¡Bruja, más que bruja!, crítica

¡Bruja, más que bruja!

Los hechizos de la Transición

¡Bruja, más que bruja!, dirigida por Fernando Fernán Gómez, se estrenó en 1977, y pronto adquirió el aura de película maldita, sin ser un fracaso en taquilla, pero tampoco un éxito. Dicha condición de joya perdida se debe más bien a su puesta en escena y a la locura que parecía invadir toda la película, que comienza con un montaje de los mejores momentos que vamos a vivir después, junto a la presentación de los actores, algo más propio de las teleseries. Además, Fernán Gómez se propuso rodar una zarzuela, con lo que el largometraje está trufado de momentos musicales de la España profunda, con canciones picantonas y cargadas de dobles sentidos.

Por si fuera poco, el argumento se las trae, pues cuenta la historia de un adulterio y de una pareja que recurre a una bruja del pueblo para que acabe con la vida del marido, a través de ojos de tritón y lengua de serpiente. Y no olvidemos que todo ello sucede entre canciones, humor, desnudos varios y una escena de sexo entre sacos de harina que es puro jolgorio.

Todos parecen pasarlo genial en esta película, que Sherlock Films distribuye nuevamente para disfrute de las nuevas generaciones y recuerdo de las anteriores. Muy a tener en cuenta a la actriz Emma Cohen, recientemente fallecida y que está espectacular en esta película, en todos los sentidos. Una rareza a descubrir, que se pasa en un suspiro y nos mantiene con una sonrisa en la boca durante todo el metraje. Hay que considerar que esta película se rodó tras la muerte de Franco y el fin de la dictadura española; de ahí el cachondeo padre y la libertad que rezuma la cinta.
Por Mario Parra

Election: La Noche de las Bestias: Crítica

Election: La Noche de las Bestias

La película que Donald Trump y Hillary Clinton verían juntos

La primera parte de la saga La Purga se estrenó allá por el año 2013, con un tremendo éxito de taquilla a nivel mundial, gracias a su irrisorio presupuesto y a un argumento muy interesante: en Estados Unidos, gracias a un nuevo sistema político, un día al año se permite cometer crímenes, incluido el asesinato, sin ninguna represalia, con el objetivo de que la población no se reprima y sigan sus vidas mucho más calmados el resto del año.

Ahora nos llega la tercera entrega, que podría formar un díptico con la segunda parte, al contar con el personaje interpretado por Frank Grillo y su viruela, que en esta ocasión forma parte del cuerpo de seguridad de una Senadora que, en caso de resultar elegida presidenta en las elecciones generales del país, promete acabar con la purga anual, ya que considera que los poderes del Estado sólo emplean dicha táctica para acabar con la población más pobre, y así aumentar la cuantía de los seguros y reducir el presupuesto en ayudas sociales. Por supuesto, el día de la purga, justo dos meses antes de dichas elecciones, se la juegan a la Senadora, que se verá con sus huesos en la calle para enfrentarse a todo tipo de malhechores y asesinos que no desean el fin de tan sana tradición.

En Election: La Noche de las Bestias, se apuesta más por la acción que por el terror, con los protagonistas enfrentados a todo tipo de salvajes y a un grupo armado que quiere acabar con la Senadora, financiado por los políticos que desean perpetuar la purga. De hecho, Michael Bay está entre los productores, por lo que en esta secuela contamos con más explosiones, más movimientos desquiciados de cámara y más chistes malos, con especial atención al afroamericano dueño de la tienda de comestibles. Sin embargo, el conjunto se deja ver, es entretenido y continúa fielmente la saga. Quizá la sorpresa se haya agotado con la segunda parte, pero ver a una adolescente disfrazada con un traje de osito de peluche motosierra en mano, seguirá valiendo el precio de una entrada.
Por Mario Parra

Money Monster: Crítica de Mario Parra

Money Monster

¡Enséñame la pasta... y la estafa!

Jodie Foster como directora siempre ha generado debate al centrarse en historias cercanas y humanas, en el individuo con problemas, y Money Monster no es la excepción, ya que toca un tema peliagudo y de rabiosa actualidad: un joven secuestra al equipo de un popular programa de televisión sobre Bolsa, pistola y bomba en mano, ya que ha perdido todo su dinero debido a un mal consejo financiero aportado por el presentador de dicho show. A partir de ese momento, vamos conociendo los hilos de Wall Street que causaron el desplome de esas acciones, por culpa de una empresa bursátil en concreto, cuyas malas artes significaron la pérdida de 800 millones de dólares para los inversores.

Aquí no interesan tanto las cifras como el drama humano de este joven, con un bebé en camino, que ha perdido su capital y se ve entre la espada y la pared. Conocemos así las relaciones entre los trabajadores del programa: el presentador, la directora, el productor, el equipo técnico..., que intentan contactar con la empresa para hallar la causa de la debacle, mientras la policía busca la manera de abatir al estafado.

El filme se centra en muchas líneas y no llegamos a conocer en profundidad a sus personajes, debido a sus múltiples caminos y su intención de cerrar todo bien, pero George Clooney es el alma de la fiesta y crea un personaje divertido e interesante, que maneja la función a su antojo. No obstante, se hubiera agradecido más mala leche en la película.

A destacar los momentos humorísticos de Money Monster, algunos conseguidos y otros fuera de contexto, más en consonancia con las redes sociales que con el desgarrador drama que nos cuenta, el cual al final aparece soterrado. Nos olvidamos de la catástrofe que viven miles de familias, pero el show debe continuar.
Por Mario Parra

Infierno azul (The Shallows): Crítica de Mario Parra

Infierno azul (The Shallows)
Los surfistas yankis deben morir

Blake Lively llega a una playa mexicana con la idea de practicar surf. En bikini. Con esa sinopsis, a mí ya me han convencido para comprar dos entradas. Sin embargo, no todo queda ahí, ya que tras unas cuantas olas, cuando se queda sola en el mar (es una hippy que ha abandonado la carrera de Medicina, con la idea de escapar tras el fallecimiento de su madre por una enfermedad), un enorme tiburón con más dientes que un odontólogo perturbado coleccionista, empieza a atacarla, ya que pretede hacer merienda-cena.

Desde ese momento, el filme, con unas preciosas imágenes (LIVELY!!!!!) del paradisíaco lugar, se convierte en algo menos de hora y media de la protagonista luchando por sobrevivir, a sabiendas de que en unas horas la marea subirá, mientras ella sobrevive en un pequeño arrecife, y sin veraneantes en la orilla, que aquello no es Benidorm.

Collet-Serra demuestra una vez más su manejo de la cámara, nos mantiene en tensión hasta el final, y pese a un tiburón CGI que parece sacado de la última Star Wars y un final algo flojo, la experiencia merece la pena. Spielberg puede estar satisfecho. Esperemos que Collet-Serra continúe dándole caña al género de terror. Y si no, para la secuela de Infierno Azul, le propongo contar con Liam Neeson, que se dirige a una playa mallorquina para acabar con la vida de un tiburón que se zampó a su hija. Sin armas. ¿Vamos a medias, Jaume?

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 7

Satánseacabó

Wind Walkers
Ya ha terminado la cuarta edición del Nocturna, que nos ha dejado un puñado de títulos de gran calidad a recomendar, cortos interesantes, así como clásicos del género imperecederos, pero mucho telefilme y película amateur que más valdría eliminar en futuros años; no obstante, la falta de patrocinadores y los recortes presupuestarios hacen mella y se nota, pero ahí estaremos los buenos fans, intentando darle un empujón al certamen y que no se convierta en un zombie.

El domingo es la jornada de los títulos menores, ya sin invitados, fuera de la competición oficial (cuyos galardones fueron casi todos a parar a Polder, de la que se oyen tanto halagos como bostezos, aunque ninguna opinión radical y decisiva), pero que siempre puede regalar algún filme sorprendente, aunque para eso hubo que aguardar hasta la noche, porque el primer pase de la tarde, con Wind Walkers, que le da una vuelta de tuerca a la leyenda del Wendigo, fue para echarse una buena siesta, una película para olvidar. En ella, un grupo de amigos cazadores van al bosque a pasar un fin de semana para cazar cerdos salvajes, pero un extraño espíritu les va cazando a ellos para convertirlos, básicamente, en zombies con más hambre que un vegano en Acción de Gracias. Una película sumamente aburrida, carente de ritmo, que hace perder la fe en lo bello del cine.

La tarde se ponía algo más interesante con el pase de Estirpe, filme español de ciencia-ficción financiado gracias a una campaña de crowfunding, que relata la historia de un cómic español de superhéroes de los años 60, que fue todo un revulsivo en su momento, por lo que en la actualidad, una productora decide rodar un largometraje sobre sus personajes. No obstante, el autor ha desaparecido y contratan a una abogada para que dé con su paradero. Lo mejor, los testimonios "reales" de gente como Nacho Vigalondo o Joaquín Reyes; lo peor, las imágenes que vemos de la película sobre el cómic y una dirección muy insípida. Se deja ver, pero tampoco es imprescindible.

The Dead Room
A la proyección de Estirpe la acompañó el cortometraje nacional Graffiti, uno más sobre un mundo postapocalíptico en el que seguimos a un joven solitario con perrete que desea saber si es el único que queda en el mundo. Muy largo y se le ven las intenciones a la legua; lo más interesante es la motivación del protagonista, que simplemente pretende pillar.

Lo mejor llegó a última hora, empezando por el corto Hard Workers, una dura reflexión sobre el mundo laboral y de las redes sociales, que no deja indiferente y cuenta con una factura técnica de buen nivel. El último largometraje que vimos fue The Dead Room, filme de terror neozelandés, del subgénero casas encantadas, pero esta vez en mitad del campo. Cuenta la historia de un grupo de cazafantasmas (una chica que puede ver a los espíritus y dos técnicos), contratados por una aseguradora para detemrinar si sus anteriores inquilinos dejaron la cabaña por mediación de los espectros o para cobrar el dinero del seguro. Con pocos medios, pero una atmósfera lograda, disfrutamos de cine de fantasmas deudor de los años 70, que huye de los sustos de volumen a tope para presentarnos una historia interesante y unos personajes bien definidos, pese a su escasez de localizaciones. Fue el colofón de una cuarta edición que, todo sea dicho, nos deja con ganas de que pronto llegue la de 2017. Hasta entonces, toca afilarse los colmillos.

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 6

Satán, cadáveres, fantasmas y Frankenstein: una noche de sábado cualquiera

Escalofrío
Llega el sábado y junto con él, los mejores títulos de la edición, a sabiendas de que el potencial público del festival Nocturna dispone de más tiempo libre para disfrutar de cine. Y así ha sido, con salas a rebosar y buenos títulos de ayer y hoy.

Sobre el ayer, la sala 2 disfrutó de una sesión de tarde de excepción, con la proyección de todo un clásico del fantaterror español de finales de los 70: Escalofrío, de Carlos Puerto, una de las primeras películas de ficción que trataron abiertamente el tema del satanismo y sus rituales, a través de la historia de dos parejas que, animadas por una de ellas, deciden pasar un fin de semana en la mansión rural de estos. Lo que promete ser una velada entretenida, acabará por revelarse de forma mucho más tenebrosa y escatológica. Un peliculón no demasiado popular entre los otros del género en la postguerra, pero que toca reivindicar y recomendar, por su argumento y valentía en aquella época rompedora tras décadas de opresión.

El largometraje fue acompañado por el cortometraje El último guión, cuya única valía es reunir en pantalla a tótems del género en España como Antonio Mayans, Lone Fleming o José Lifante, en una irrisoria trama con zombies templarios,a modo de homenaje a ese género y ese tipo de cine. Su reparto y el director, junto a uno de estos temibles templarios, presentaron la obra. Destila amor por ese género y esos intérpretes, pero poco más. También se presentó un documental sobre el filme Escalofrío, que ahonda en su significado, su éxito en taquilla o su rodaje, pero que desvela demasiado (incluso su final) para haber sido proyectado antes de la película en cuestión. Un toque de atención para el festival, oye.

Burke and Hare era la segunda película del cineasta John Landis dentro de la programación de este año. Su argumento, basado en una historia real, se centra en dos ladrones de mala muerte (Burke y Hare, claro) que se dedican a profanar tumbas para después vender esos cadáveres a las Facultades de Medicina, hasta que descubren un negocio mucho más lucrativo en la venta de cadáveres muy frescos, con lo que empiezan a asesinar gente. Una genial comedia negra que no ha llegado a pantallas españolas hasta este certamen, toda una pena, ante multitud de títulos mucho peores en las salas de cine, con las geniales y divertidas actuaciones de Simon Pegg y Andy Serkis (esta vez sin necesidad de cromas). Y hay que mencionar que Landis estuvo firmando autógrafos y sacándose fotos con el personal al término de la función, todo un detalle.

Expediente Warren 2: El caso Enfield
La clausura de la cuarta edición de Nocturna corrió de la mano (y la sangre) de Expediente Warren 2: El caso Enfield, secuela del título protagonizado por el matrimonio Warren, que siempre afirmaron fue la experiencia más terrorífica y auténtica que nunca vivieron, pese a tener un sótano con la muñeca Annabelle, ahí es nada. Dirigida de nuevo por James Wan, uno de los tipos que mejor mueve la cámara actualmente en el género, traslada el escenario a Londres, donde una madre soltera y sus cuatro hijos empiezan a ser amenazados por un ente que pareció haber habitado en su casa años atrás, para lo cual se servirá de la más joven de las niñas. Por cuestiones de embargo de críticas, sólo decir que nunca sabrás por dónde te va a venir el susto.

Patchwork cerraba la jornada a medianoche, a través de la historia de tres mujeres que una mañana se despiertan sometidas a una operación, formando parte del mismo cuerpo. Una especie de Frankenstein con medias de rejilla y tres mujeres al volante. Ayudándose unas a otras, tendrán que descubrir cómo han acabado de ese guisa. Una comedia de terror que, sin ser redonda, tardar en arrancar y sufrir altibajos de ritmo, culminó con buen sabor de boca, buen rollo y risas sinceras, la jornada sabatina. Una pena que se atisbe ya el final de la semana.

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 5

Los clásicos salvan la jornada

Camino
Un día más, a base de café y Red Bull, hemos aguantado estoicamente el viernes en Nocturna, que comenzó como en aquella famosa escena de Daniel Craig simulando ser James Bond en Casino Royale, con él desnudo, una silla y un cierto juego perineal, por culpa de Camino, protagonizada por Zoe Bell y Nacho Vidalondo. La película cuenta la historia de una fotógrafa galardonada que acompaña por la selva a un grupo de guerrilleros, que se encargan de llevar medicamentos a los poblados más pobres de la zona; sin embargo, la mujer descubre que su líder trafica con drogas y asesina a un niño a sangre fría, con lo cual es perseguida a muerte por toda la tropa y debe convertirse en una Rambo de melena rubia. Sin duda, una de las peores cintas vistas en el festival, donde los personajes hablan inglés o castellano por capricho del guión, todo está muy oscuro, los monólogos profundos de Vigalondo dan penita y sólo quieres que esa tediosa agonía cese. Al comienzo de la proyección, el cineasta Nacho Vigalondo salió al escenario a presentar, y dijo que, gracias a ese papel, pudo viajar a Hawai. Al menos él pudo sacar algún beneficio de la película.

Justo antes se proyectó el cortometraje español Cenizo, con unos efectos y recursos visuales de cómic muy logrados, pero con una historia maniquea y muy simple. Sin embargo, consiguió sacarnos una sonrisa.

No pudimos ver Cold Moon o Abduct tras la agonía de Camino (todos los films titulados así son, de hecho, bastante agónicos), pero nos libramos de una buena, según las palabras del público.

Un hombre lobo americano en Londres

La alegría, el momento más esperado de la jornada, en el que la sala estaba a tope, fue la proyección, junto con la entrega del premio Maestro del Fantástico a John Landis, de Un hombre lobo americano en Londres, una película que se conserva fresca, te ríes mucho, cuenta con unos efectos y maquillajes tremendos, y que hizo las delicias de todos los asistentes. Landis se mostró cercano y simpático en todo momento, e hizo un vídeo al público con la intención de mandarlo a sus colegas de fiesta Joe Dante y Mick Garris, cuyos nombres deberían sonaros.

Una lástima que, por la mañana, en un encuentro con el cineasta, éste dijera que los proyectos que le ofrecen no le interesan (muchas comedias y filmes de terror de baja estofa), y que las películas que querría hacer no quieren ser financiados por los grandes estudios, aunque guiones no faltan en su mesa. Esperemos que no tarde mucho en presentar nuevo filme, a ser posible en Nocturna.

Para cerrar la noche, la última proyección corrió a cargo de I Had a Bloody Good Time at House Harker, con la simpática presencia de varios miembros del equipo (director, guionista y actores), que lanzaron camisetas de promoción del filme al público, todo un detalle. Y lo cierto es que la película es muy festivalera, de humor socarrón, ligera y con muchos codazos de cercanía con el público. Una gozada, sin pretensión de ser un clásico del género, como las que deben cerrar una jornada de festival.

Y desde aquí nos gustaría recomendar uno de los restaurantes que tienen acuerdo con el festival para unos menús más baratos. Se trata del Old School Stakerock, ubicado en Calle Palafox 16, muy cerca de los cines del mismo nombre, donde puedes degustar unas maravillosas hamburguesas de buena carne y pan de cerveza negra, unas tartas caseras para chuparse los dedos de los pies o unas cervezas artesanales a muy buen precio, algo poco habitual. Todo ello en un ambiente distendido, rollo skater, y con un servicio amable y simpático a más no poder. Lo recomendamos al 100%.

Nocturna: Día 4

Luz de verano al final del túnel


Queen of Spades
La cuarta jornada supone el pistoletazo para el fin de semana y con él, los últimos títulos de esta edición de Nocturna, los más esperados y comerciales, tras unas jornadas anteriores con demasiados altibajos y títulos mediocres o alejados del género que nos dió de mamar. Pero un preestreno y las ganas de sesión golfa de juernes podían compensar el daño causado.

La tarde arrancaba con terror ruso de la mano de Queen of Spades, con la manida historia de unos chavales jugando a decir tres veces seguidas algún nombre random delante del espejo, para que acto seguido una especie de bruja demoníaca con más mala leche que Kaiku se los vaya cepillando uno a uno, no sin antes pegarles unos cuantos sustos. Lo más simpático del asunto es que ves a niños MORIR, algo que pocas veces se permiten los cineastas en una pantalla de cine. Tenemos algunos sustos baratos y una investigación por parte de un hombre, que sufrió la maldición en las carnes de su hijo, y todo parece más visto que el capítulo de Tenacitas de Los Simpsons, hasta que llegamos a un final donde el tipo que sobrevivió al mal, pretende exorcizar a la muchacha protagonista e introducir el espíritu vengativo en una rata, por compartir un 70% del ADN humano, un WTF! en toda regla, con un final loquísimo, que deja buen sabor de boca, sin haber presenciado un filme redondo ni mucho menos. Como demostraron las palabras del locuelo crítico de cine Carlos Pumares al finalizar la sesión, afirmando que "ahora cualquiera, con el digital, puede rodar una película, casi sin actores. A ese director alguien debió decirle que su película era una mierda". Escalofriante testimonio, amigos.

Antes de dicha proyección, pudimos disfrutar del corto Cambio, cuyo director ya había presentado un trabajo en una edición anterior del festival. Una obra breve y de la que más vale no descubrir demasiado ante el temor de desvelar su sorpresa. Tan sólo decir que cuenta con un genial acabado y que, pese a tratarse de un recurso trillado, salva más que bien los trastos.

Summer Camp
La jornada pegó un salto cualitativo radical con Summer Camp, dirigida por Alberto Marini, guionista habitual de Jaume Balagueró, y por lo tanto, conocedor como el que más del género de terror, de lo que nos enamora, vamos. Es una vuelta de tuerca a Rec, con un grupo de monitores americanos que llegan a España para dirigir un campamento de verano para niños. No obstante, hay algo en el agua, una sustancia que te convierte en un loco asesino ávido de sangre e higadillos, en un infectado de Rec, de hecho. Pero obviando su claro referente, la película es de lejos lo mejor del festival: terror, sustos, jóvenes medio lelos, garrulismo español, americanos asesinables, mucho humor, autoconsciencia y referencialidad... Un cóctel que es una maravilla; maldita sea, ojalá le vaya maravillosamente en cines. No os la perdáis, merece muchísimo la pena. Tras tanta castaña vista en este Nocturna, es un soplo, más bien un huracán de aire fresco para nuestra ajada alma.

Poco que decir del corto You're Gonna Die Tonight, presentado por buena parte del equipo. Se nota que su director, Sergio Morcillo, es un enamorado del terror y el slasher, y quería hacer un filme a mostrar en el extranjero, pero sus capacidades como director son limitadas, el acento inglés resulta horrible, todo está fatal explicado y no cuenta nada nuevo. Una profunda decepción, al igual que su primer cortometraje, Tus gritos me dan risa.

La noche culminó con la primera de las sesiones golfas, las películas proyectadas a medianoche, cuando nos convertimos en lobos y pedimos sangre. Pero The Hexecutioners, más que aullidos causó bostezos en una sala semivacía, con la historia de dos mujeres que trabajan para una empresa que gestiona suicidios asistidos, que son enviadas a una mansión para ayudar en su muerte a un anciano, lo cual oculta en realidad un ritual satánico. Una tv-movie con ínfulas, demasiado larga, videoclipera y poco inspirada. Una mala elección para este horario.

No obstante, llega el viernes y podremos aullar a John Landis y a la Luna llena, gracias a cierto hombre lobo americano de turismo por Londres.
Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 3

El cine con sangre entra

Patient
El tercer día, en el cual hemos vuelto a optar por la sala 2, dedicada al terror extremo y las propuestas más independientes y de nacionalidades más dispares, frente a las cintas de la sala principal (The Offering y Curse of Sleeping Beauty, que contaba con la presentación del equipo del filme), pintaba muy poco mainstream y no por ello menos interesante, con unos argumentos que prometían horas de entretenimiento y litros de hemoglobina.

El primer turno fue para Patient, acompañado del cortometraje Arcana, que guarda una conexión con el reciente filme La bruja, gracias a mujeres de mal vivir que comen ratas y vuelan; un corto simple pero resultón, con un estupendo maquillaje, efectos especiales efectivos (sic) y un buen acabado visual. En cuanto a Patient, relata la historia de una mujer que sufre de una extraña parálisis y se encuentra postrada en la cama de un hospital, con la única compañía de los médicos, su hermano y su sobrino. Sin poder moverse ni hablar, sufrirá unas apariciones fantasmales que reclaman su alma o la de su joven sobrino, como en aquel capítulo de Los Simpsons, claro. Lo que al principio parece muy de trabajo de facultad y algo tedioso, enseguida engancha gracias a sus efectos y su capacidad de sorprender con tan poco, ya que el 95% del metraje se desarrolla en esa única localización, la habitación de hospital. No va a ser un clásico del género ni ganará muchos premios, pero es refrescante y recomendable.

The Lesson
Por la noche tocaba enfrentarse a The Lesson, la historia detrás del refrán "la letra con sangre entra", donde unos chavales británicos en plena edad del pavo son secuestrados por su profesor de literatura, un sádico que querrá sacar lo mejor de ellos (a base de martillazos, claro está). Podría haber sido un filme divertido, gore o creativo, pero pasa por tres estados distintos, como el agua: un drama social sobre la falta de empleo en el país, la educación y el bullying; un torture porn con enseñanzas de por medio, y una moraleja con final romanticón que te deja con cara de bobo. Su extrema duración, algunas decisiones poco acertadas de guión (aparición de algunos personajes poco relevantes para el avance de la trama, esos planos dilatados que no cuentan nada), y el no conocer su propio camino, terminan por embarrar el resultado final.

Justo antes de esta última proyección, pudimos disfrutar de dos cortos: Exposure, breve pero llamativo y de fotografía potente, y Fairest of Them All, que habla veladamente de lo difícil de la amistad al compartir piso, con bicho de grandes colmillos de por medio, igual que cualquier conveviencia que se precie. Y el jueves arranca con una sesión más, la de madrugada, junto a uno de los estrenos más esperados de esta edición, el homenaje al subgénero slasher Summer Camp. Así son las cosas, y así se las hemos contado.
Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 2

Un día grisoscuromuynegro


Prisoner X
El segundo día del festival Nocturna, el primero como tal tras la inauguración y con los primeros títulos en competición por los galardones de la organización, ha resultado ser un tanto fallido, sobre todo considerando que este medio ha optado por "disfrutar" de los largometrajes proyectados en la sala 2, la pequeña, donde se presentan las propuestas más arriesgadas, extrañas y, en muchos casos, amateurs y carentes de presupuesto. Pero bueno, somos tipos duros y siempre puedes hallar obras de gran interés, joyas de culto escondidas para recomendar y charlar sobre ellas largo y tendido.

Pero ese no ha sido el caso de Prisoner X, la primera película de la tarde, que cuenta la historia de un hombre que sufre un accidente de coche y acaba metido en un búnker propiedad del gobierno estadounidense, ya que piensan que se trata de un terrorista árabe que pretende crear el caos en varios países. Éste tipo, llamado Ramiro, dice haber viajado en el tiempo junto a 99 hombres, pero sacarle una confesión será bien complicado. Una versión de Doce monos pero en marca blanca, que si bien cuenta con sugerentes interpretaciones, una buena fotografía y un acabado visual decente, su guión hace aguas por todos lados y nos obliga a estar cansados de ella a los 10 minutos del comienzo. Una película de la que nadie esperaba nada, y por eso mismo, nada ha aportado.

Harvest Lake
Mejor pintaba la siguiente sesión, con Harvest Lake, del festivalero y todoterreno cineasta Scott Schirmer, que en 2012 dirigió la maravillosa Found, acerca de un chavalín que descubre que su hermano mayor es un asesino, con todo lo que ello conlleva en la relación del pequeño con sus padres y con su entorno a tan tierna edad, y que en la pasada edición nos trajo su producción Headless, un spin-off de la primera cinta, que revolvió el estómago al más pintado. Pero en esta nueva incursión en Nocturna se pega el patinazo, con esta historia de un grupo de jóvenes que deciden pasar un fin de semana de drogas y lujuria junto a un lago, hasta que una de las chicas es penetrada dentro del agua por un bicho, y ésta pretende contagiar al resto de muchachos vía sexual, ¡pecadores de la pradera! Aunque el espíritu de Cronenberg pulule por estos parajes y la idea pueda resultar atrayente, el resultado está más cerca de esos vídeos caseros que hacías en el parque con tus colegas en los años 90. Tan sólo decir que los protagonistas se tiran casi media hora jugando al Verdad o atrevimiento junto a una hoguera, cuya única iluminación es el fuego, de forma que prácticamente no somos capaces de ver nada; de hecho, muchas veces no sabemos ni cuál de los chicos habla.

Una jornada decepcionante, pero se acercan los platos fuertes en próximos días, así que no nos pillarán desprevenidos. No obstante, aunque las películas hayan resultado aburridas, es necesario afirmar que el ambiente en el certamen es maravilloso y que con las entradas hay descuentos en consumiciones de bares y restaurantes en las cercanías del cine Palafox. Y es que, al final, nos encanta este rollo, tronqui.
Por Mario Parra

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