Toro, Xavier Dolan y Jake Gyllenhaal ha otorgado el máximo galardón, la Palma de Oro, al film francés Dheepan dirigido por Jacques Audiard, contra todo pronóstico ya que prácticamente en ninguna de las quinielas entraba la cinta del director de Un Profeta, desbancando así del mayor premio a algunas de las favoritas como The Assasin, de Hou Hsiao-Hsien, Carol, de Todd Haynes o Son of Saul, de Laszlo Nemes. A continuación la lista de ganadores:

Sección Oficial

- Palma de Oro: Dheepan, de Jacques Audiard.
- Gran premio del jurado: Son of Saul, de László Nemes.
- Premio del jurado: The lobster, de Yorgos Lanthimos.
- Mejor dirección: Hou Hsiao Hsien, por The assassin.
- Mejor interpretación masculina: Vincent Lindon por La loi du marche.
- Mejor interpretación femenina: Ex aequo: Emmanuelle Bercot por Mon Roi y Rooney Mara por Carol.
- Mejor guión:  Chronic, de Michel Franco.

Cámara de Oro

- Mejor ópera prima presentada en la 68ª edición: La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo.

Cortometrajes

- Palma de Oro al mejor cortometraje: Waves’98, de Ely Dagher.

 
También ayer por la tarde se otorgaron los premios mal llamados "menores" del festival, entre ellos uno de los que guardan más repercusión, Una Cierta Mirada, este año con un jurado presidido por Isabella Rossellini:

Una Cierta Mirada

- Premio ‘Una cierta mirada’ al mejor film: Hrútar, de Grímur Hákonarson.

- Premio del jurado: Zvzidan, de Dalibor Matanic.
- Mejor dirección: Kishibe no tabi, de Kiyoshi Kurosawa.
- Un cierto talento: Comoara, de Corneliu Porumboiu.
- Revelación: Ex aequo: Masaan, de Neeraj Ghaywan y Nahid, de Ida Panahandeh.

Quincena de Realizadores

- Mejor film: El abrazo de la serpiente, de Ciro Guerra.

- Premio SACD: Trois souvenirs de ma jeunesse, de Arnaud Desplechin.
- Premio Label a la mejor film europeo: Mustang, de Deniz Gamze Ergüven.
- Mejor cortometraje: Rate me, de Fyzal Boulifa. (Mención especial: The Exquisite Corpus, de Peter Tscherkassky).

Semana de la Crítica

· Largometrajes
- Mejor película: Paulina, de Santiago Mitre.

- Revelación: La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo.
- Premio SACD: La tierra y la sombra, de César Augusto Acevedo.
- Premio Aide Fundación a la difusión: Ni le ciel ni la terre, de Clément Cogitore.

· Cortometrajes
- Premio Discovery: Varicella, de Fulvio Risuleo.
- Premio Canal +: Ramona, de Andrei Cretulescu.


Premios paralelos

Premio FIPRESCI

· Mejor film Sección oficial: Son of Saul, de László Nemes.
· Mejor film Una Cierta Mirada: Masaan, de Neeraj Ghaywan.
· Mejor film Quincena de Realizadores o La semana de la crítica: Paulina, de Santiago Mitre.

Premio SIGNIS

· Mejor film: Mia madre, de Nanni Moretti.
· Menciones especiales: La loi du marche, de Stéphane Brizé (Sección oficial) y Taklub, de Brillante Mendoza (Una cierta mirada)



Palmarés vía Las Horas Perdidas 

La Importancia de El Doctor Frankenstein, de James Whale (1931), dentro de El Espíritu de la Colmena, de Víctor Erice (1973)


El texto que se ofrece a continuación ha sido extraído y transcrito de la excelente colección publicada por la editorial valenciana Nau llibres, titulada Guías para Ver, y de su entrega sobre El Espíritu de la Colmena, escrita por José Luis Barrera Calahorro, Adolfo Bellido López, José Javier Marzar Felici, José María Monzó García, Leopoldo Navarro Sánchez y Salvador Rubio Marco. En la web podéis conseguir ésta y muchas otras de sus excelentes publicaciones. Todo el mérito para ellos, y nuestro respeto al compartir estas líneas (ligeramente modificadas en su estructura para adaptarlas a cierta estructura  y empaque ante el discurso propuesto) e intentar promover esos hábitos de análisis cinematográfico que siempre han propuesto.

 
El arranque del El Espíritu de la Colmena está articulado al hilo de la proyección del film de Whale Durante esta proyección conoceremos a los personajes principales del relato: Fernando, las niñas Ana e Isabel, y su madre Teresa. Así pues, la historia del film ha sido introducida a través de la ficción cinematográfica, mediante múltiples rimas visuales: la pantalla cinematográfica del dibujo en los títulos de crédito, la pantalla que sirve para proyectar El Doctor Frankenstein y los límites del propio encuadre del propio film de Erice, que nosotros los espectadores, estamos viendo. La pantalla constituye, por tanto, una suerte de mágica ventana que introduce la historia de Ana en el momento en que se pone en contacto con la ficción de Frankenstein. Y al final de la película, será esta misma pantalla bajo la cual se encontrará el cadáver del maquis, la que marque el final de esta historia/ficción.


Desde la presentación que existe al inicio del film de Whale, se nos situará una “extraña historia” que va a transcurrir entre el límite iniciático de la vida y de la muerte, a través del hilo conductor de una niña y su fantasía. Durante su proyección Ana, junto a su hermana Isabel, va penetrando en ese mundo de ficción que para ella no se diferencia de la realidad. Esa tremenda y compleja realidad que vive Ana, a partir de la experiencia cinematográfica, la inquieta y la fuerza a interrogar a su hermana “¿Por qué la ha matado?, e Isabel responde “Te lo diré luego”. La visión de la película de Whale desencadena la aventura interior de Ana. Las secuencias del Doctor Frankenstein que introducen el relato van a quedar integradas en la estructura del film de Erice. La experiencia cinematográfica dispara la imaginación de Ana, quien no distingue entre ficción y realidad. Isabel es capaz de reconocer la experiencia fílmica como una ficción ajena a la realidad contestando posteriormente a su hermana “Porque en el cine todo es mentira”. Pero para Ana la ficción cinematográfica es “realidad”. Transformar la ficción en realidad y la realidad en ficción es el núcleo de la película (llegando a su máxima expresión en el reencuentro con el monstruo al final del film). Ana todavía es incapaz de distinguir ficción de realidad. Y la película el Doctor Frankenstein le generará los interrogantes más básicos sobre la vida y la muerte, la verdad y la mentira. Por el contrario, su hermana Isabel está introducida ya en el mundo de los adultos, un mundo estable de valores como bien/mal, autoridad/libertad, colmena/desorden social.
 
 
La secuencia de la proyección de El Doctor Frankenstein se cierra con un fundido a negro que nos lleva a la presentación del personaje de Fernando, creando una cierta conexión entre el monstruo de la película y dicho personaje. Su aparición en primer plano sirve de nexo entre ambas secuencias. La planificación de la misma es contraria a la utilizada en el cine clásico para una secuencia de tipo descriptivo: generalmente se parte de un plano situación (general) para continuar con planos de menor escala. Sin embargo, los planos que dominan en toda la secuencia son planos de escala más corta que deforman la imagen convirtiéndola en algo irreal y fantástico, que nos recordaría a la imagen del monstruo anteriormente vista. Así pues, estas imágenes tienen un marcado carácter abstracto y connotativo, por oposición a la función descriptiva y referencial que cabría esperar de la presentación de un personaje. La banda sonora de esta secuencia subraya la misma irrealidad y fantasía que la planificación (zumbidos de abejas y música con resoluciones abstractas)

En el camino de regreso a casa, Fernando puede escuchar la película que se está proyectando en el pueblo. Ya en su casa, el volumen de la banda sonora del film de Whale va aumentando a medida que la cámara se acerca al balcón al que ha salido el personaje. Sin embargo, si tenemos en cuenta la distancia existente entre el lugar donde se proyecta la película y la casa de Fernando, podremos deducir la imposibilidad de que se escuche con nitidez la música de la película. Este recurso sonoro refuerza el grado de subjetivación del relato, es decir, cómo en ciertos aspectos hay una intencionada voluntad de fracturar el naturalismo de la puesta en escena. Tras el plano entero de Fernando en el balcón, la cámara pasa a mostrarnos una serie de imágenes de El Doctor Frankenstein, que corresponden a la secuencia en que aparecen el padre y la niña. Estas imágenes son intercaladas con primeros planos de Ana, mientras ve la película. De este modo, se produce una identificación de Fernando y Ana con la acción de la película proyectada.

La escena en la escuela con el muñeco llamado Don José, que parece un ser incorpóreo, fantasmal, que es construido artificialmente a base de distintas piezas. De algún modo, se hace inevitable la comparación con el monstruo de la película, también construido a partir de diferentes órganos vitales (aunque carece de órganos sexuales, fruto de la represión de la época). También existen correspondencias entre las secuencias entre el maqui y la niña, con las acaecidas en la película de Whale. A saber, la similitud en el gesto de ambas niñas al entregar la flor/manzana, respectivamente.


En la secuencia de exposición del cadáver, en que Fernando acude junto a la Guardia Civil al lugar dónde se realizó la proyección. En esta secuencia, la acción cinematográfica regresa de nuevo al espacio donde había comenzado la trama central del film. Bajo la pantalla de cine se encuentra el cadáver del fugitivo. La reaparición de la pantalla parece cerrar un círculo que había empezado con la proyección de El Doctor Frankenstein. De este modo, el círculo que ahora se cierra parece indicar que la ficción ha terminado. A partir de este momento, Ana iniciará una nueva etapa interior, que volverá a cerrarse, al fundir su rostro con el del monstruo en la escena posterior del lago, y dónde el juego propuesto inicialmente por la hermana, se transmuta en realidad total.

El Espíritu de la Colmena es un film donde puede encontrarse una productiva reflexión sobre la naturaleza del cine como espectáculo. La proyección del film El Doctor Frankenstein de James Whale es el motor que desata el desarrollo de la historia. Su visión provocarán en la protagonista una profunda turbación que le lleva a formularse las mismas grandes preguntas que todos nos hemos hecho alguna vez. No es casual la elección de este film. El film de Whale, basado en la novela de Mary Shelley, constituye una profunda reflexión sobre la muerte y sobre el límite al que puede llegar el ser humano en su lucha contra la muerte. La novela refleja perfectamente los miedos de la incipiente sociedad industrial (de la era victoriana) al desarrollo creciente de la ciencia y, sobretodo, el miedo a su falta de ética, cuando entra a usurpar funciones supuestamente patrimonio de la divinidad y lo religioso.

El film de Erice traslada ese conflicto sociocultural que están en el seno de la película de Whale a la crisis que se desata en al término de la infancia, cuando el niño se encuentra en el umbral de un mundo, el de los adultos, que no comprende. Una crisis que, aunque se encuentra paradigmáticamente representada en ese etapa crucial de la infancia, es consustancial al ser humano de cualquier edad: el eterno conflicto entre lo que queremos creer y lo que no tenemos más remedio que creer, entre nuestra interiorización de lo que nos rodea y la inevitable imposición de su exterioridad , entre la ilusión y la realidad. No es extraño, pues, que la película de Erice invite al espectador, desde el primer momento, a identificarse con la desorientación de Ana. La pantalla cinematográfica parece así convertirse en una suerte de mecanismo desencadenante, de camino de aprendizaje del mundo (iniciático) o de recordatorio de una experiencia crucial que todos vivimos alguna vez. Igual que la pantalla del cine de pueblo en la que se proyecta el doctor Frankesntein es para Ana el desencadenante del cuestionamiento de la realidad y es también una guía para interpretar lo que le rodea y lo que le ocurre. El Espíritu de la Colmena es, así pues, una película sobre el cine (sobre todo el cine), sobre el influjo y la seducción que ejerce en nosotros.

Estrenos de la semana (22 de mayo)


Dios, fuera cuál fuera, sea lo que sea, se inventó los viernes y los convirtió en el día más definitivamente awesome de la semana. Y no es casual que en días como esos la humanidad reciba insospechadas bendiciones e inesperados regalos celestiales. Uno de esos es la ración de estrenos cinematográficos que cada semana acude puntual a su cita y nos deleita con nuevas sensaciones fílmicas, algunas de dudosa necesidad, otras trufadas de infinitas bondades. Suele haber de todo, pero por lo menos hay. Y este viernes en concreto lo que hay es variedad. Tanta como para que nadie se queje. Ni los que quieren ir sobre seguro y zamparse secuelas o remakes, ni los que se las dan de sibaritas y sólo meriendan cine de autor, ni tampoco los que sólo tragan producto cien por cien USA. Sí, vale, el nivel general es un poco bajuno, pero ojo a esas sorpresillas que se agazapan tras las cosas más golosas. Ahí hay vitamina y nutrientes para empezar sanotes el fin de semana. A por ello.


Lazos de sangre
Se sale Guillaume Canet por la tangente y pasa de su grupo de amigos minados por un puñado de pequeñas mentiras sin importancia al policíaco aplicado y resultón. De buenas a primeras, Lazos de sangre podría recordar a James Gray por su tono, temática, clasicismo e ítems argumentales. A poco que uno se pare a mirar se dará cuenta de que eso es porque dos de las cuatro manos que firman el guión -remakeando la francesa Rivales- pertenecen al autor de Cuestión de sangre. Así cualquiera. Y sin embargo la película sale bien sólo a medias. En su afán por mimetizar los grandes policíacos de los setenta a Canet se le olvida inventarse algo nuevo y a ratos incluso termina siendo una especie de homenaje a los homenajes a ese tipo de cine. Es decir, una copia de la copia. A pesar de todo la película es más que digna, agradable y entretenida, y termina sustentándose con firmeza gracias al aplomo tras la cámara de su director, a su buen gusto escénico y a un reparto lleno de caras conocidas. 
Lee la crítica de Lazos de sangre

La de Canet, por cierto, coincide curiosamente con Caza al asesino, como esa otro policíaco dirigido por un francés (aquí Pierre Morel) y con reparto internacional. La diferencia radica en que mientras la otra ya veis que es bastante digna, esta... bueno, tiene a Sean Penn como héroe de acción.
La cuota de secuelas y remakes la ponen esta semana Poltergeist, que sorprendentemente no ha sido recibida con abucheos, sino más bien con un puñado de críticas que, cuanto menos, le reconocen el respeto a su (mítico) referente, y Dando la nota. Aún más alto. Una continuación de la simpática comedia musical con Anna Kendrick donde un poco repiten todas (sí, también Kendrick) pero de la que dudamos -llamadnos escépticos- que conserve la frescura de su predecesora. Agarrémonos a Anna Kendrick.
Es figurado.
También de la parte alta de América nos llegan un par de propuestas más, Con la magia en los zapatos y Lo mejor para ella, pareja de dramas (con distinto grado de comedia) que pretenden resultar agradables y más o menos sentimentalizadas. Que de verdad lo resulten dependerá de la tolerancia que tenga cada uno hacia Adam Sandler y Kevin Costner, respectivos protagonistas.
Y luego está ¡Ups! ¿Dónde está Noé?, nueva película de animación alemana (os sorprendería saber la cantidad de esas que se estrenan) que, como de costumbre no va a trascender un carajo. Por lo menos en este país. Animales, Arca de Noé, respuesta germana a Madagascar, todo eso.

Así que una semana más, en fin, hay que confiarse a lo que trae el cine más autoral y las propuestas un poco distintas al grueso de novedades. Y hay cosas muy atractivas. Por ejemplo la autraliana 52 martes, drama maternofilial entorno a la adolescencia y el enfrentamiento a la edad adulta. O bien Retrato de familia, un estupendo drama costumbrista procedente de Singapur que narra la decadencia de una familia acomodada y la relación del hijo con la nueva señora de la limpieza filipina (ya hablamos de ello aquí, cuando los traductores aún no le habían puesto su infecta zarpa encima y la cosa se titulaba Ilo Ilo). O Corn Island, un minimalista drama georgiano donde un abuelo y su nieta se enfrentan a las lluvias que amenazan las cosechas de su pequeña isla... y a las milicias. Una película rigurosa, formalmente arrebatadora y finalmente desgarradora. Excelente. Si sólo podéis ver una, que sea esta.

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