PelículaXaviCarlosMargaBraceroIván
'71☆☆☆½☆☆
Alma salvaje☆☆☆½☆☆☆½
Autómata☆☆☆☆☆☆
Birdman☆☆☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
BoyHood (Momentos de una vida)☆☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆½☆☆☆☆☆
Calabria☆☆☆½☆☆☆½
Calvary☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆
Chappie☆½
Citizenfour☆☆☆½☆☆☆☆
Corazones de acero☆☆☆½☆☆☆½☆☆½
Doble o nada☆☆☆☆
Dos días, una noche☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆
El año más violento☆☆☆½☆☆☆☆
El francotirador☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆
El hombre más enfadado de Brooklyn
El libro de la vida☆☆☆½
Ex_Machina☆☆½☆☆☆½
Exodus: Dioses y reyes☆☆☆☆☆☆½☆½
Focus☆☆½
Foxcatcher☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆☆
Fuerza mayor☆☆☆☆½☆☆☆☆
Interstellar☆☆☆½☆☆☆☆☆☆☆½☆☆☆½
Into the Woods☆☆☆☆☆
La conspiración de noviembre☆½
La isla mínima☆☆☆☆☆☆☆☆½☆☆½☆☆☆☆½☆☆☆
La sal de la tierra☆☆☆☆☆☆☆☆☆
La teoría del todo☆☆☆☆☆½☆☆☆
Maps to the Stars☆☆☆½☆☆☆½☆☆☆☆☆½
Negociador☆☆☆½
Nightcrawler☆☆☆½☆☆☆☆☆☆½☆☆☆☆
Orígenes☆☆☆☆☆☆½☆☆☆☆
Pasolini☆☆☆½☆☆☆
Pride (Orgullo)☆☆☆
Puro vicio☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆½
Relatos salvajes☆☆☆☆☆☆☆☆☆☆½
Selma☆☆☆½☆☆☆☆☆☆½
Siempre Alice☆☆½☆½
The Imitation Game (Descifrando Enigma)☆☆☆½☆☆☆☆☆☆
The Interview☆☆☆☆☆☆
Timbuktu☆☆☆☆☆☆☆☆

Combinado de La Casa (XXXII)

hoy...



- PARK CHAN-WOOK DEL OCHO -


(¡Cada viernes y domingo, un nuevo combinado!)

Estrenos de la semana (27 de marzo)

Por lo menos dos novedades destacables nos llegan en este primer viernes de primavera en el que, sin embargo, parece que el calorcillo aún se resiste un poco. Mierda. Pero al mal tiempo, buen cine. Así que ale, a meterse en una sala y ver estas dos propuestas interesantes. Una de ellas avalada por un Oscar (Mejor Documental del año según los Académicos) y la otra, una italiana, avalada por, erm, nosotros.
El resto de novedades, sin embargo, conforman un pequeño festival del meh. Varias propuestas comerciales aquejadas de un conformismo preocupante, un Inevitable Producto De Estas Fechas (pista: se acerca la Semana Santa) y otra que podría (o podría no) confirmar que el cine israelí, por lo menos el que nos llega por aquí, está en un buen momento.
¿No viene aún el calor?

Citizenfour
Vale, quizá no es el mejor documental de los últimos meses (ojito a maravillas como Tim's Vermeer, Rich Hill, Virunga o Manakamana) pero sí es uno de los que está generando más ruido, Oscar mediante. La periodista Laura Poitras hace equipo con Edward wikileaks Snowden y monta una de esas películas-manifesto que pretende formar parte de las hemerotecas futuras. Un referente al que acudir a la hora de conocer el zeitgeist de una época: en un mundo interconectado la información ya no es poder, sino moneda de cambio. Y a uno le pueden dar pasaporte por ella. Poitras y Snowden vivieron juntos Ese Momento (ya sabéis, ese en que el mundo occidental en general y la Agencia Nacional de Seguridad americana en particular se pusieron en jaque) y Citizenfour da el parte. Esperas, tensiones, revelaciones y conspiranoia muy, muy plausible en una película a la que le falta varios quilos de empaque cinematográfico (a ratos parece más un reportaje televisivo que otra cosa) pero que va sobrada de atrevimiento y riesgo.
Lee la crítica de Citizenfour

Calabria
Bien negra es el alma de esta película basada en el libro homónimo de Gioacchino Criaco -Anime nere en su original- y que, una vez más, nos recuerda que cuando se ponen los italianos no se muerden la lengua para retratar su sociedad (este año también lo ha hecho, en clave de comedia, la magnífica La mafia uccide solo d’estate). Una sociedad que sigue marcada por la existencia de las mafias, los trapicheos y las malas artes. Ese submundo que tan bien ha quedado retratado últimamente por Saviano, Garrone y el tercer pilar de la aventura Gomorra (la brutal serie de televisión), y que en manos de Francesco Munzi aporta nuevos detalles a un fresco realmente apestoso. Peliculón pues, no especialmente original, pero sí intenso, riguroso y desafiante. Y nueva muestra de aquello que os comentábamos hace unas semanas: este año el cine italiano está en racha. Aprovechémoslo.
Lee la crítica de Calabria

Ni Focus, ni Cenicienta, ni, desde luego, El nuevo exótico hotel Marigold nos dicen absolutamente nada. La primera toca las narices, porque es la tercera película de unos tipos (Glenn Ficarra y John Requa) cuyos dos primeros títulos eran la mar de divertidos. Pero nada, aquí se han vendido al mal, al capital y a Will Smith. Y han parido una cosa como muy anestésica. Cenicienta es Cenicienta. Por Kenneth Branagh, otro abducido desde hace varias películas por la estulticie del cine comercial menos inquieto y más alelado. Y todo ello bajo el auspicio de Disney (no sea qué). Añadiría más cosas pero sólo me salen gruñidos, como grunt. La tercera, El nuevo exótico hotel Marigold, es una secuela de aquella cosa que vimos hace unos años y que podríamos calificar de cine viejo con viejos y para viejos. No "tercera edad", no. Viejos. En aquella era todo apergaminado, y lo que no, apolillado. Así que podéis figuraros lo que debe ser una segunda parte.
Nos vamos a otro lado a buscar un poco de interés. Y no, no me refiero al Jerusalén de La espina de Dios, relato bíblico donde Jesucristo ni siquiera es superstar ni nada (y para más coña habla castellano, que la cosa es española). Sino a otra concepción de la misma tierra, la de Policía en Israel, un thriller con parte de drama y parte de análisis social que puede tener su qué.
Ya, salvando estos tres títulos no es un panorama muy alentador. Pero hey, podría ser peor, pensad que la semana que viene estrenan la nueva de Divergente. Ay.

Crítica de Calabria (Anime nere)

Calabria (Anime nere)
Por motivos ajenos a toda comprensión y contrarios a cualquier amistad con la lírica, se estrena por aquí con el anodino título de Calabria una película que en versión original fue nombrada, con toda la intención del mundo y respetando ya que estamos a la novela en que se basa, Anime nere (almas negras). Y es que sí, lo último de Francesco Munzi se enmarca en el mundo alarmante de mafias y famiglie en que se ha convertido Italia en general, el sur del país en concreto, y Calabria (de donde es oriunda la 'Ndrangheta) en particular. Pero si la cosa hubiese ido de pasteleros, en esencia, mucho no habría cambiado, pues con lo que se acaba quedando uno tras el visionado del film es con la sensación de haber acompañado durante unos 100 minutos a una serie de personajes ennegrecidos por dentro. Una sociedad, una serie de núcleos familiares y de individuos, irremediablemente condenados por haber sido afectados de lleno por la putrefacción a veces externa, a veces provocada. Y sí, obvio: el virus es el crimen, por lo que Calabria es una mordaz crítica a la gravísima problemática italiana. Pero es tanto o más una mirada profundamente pesimista al ser humano, dibujado como ser malo por definición (al fin y al cabo el crimen, organizado o no, es cosa nuestra) y sin demasiada redención por delante. Vamos, que Munzi gala tanto de Famiglia como de familia, con un denominador común: una raíz infecta. O lo que es lo mismo, un alma negra.

Para generar esa dualidad y dejar que sea luego el espectador quien decida hacia cuál de las dos dirigir su ira, la película no ofrece concesión alguna en su riguroso, exigente, contenido desarrollo. Deudora del fenómeno Gomorra, se aproxima a los personajes desde un hiperrealismo angustioso y desprovisto de embellecimiento alguno; los muestra en sus quehaceres diarios, y a su vez, a través de pinceladas que en ocasiones quedan en meros esbozos a desarrollar (el personaje de Carlos Bardem al inicio define a la perfección, sin margen a la interpretación, el fondo por el que se moverá la historia, pero hasta ahí y poco más llega su función) los enfrasca en el oscuro mundo, sin salida aparente, de la mafia. Situaciones ordinarias que esconden oscuras actividades paralelas, favores que no quieren nada a cambio, salvo..., o chiquilladas que se acrecientan por ir a buscar las pulgas a quien no se debe (como si hubiera alguien que sí en semejante panorama); caldo de cultivo para rosarios de Aurora, para decisiones parduzcas, pero comprensibles para el espectador: sin ir más lejos, la chicha argumental tiene como pistoletazo de salida la reunión de tres hermanos para defender el honor de su apellido y, por extensión, a sus seres queridos. No hay buenos ni malos, tan sólo tonalidades distintas de gris y negro.

Calabria (Anime nere)

Para que Calabria logre sumir al espectador en tan denso ambiente, despliega su armamento de manera tan gélida y emocionalmente desinteresada (por decirlo de alguna manera), como sosegada. Más que ocurrir, fluyen los acontecimientos; y más que provocarlas, las sensaciones brotan de manera natural, desde ese amargo poso en el que se encuentran. Munzi, elegante, sobrio tras la cámara, no tiene ningún interés en pisar el acelerador, y de ello su obra se nutre: crece desproporcionadamente sin que nadie se percate de ello, hasta eclosionar en un tercer acto de clímax, a su manera, trepidante. Y con ello, crítica perfectamente expuesta (cierta, y sobrevalorada, cinta norteamericana sobre dos hermanos neo-nazis tendría mucho que aprender de la que nos ocupa, en cuanto a exponer unas cuestiones no tan distantes como podría parecer), dilemas para el espectador generados con puntilloso acierto y, de paso, conclusión para darle al debate. Un debate que debería tocar tanto a la sociedad (italiana, pero no solo) como a la condición humana y el alma negra se que esconde en su interior.
7,5/10

Crítica de Focus

Mira que la cosa estaba yendo bien. Pero de repente, en virtud de esa tendencia hollywodiense generalizada de fagocitarlo todo para digerirlo y aplicarle una mano de jugo gástrico basado en la convencionalidad y la mera fórmula, algo se acabó torciendo. John Requa y Glenn Ficarra gozaban de un inicio de carrera prometedor: un debut fresco y original, la muy maja Phillip Morris ¡Te quiero!, y un segundo asalto que ponía las cosas aún mejores en el el terreno de la comedia por venir, esa notable Crazy, Stupid Love. En ambas ocasiones la pareja de realizadores en cuestión no derrochaban una gran personalidad ni asumían demasiados riesgos pero en cualquier caso sabían manejarse en su género y vehicular con solvencia un par de guiones de altura. Pero llegó Will Smith y su incipiente mala sombra y la cosa se fue al garete: el de Filadelfia pasó de la noche a la mañana -y por culpa de un descalabro horripilante llamado After Earth- de todopoderoso actor influyente a simplemente todopoderoso, y necesitaba recolocarse en el mapa a toda costa, a ser posible mediante un producto donde primara más el potencial comercial que la búsqueda de la calidad intrínseca. Y eso es más o menos Focus, un aparato de lucimiento puesto en marcha por una pareja de autores (también firman el guión) que parecen menos entregados a su propia causa que puestos al servicio de su pareja protagonista, el mentado y una Margot Robbie que dio el salto con El lobo de Wall Street y ahora parece querer quedarse por aquí una temporada. Poco más.

La excusa es la revisitación (que no reformulación, ni de lejos) de las clásicas películas de ladrones pícaros con romance de por medio. Citar a Cary Grant y Grace Kelly estaría fuera de lugar. Y el resultado es… exactamente el esperable. Nadie se parece atrever a alejarse ni un milímetro de la potencial fórmula del éxito y obviamente el balance final se resiente de ello. Salvando un par de giros de guión -bastante inverosímiles, por cierto- la película guarda pocas sorpresas reales y resulta predecible y equemática; eficaz en su propósito, sí, pero decididamente poco ambiciosa más allá de la pura superficialidad. Focus es un muestrario bonito y bien montado -pero mero muestrario al fin y al cabo- de gente guapa, cosas caras y objetos brillantes. Un nuevo pasatiempo sobre estafadores muy alejado en todos los aspectos de lo que lograba Steven Soderbergh con su saga de Ocean y una comedia de lujo con el interior hueco como un huevo de Fabergé. Sí, se pasa volando y no, no resulta ofensiva, pero lo cierto es que como comedia no es muy divertida y como película de pillos no es muy emocionante. Y como historia romántica que empieza a lo Pigmalión y termina como un Sr. y Sra. Smith tampoco regala grandes momentos ni una especial química entre sus dos medianamente correctos protagonistas.


Insisto, la película se ve con comodidad y se olvida sobre la marcha, con un margen de unos cinco segundos entre una cosa y la otra. Uno puede deleitar la vista con su apariencia de juguete caro (he dicho apariencia) y el oído con una banda sonora donde brillan un puñado de temas de corte soul, rhythm and blues y rock más o menos clásico. Y de vez en cuando la cosa se reserva alguna que otra gominola en forma de decisión de buen gusto escénico. Pero la verdad, siendo muchísimo más vulgar que sus referentes (el género siempre necesita de una chispa extra especial, aquí ausente), y funcionando con simple corrección en su vocación de entretenimiento, a uno le da por pensar. ¿Puede ser Focus una película tan coherente consigo misma que, hablando de ladrones y fuleros, represente de por si un pequeño timo de la estampita? Si esa era la intención, chapeau.

5/10

Crítica de Citizenfour

25.3.15 redacción
Citizenfour
Uno de los hechos más sorprendentes del avance de la tecnología es lo rápido que consideramos normales situaciones y dinámicas que hace pocos años ni existían. Internet, el móvil, los sistemas de geolocalización y las leyes aprobadas en un mundo post 11-S han hecho que muchos ciudadanos se acostumbren a sacrificar su privacidad y parte de su libertad a cambio de un poco de seguridad.

No sólo no protestamos cuando nuestra privacidad se ve reducida sino que nos ofrecemos voluntarios al publicarnos a nosotros mismos online. Y aunque sabemos que toda esa información que compartimos no se pierde en una nube, sino que queda guardada, analizada y usada con fines comerciales y políticos, tendemos a no pensar en ello y a seguir colgando fotos de sandwiches en Instagram o invocando a la revolución en Twitter.

Aun así, cada cierto tiempo algunos sucesos nos hacen reflexionar sobre lo que ocurre y lo que ello significa. Y esos sucesos son como una bofetada en la cara que dura días, si hay suerte meses, en los que todo el mundo parece preocupado por su privacidad. Por suerte, al cabo de un tiempo aparece una nueva app y todo el mundo parece olvidarse. El caso de Edward Snowden y la NSA es sintomático. Si preguntamos a la gente sobre ello pocos sabrán responder a qué nos referimos. Quizás sea tan horrible que no queramos ni pensar en ello, pero saber que hay agencias de espionaje pagadas de nuestro bolsillo que se dedican a recopilar, analizar discriminadamente todos nuestros movimientos online, llamadas telefónicas y pagos con tarjeta con el apoyo y colaboración de grandes empresas tecnológicas debería dar miedo. Y mucho.

Citizenfour

Lo que Citizenfour introduce es el desde dentro de los días posteriores a la filtración de Snowden y todo lo que sucedía al otro lado de nuestras pantallas. Mientras periódicos y televisiones nos informaban de cómo nos espiaban, Snowden y unos pocos periodistas, escondidos en un hotel de Hong Kong, nos mostraban las estrategias gubernamentales, los motivos y métodos de dicho espionaje.

Tendrá que pasar tiempo para saber si héroes contemporáneos como Edward Snowden, Chelsea Manning o Hervé Falciani se convierten en los nuevos Bernstein & Woodward, o para saber si Citizenfour es considerada la nueva Todos los hombres del presidente. De momento, el documental de Laura Poitras es un ejercicio periodístico y cinematográfico de altura, y si no nos hemos acostumbrado ya a vivir en 1984, se trata también de un documento histórico cuyo visionado debería ser obligatorio.
8/10

Crítica de Gett: El divorcio de Viviane Amsalem (Gett: Le procès de Viviane Amsalem)

Empezando por su mismo título, todo en Gett es pura austeridad y ausencia de artificio. Gett significa divorcio en hebreo y, por si no quedara suficientemente claro, el subtítulo nos avisa y deja poco margen de error respecto a que la cosa va de un proceso legal, el de la sufrida Viviane Amsalem. Una mujer que tras varios años de matrimonio fracasado decide dar carpetazo al asunto y pedir la separación legal ante un tribunal rabínico. El problema, que en virtud de una absurda ley proveniente directamente de la Torá un matrimonio sólo puede divorciarse en Israel si el marido da su consentimiento. En palabras más simples pero más directas: en ciertos aspectos la mujer es propiedad del hombre. Y este hombre en cuestión no está dispuesto a dejar escapar a su esposa quien, para colmo, no puede esgrimir argumentos de peso determinantes (como malos tratos), de modo que la situación termina alargándose en un agónico calvario de papeleo, vistas y entrevistas. Y la propuesta de los hermanos Elkabetz -Ronitz y Shlomi- resulta francamente valiente, habida cuenta de que la acción de la película no sale en casi ningún momento de las cuatro paredes que conforman la sala del tribunal: mediante prolongadas elipsis somos testigos de dicho proceso a lo largo de los años, acompañando a sus cuatro personajes principales (el matrimonio y sus respectivos abogados) a los tres rabinos encargados del caso y a toda la colección de testigos, amigos y familiares, que acuden a dar su visión. Y con estos elementos mínimos se manejan los directores.

Gett es una película de una mesura emocional extraordinaria. Perfectamente diseñada en su etapa de escritura, supone un viaje emotivo sin sobresaltos, sin acelerones, pero con una muy sabia disposición de los elementos narrativos (siempre dialécticos) basada en las subidas y bajadas de tensión. Su guión combina con muchísimo ojo distintos géneros y tonos, partiendo del melodrama de raíz social, pero sin renunciar a la comedia o, directamente, a la sátira. Los Elkabetz reflexionan entorno a la posición de la mujer en una sociedad aún contaminada de ciertos prejuicios religiosos, se cuestionan los roles y, por encima de todo, lanzan un furibundo -y universalizable- reproche hacia todos aquellos que se creen con la autoridad de coartar la libertad de terceros, especialmente si esos son mujeres: no se nos hace tan extraño, en realidad, extrapolar la situación y encontrarnos en nuestra propia sociedad situaciones en las que la mujer es privada de la autoridad sobre su propio cuerpo en operaciones de negación de libertades que, casualmente, también suelen capitanear los hombres. Como sea, los autores no buscan disimular su mensaje y consagran casi todo el peso moral de la propuesta a ello. Pero, como digo, no únicamente: Gett también se reserva su ración de ácido para verterlo, desde un punto de vista satírico, sobre la absurdidad casi kafkiana de ciertos procesos legales. No es raro ver cómo en ocasiones los propios personajes se muestran perplejos e impotentes ante la aplicación de ciertas leyes.


Todo ello está presentado desde una acentuada desnudez formal, fría y seca pero extremadamente estudiada y estilizada. Los colores se mantienen siempre en gamas frías y disponen choques entre blancos y negros. Sólo en una ocasión clave Viviane escapa de la paleta para vestirse de rojo. Los encuadres buscan equilibrios y juegan en varias ocasiones con el fuera de campo, condicionando lo que se nos muestra y lo que no. Buscando las reacciones o, simplemente, escamoteando ciertos personajes, una táctica cuya máxima expresión se encuentra justo al principio de la película, donde no vemos a la protagonista hasta que no han pasado unos cuantos minutos: ya se nos anticipa cuál va a ser la figura ignorada en toda esta historia. Todos los elementos están destinados, en fin, a dar la preponderancia necesaria a lo que se nos cuenta y a depurar el cómo se nos cuenta para quedarnos con el mensaje. Un choque de dos personas desigual e injusto: una Viviane que lucha a la desesperada por aquello que pertenece, interpretada con infinita fuerza por la propia Ronit Elkabetz(1). Y un marido, Elisha, que condensa en si mismo una gran confusión: esa que no termina de separar lo que es apego sentimental e incapacidad para aceptar el rechazo de lo que es egoísmo y pura crueldad motivada por el desespero. Es en Elisha, además, donde los directores terminan de certificar su gran sabiduría respecto al punto de vista: lejos de ser un ogro, un malvado de opereta o un maltratador repugnante, el tipo es una persona creíble, imbécil pero pacífico, cumplidor y responsable. De este modo los autores no le dan a Viviane una gran excusa para querer abandonarlo. Simplemente, quiere hacerlo; no hay amor y no hay respeto, y quiere hacerlo. De eso va esta estupenda película: no tanto de la necesidad de escapar como de la lucha por la libertad para poder hacerlo.

7'5/10
                                                               
(1) De hecho, la directora y actriz interpreta al personaje por tercera vez tras To Take a Wife y Los siete días, también co-dirigidas por los propios hermanos Elkabetz, y con las que Gett formaría una especie de trilogía sobre el fracaso de la institución familiar en el Israel contemporáneo.


Crítica de Fuerza mayor (Turist)

23.3.15 redacción
Fuerza mayor (Turist)
Ya desde su plano inicial, en el que un fotógrafo da indicaciones a una familia para que se coloquen en la perfecta posición para la fotografía-souvenir de su viaje a los Alpes, Fuerza mayor (Turist, 2014) deja claro que no es una película convencional. Grabado en un acurado plano fijo (que, como luego veremos, predominará durante todo el metraje) la escena muestra una situación en la que no sucede nada destacable, pero que lanza las primeras pistas del que será el tono de la película (el de un acróbata caminando en la cuerda floja que separa drama de comedia) y el discurso de fondo de la obra. El fotógrafo les indica cómo deben mostrarse ante el mundo: una hermosa familia perfecta, unida y inquebrantable (juntad las cabezas), en la que el padre protege (rodéalos con el brazo) y de la que la madre se ocupa felizmente (sonríe). Pero al juntar las cabezas, los cascos chocan y provocan hilaridad. ¿Es realmente la institución familiar tan indestructible como la pintan? ¿Debe el hombre responder al patrón de fortaleza con el que se le identifica? ¿Hasta qué punto cumplimos con los roles que nuestra sociedad nos dicta?

La premisa del argumento podría llevarnos a pensar que estamos ante un trabajo de estructura clásica tipo un suceso trágico desencadena una crisis de pareja ya que la sinopsis es algo así: “Un matrimonio con sus dos hijos pequeños se van de vacaciones a una lujosa estación de esquí para pasar unos agradables días en familia. El idilio se ve truncado cuando sufren una avalancha. Todos salen ilesos del accidente, pero el marido, en el momento de máxima tensión, ha escapado para intentar salvar su vida dejando a su familia atrás. A partir de ese momento ya nada volverá a ser lo mismo”. Pero la película va más allá, desarrollando un poderoso cuestionamiento de los roles sociales discurriendo por un terreno muy arriesgado de drama/comedia, en el que resulta completamente imprevisible y, al mismo tiempo, reveladora.

Fuerza mayor (Turist)

El drama de los personajes principales trascurre mientras interactúan con otros personajes que estratégicamente interpretan, cada uno de ellos, una función: la mujer que vive la familia y la maternidad de una forma distinta, con libertad e independencia (Oposición). La pareja joven que al conocer la historia primero ríen, y luego reproducen el mismo conflicto (Identificación). Incluso el vigilante del hotel que los observa desde lejos sarcásticamente (Juicio externo). Así, los secundarios juegan el papel de contrastar con los protagonistas adoptando posturas que podrían ser las del espectador frente a la propuesta de la película.

El director Ruben Östlund fue en sus inicios director de películas de esquí (y también ha dirigido los largometrajes Play y Involuntario que no se han estrenado en España). Esta experiencia se ve reflejada en Fuerza mayor en el modo en que filma las escenas de la familia esquiando. Su composición de los planos y la elegancia de la técnica hace que el ejercicio de los personajes se convierta en una delicia estética. Pero no sólo se luce en las secuencias de descenso por la nieve, al contrario, todos los planos de la película demuestran un gran conocimiento de la composición y un interés por buscar perspectivas inéditas. También su tratamiento del sonido y de la música destaca por su originalidad, con un leit-motiv musical que inyecta una intriga no exenta de cierto humor. Resaltar el sonido de los detalles de pequeños movimientos, botones, máquina y objetos, añade cierta dimensión de cercanía a una película que en general se muestra fría y distante.

En su composición estética el director no se olvida del contenido y, así como muestra la belleza del desliz de los esquís por la nieve, también recalca la pesadez del viaje a la nieve y de las responsabilidades familiares: el pesadísimo traslado de un lugar a otro cargando con esquís, palos, guantes, botas; el histerismo del niño pequeño cuando tiene hambre; los mocos que provoca el frío... No se trata, en definitiva, de una visión idealizada del esquí, como tampoco de la estación de lujo en la que se encuentran, que provoca más bien claustrofobia.

Fuerza mayor (Turist)

Fuerza mayor resulta interesante porque arriesga. Y lo hace en su forma pero también en su fondo. Por una parte no tiene miedo de introducir hasta una secuencia onírica, en la que vemos a unos chicos gritando en una discoteca demostrando su “masculinidad”, escena que no tiene una relación directa con la trama pero sí con lo que la película busca comunicarnos. Por otro lado, las reacciones de los personajes y el desarrollo del guion, prefieren el riesgo a la previsibilidad, así la escena del desmoronamiento del padre de familia con su rídiculo llanto roza lo inverosímil, pero, a la vez, se equilibra con la reacción indiferente de la madre, logrando finalmente el efecto catártico buscado.

Pero lo más apreciable de Fuerza mayor es su sentido del humor, su poco interés en tomarse a sí misma demasiado en serio. Hay en todo el film, en cada uno de sus diálogos, personajes y planos, una sombra de sorna, una risa para sus adentros que nos permite reírnos de nosotros mismos, de nuestra condición cobarde y histérica, sin perder una pizca de seriedad en la reflexión por ello.
8/10

Crítica de Top Five

No creo que seamos pocos los que esperamos una película decente que esté a la altura del inmenso talento de Chris Rock, cómico estratosférico que, por lo general, ha tenido un paso por el cine más bien chungo. Ya tuvimos que jorobarnos con el caso de otro dios de la comedia, Eddie Murphy, y este parecía repetir su camino de monguez fílmica. Y puede que al fin y al cabo lo haga, pero por lo pronto ha decidido volverse a poner tras las cámaras para hacer una especie de finta creativa y rodar lo que parece ser un estudio de personalidad y su película más sincera y autoconsciente hasta la fecha: una metaficción que pone como foco al Chris Rock actor de masas -mediante un alter ego más o menos ajustado al modelo original- en un momento en que habría decidido dejar atrás su vida díscola de drogas, putas y alcohol para empezar a centrar su carrera en papeles más serios. Y más o menos como al Michael Keaton de Birdman, a este Andre Allen -el sosias en cuestión- le persigue allá donde va la sombra de su personaje más popular, un oso policía (sic) que habría protagonizado una trilogía de comedias de acción (sic) y que eclipsa su nuevo proyecto, una aproximación seria al "conflicto haitiano" (sic).

Rock recurre a la técnica que tan bien ha explotado últimamente Larry David y mezcla realidad con sátira, convenciones cinematográficas de género con autobiografía, personajes puramente construidos con personas reales. Y traza un entorno muy marcado por la condición afroamericana y la influencia negra en la industria del espectáculo hoy: cómicos, estrellas del rap, cineastas, celebrities en general, todos planean sobre una cinta que, no en vano, viene co-producida por dos de los mayores pesos pesados del empresariado afroamericano musical del siglo XXI: Jay-Z y Kanye West. Quizá por eso Top Five tiene un aire muy hip hop (aparece físicamente alguna que otra estrella del género, como DMX) y pretende reflexionar no sólo entorno a la figura que la protagoniza sino también entorno a cómo se ha expresado la -llamémosla así- condición negra en la industria durante los últimos años. De alguna manera Rock parece querer reflejarse en el Spike Lee de los ochenta y al mismo tiempo eludir el campo expresivo de Lee Daniels y la influencia sobre lo melodramático de Oprah Winfrey: Top Five quiere evitar -no siempre con éxito- la obviedad y se intenta mover en un plano más espontáneo, irreverente e imprevisible: hay mucha coña sobre la farándula hollywoodiense, bastante incorrección política, chistes raciales cargados de mala leche, momentos de crudeza confesional y chascarrillos de irregular gracia entorno a blancos y negros.


El resultado es un tanto desigual. El ritmo cómico aguanta siempre que se lo propone, la voluntad de agresión controlada casi nunca decae y a menudo el protagonista se expone con dolorosa franqueza. Pero las abundantes ocurrencias frescas conviven también con algunas obviedades, con una estructura narrativa un tanto trillada basada en el esquema "éxito/bajada a los infiernos/renacimiento humilde" y con una subtrama romántica bien temperada (estupenda Rosario Dawson) pero poco original. Y lo que es peor, la sinceridad a veces se confunde con una cierta autocomplacencia -una convicción de que el proceso de despojo del personaje garantiza el éxito- y un ocasional mecanicismo narrativo: Rock parece creer que lo que cuenta es universalizable y francamente hay momentos en los que su propuesta sólo será capaz de atraer a sus fans. Sin embargo la realización no es muy personal, pero es innegablemente solvente y elegante, combinando muy bien los momentos de cercanía con los de distanciamiento irónico, y logra parecer moderna y muy arraigada a esa América de alto standing actual, tanto para ensalzarla como para defenestrarla.

Terminan de dar lustre a la cosa un desfile de rostros conocidos del mundo de la comedia afroamericana (Cedric the Entertainer, Kevin Hart, Whoopi Goldberg, J. B. Smoove) o blanca (Jerry Seinfeld) y gente que comparte con Rock un origen en Saturday Night Live (Tracy Morgan, Adam Sandler, Michael Che, Jay Pharoah). Una potente cartera de amiguetes que, pese a todo, no logran inyectar el impulso que necesitaban las partes más endebles de una propuesta irregular, interesante pero coja, destacable y que sí, está a la altura del ego de su máximo responsable pero, desgraciadamente, aún no de su talento. Tendremos que seguir esperando mientras rezamos porque todo lo bueno apuntado aquí no termine diluido por la mediocridad en futuros títulos.

6'5/10

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