Nocturna 2016: Día 3

El cine con sangre entra

Patient
El tercer día, en el cual hemos vuelto a optar por la sala 2, dedicada al terror extremo y las propuestas más independientes y de nacionalidades más dispares, frente a las cintas de la sala principal (The Offering y Curse of Sleeping Beauty, que contaba con la presentación del equipo del filme), pintaba muy poco mainstream y no por ello menos interesante, con unos argumentos que prometían horas de entretenimiento y litros de hemoglobina.

El primer turno fue para Patient, acompañado del cortometraje Arcana, que guarda una conexión con el reciente filme La bruja, gracias a mujeres de mal vivir que comen ratas y vuelan; un corto simple pero resultón, con un estupendo maquillaje, efectos especiales efectivos (sic) y un buen acabado visual. En cuanto a Patient, relata la historia de una mujer que sufre de una extraña parálisis y se encuentra postrada en la cama de un hospital, con la única compañía de los médicos, su hermano y su sobrino. Sin poder moverse ni hablar, sufrirá unas apariciones fantasmales que reclaman su alma o la de su joven sobrino, como en aquel capítulo de Los Simpsons, claro. Lo que al principio parece muy de trabajo de facultad y algo tedioso, enseguida engancha gracias a sus efectos y su capacidad de sorprender con tan poco, ya que el 95% del metraje se desarrolla en esa única localización, la habitación de hospital. No va a ser un clásico del género ni ganará muchos premios, pero es refrescante y recomendable.

The Lesson
Por la noche tocaba enfrentarse a The Lesson, la historia detrás del refrán "la letra con sangre entra", donde unos chavales británicos en plena edad del pavo son secuestrados por su profesor de literatura, un sádico que querrá sacar lo mejor de ellos (a base de martillazos, claro está). Podría haber sido un filme divertido, gore o creativo, pero pasa por tres estados distintos, como el agua: un drama social sobre la falta de empleo en el país, la educación y el bullying; un torture porn con enseñanzas de por medio, y una moraleja con final romanticón que te deja con cara de bobo. Su extrema duración, algunas decisiones poco acertadas de guión (aparición de algunos personajes poco relevantes para el avance de la trama, esos planos dilatados que no cuentan nada), y el no conocer su propio camino, terminan por embarrar el resultado final.

Justo antes de esta última proyección, pudimos disfrutar de dos cortos: Exposure, breve pero llamativo y de fotografía potente, y Fairest of Them All, que habla veladamente de lo difícil de la amistad al compartir piso, con bicho de grandes colmillos de por medio, igual que cualquier conveviencia que se precie. Y el jueves arranca con una sesión más, la de madrugada, junto a uno de los estrenos más esperados de esta edición, el homenaje al subgénero slasher Summer Camp. Así son las cosas, y así se las hemos contado.
Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 2

Un día grisoscuromuynegro


Prisoner X
El segundo día del festival Nocturna, el primero como tal tras la inauguración y con los primeros títulos en competición por los galardones de la organización, ha resultado ser un tanto fallido, sobre todo considerando que este medio ha optado por "disfrutar" de los largometrajes proyectados en la sala 2, la pequeña, donde se presentan las propuestas más arriesgadas, extrañas y, en muchos casos, amateurs y carentes de presupuesto. Pero bueno, somos tipos duros y siempre puedes hallar obras de gran interés, joyas de culto escondidas para recomendar y charlar sobre ellas largo y tendido.

Pero ese no ha sido el caso de Prisoner X, la primera película de la tarde, que cuenta la historia de un hombre que sufre un accidente de coche y acaba metido en un búnker propiedad del gobierno estadounidense, ya que piensan que se trata de un terrorista árabe que pretende crear el caos en varios países. Éste tipo, llamado Ramiro, dice haber viajado en el tiempo junto a 99 hombres, pero sacarle una confesión será bien complicado. Una versión de Doce monos pero en marca blanca, que si bien cuenta con sugerentes interpretaciones, una buena fotografía y un acabado visual decente, su guión hace aguas por todos lados y nos obliga a estar cansados de ella a los 10 minutos del comienzo. Una película de la que nadie esperaba nada, y por eso mismo, nada ha aportado.

Harvest Lake
Mejor pintaba la siguiente sesión, con Harvest Lake, del festivalero y todoterreno cineasta Scott Schirmer, que en 2012 dirigió la maravillosa Found, acerca de un chavalín que descubre que su hermano mayor es un asesino, con todo lo que ello conlleva en la relación del pequeño con sus padres y con su entorno a tan tierna edad, y que en la pasada edición nos trajo su producción Headless, un spin-off de la primera cinta, que revolvió el estómago al más pintado. Pero en esta nueva incursión en Nocturna se pega el patinazo, con esta historia de un grupo de jóvenes que deciden pasar un fin de semana de drogas y lujuria junto a un lago, hasta que una de las chicas es penetrada dentro del agua por un bicho, y ésta pretende contagiar al resto de muchachos vía sexual, ¡pecadores de la pradera! Aunque el espíritu de Cronenberg pulule por estos parajes y la idea pueda resultar atrayente, el resultado está más cerca de esos vídeos caseros que hacías en el parque con tus colegas en los años 90. Tan sólo decir que los protagonistas se tiran casi media hora jugando al Verdad o atrevimiento junto a una hoguera, cuya única iluminación es el fuego, de forma que prácticamente no somos capaces de ver nada; de hecho, muchas veces no sabemos ni cuál de los chicos habla.

Una jornada decepcionante, pero se acercan los platos fuertes en próximos días, así que no nos pillarán desprevenidos. No obstante, aunque las películas hayan resultado aburridas, es necesario afirmar que el ambiente en el certamen es maravilloso y que con las entradas hay descuentos en consumiciones de bares y restaurantes en las cercanías del cine Palafox. Y es que, al final, nos encanta este rollo, tronqui.
Por Mario Parra

X-Men: Apocalipsis: Crítica (X-MEN: Apocalypse)

X-Men: Apocalipsis
Alguien debería decirle Bryan Singer cuatro cosas. Más que nada, para que no siga metiendo una y otra vez la pata, acabando por dilapidar la que, con permiso de Sospechosos habituales, se consideraba su mayor obra: la saga X-Men. Una saga que vio tiempos de gloria con sus dos primeras entregas, y con la primera de su segunda etapa, esto es, la magnífica Primera generación que Singer ni siquiera tocó. No, aquella joya superheroica la dirigió Matthew Vaughn, Singer se reincorporaría con la mucho más mediocre Días del futuro pasado, quedándose con la dirección también de este X-Men: Apocalipsis que baja aún más el nivel. Una película con todo de cara para triunfar: los mejores actores del momento reunidos (Jennifer Lawrence, Michael Fassbender, James McAvoy, Oscar Isaac...), un puñado de supehéroes ya conocidos por parte de todo el público y por consiguiente con vía libre argumental, y un dineral que invertir. Y sin embargo, una decepción que sería de órdago, de no ser por la existencia de las aún peores Batman v Superman y Los 4 fantásticos. Se salva por los pelos, sí; pero si alguien le hubiese dicho a tiempo esas cuatro cosas a Singer, de seguro otro gallo hubiese cantado. Qué pena.

Alguien debería haberle dicho, por ejemplo, que un guion debe aportar algo nuevo en cada una de sus escenas, cosa que no ocurre en una película que durante una hora entera de su metraje se dedica a realizar una elefantiásica introducción, volviendo a explicar orígenes y a justificar personalidades por todos conocidas (por haber sido tratadas en otras cinco películas ya), y olvidándose por completo del devenir de un argumento congelado desde su prólogo y hasta mitad del segundo acto. De hecho, para aligerar el cotarro se le debería haber recordado que la gran mayoría de espectadores de la película ya ha visto tanto las otras cinco entregas (o parte de ellas) como otras muescas recientes de un género, la adaptación viñetera, en vías de sobrexplotación; que no hace falta, aunque se trate de nuevos personajes, explicar cómo llegan a ser de los buenos o de los malos. En vez de eso, hubiese sido mucho más productivo trabajar en sus arcos a lo largo del film, puesto que al olvidarse tan ricamente de ellos, X-Men: Apocalipsis cae en constantes ridículos: algunos secundarios ni siquiera tienen una más de tres líneas de guion y, sin embargo, de golpe son capaces de pegar un giro dramático imposible o de convertirse en el gran cliffhanger de la próxima entrega. Claro que, ya puestos, se le podría haber pedido que revisara cada página para reducir al máximo alguna de las grandes incoherencias del filme: por poner un ejemplo ¿qué hace Magneto con todo el metal dando vueltas a su alrededor durante prácticamente todo el clímax final? Que él no lo ha escrito, de acuerdo (el inenarrable libreto es obra de Simon Kinberg), pero suya es la idea, suyo el retoño, suyas la dirección y la producción. Algo de peso, sus palabras, deberían tener a lo largo del proceso creativo.

X-Men: Apocalipsis


Más responsabilidad suya es el tono de todo el asunto, literalmente demencial: la película intenta ser oscura a lo Nolan, ni que decir tiene que no lo consigue; intenta hacerse la graciosa a lo Vaughn, pero tampoco (atención al chiste sobre lo malas que son las terceras partes de las sagas: ésta, de hecho, es una tercera entrega); entonces le da por convertirse en un ejemplo de hiperviolencia gratuita y muy desagradable, no casa en absoluto con la blancura general de la saga hasta el momento, ni con el teórico toque naif que se busca por el hecho de transcurrir en los ochenta. Y a nivel visual, parecería querer buscar un aspecto retro en ocasiones, pero sin olvidarse en ningún momento de los cánones propios de 2016, resultando en un engendro insuficiente para los tiempos digitales que corren, y sumamente hortera para la vista. Un atentado contra el buen gusto que no ha entendido que para buscar un tono retro, se debe apostar por él desde el primer y hasta el último minuto, como hace, so pena de parecer demasiado cansino con el ejemplo, la imperiosa X-Men: Primera generación. Finalmente, a Singer se le debería recordar con urgencia que en la era del cine digital, el croma y la realidad aumentada, lo que menos va a emocionar al espectador es ver efectos especiales a cascoporro, si estos no se entrelazan con personajes carismáticos y se ponen al servicio de la trama, en vez de lo contrario. Lo que ocurre con Apocalipsis es un poco lo de El hombre de acero: mucha pirotecnia visual, pero una nulidad emocional de la que se salva tan sólo en unos quince minutos finales que, a la postre, son los que rescatan del hundimiento definitivo a la función. Cuánto tendría que haberse empollado Singer las películas de la saga Vengadores...

No sé, ha salido todo francamente mal en esta última, cansina, fea última entrega de la Patrulla X. Tenía que haber sido un épico reencuentro entre espectadores y supes, un no va más en la línea de Civil War con un argumento distinto y mucha implicación emocional. En vez de eso, ha quedado en una suerte de refrito con piloto automático. Un calamitoso espectáculo de segunda por mucho que se haya querido disfrazar de primera, con más puntos en común con Batman y Robin (sí, esa: poned una imagen de los malotes de ambas películas al lado de la otra y luego me contáis) que con El caballero oscuro, que es a lo que claramente aspiraba. Los tiempos dorados de la Patrulla han quedado atrás, y o cambian mucho las cosas, o cambian de director de la función, o nos esperan aún más decepciones de la mano de una alianza, Marvel y Fox, que no acaba de dar en el clavo. Suerte de la personalidad desbordante de alguno de sus actores, que si no...
4,5/10
Por Carlos Giacomelli

Nocturna 2016: Inauguración

El comienzo de la locura

Un año más, a los amantes del género fantástico y de terror nos toca darlo todo en las salas de los cines Palafox, gracia a la cuarta edición del festival de género Nocturna, que se celebra del 23 al 29 de mayo de 2016. Una edición no carente de polémica, por la clara disminución del número de pases y filmes, aunque con un buen puñado de títulos que harán las delicias de los estómagos fuertes, esos que echan picante extra al Ramen. Obviamente, se entiende la disminución de títulos, por falta de presupuesto y ayudas nacionales, que consideran a los festivales de cine como una subcultura. Pero bueno, qué vamos a decir de los políticos españoles actuales. Supongo que en Panamá habrá unos festivales acojonantes...

El pistoletazo de salida fue el lunes 23 de mayo, con la presentación de los títulos que disfrutaremos estos días, así como las actividades paraleas, que este año cambian su ubicación a la Sala Ámbito Cultural del Corte Inglés de Callao, y unos invitados muy especiales: John Landis, que recogerá el Premio Maestro del Fantástico y del cual veremos sus obras Un hombre lobo americano en Londres y Burke and Hare, y Vincent Price, homenajeado también con su largometraje The Pit and the Pendulum.

La película que sirvió de inauguración para una semana llena de terror, fantasmas, psicópatas y aullidos en las salas, fue Hollow Point, del cineasta español Gonzalo López-Gallego, que una vez más se rodea de un elenco norteamericano potente (Patrick Wilson, Ian McShane, James Belushi, John Leguizamo) para ofrecernos una propuesta muy alejada del género que nos interesa. Se trata de un western moderno sobre unos personajes que no tienen elección ni salida, dos sheriffs que deben enfrentarse a un asesino que se dirige a su pueblo con ganas de mambo. Además de no tener ni una sola gota de género, frente a otros títulos muy superiores de su director (Apollo 18, El rey de la montaña), Hollow Point es una película fallida, con unos altibajos de ritmo alarmantes, unos personajes que no sabes qué hacen por allí y un guión que hace aguas. Eso sí, el reparto es encantador. Esperemos mejores sorpresas en próximas jornadas.

Por Mario Parra

El lector opina: X-Men: Apocalipsis

X-Men: Apocalipsis
Los acontecimientos de X-Men: Apocalipsis suceden una década después de lo relatado en la anterior secuela de la serie fílmica de los mutantes más populares de Marvel, X-Men: Días del futuro pasado. No obstante, hay que remontarse a siglos atrás, cuando un ser conocido como Apocalipsis, que cada generación se reencarna en el cuerpo de un mutante, adquiriendo sus poderes y habilidades, es sepultado bajo una pirámide egipcia. Ya en los años 80 es liberado, recluta a cuatro mutantes a su servicio, entre los que se encuentra Magneto, y se dispone a tomar el cuerpo del Profesor Xavier, para así poder dominar las mentes de humanos y mutantes.

Tras el positivo sabor de boca dejado por las anteriores entregas de estos orígenes mutantes, nos hallamos ante una épica historia, donde los héroes deberán enfrentarse a un poderoso enemigo como no habían conocido antes. Nos encontramos con caras conocidas y nuevos mutantes (Rondador Nocturno, Jean Grey, Cíclope, Mariposa Mental...), en una aventura cargada de emoción y diversión, pero donde no funciona el humor autoconsciente. Sin embargo, es una minucia en comparación con las dos horas y veintitrés minutos de pura fantasía (una duración un tanto excesiva, todo sea dicho).

Estamos ante un torrente de emoción y diversión, que quizá no se arriesga al acabar con personajes populares en la franquicia, pero que allana un camino para un futuro cargado de buenas historias y emoción ilimitada.

En cuanto a la siempre esperada escena post-créditos, es interesante para conocer el destino de la saga, aunque un servidor tuvo que tirar de Wikipedia para saber de qué se trataba.

Por Mario Parra

El lector opina: La bruja (The Witch)

La bruja (The Witch)
Al igual que en 2015, It Follows se llevó la corona como película de terror más destacada de la temporada, tras todo un hype creado festival a festival y con la colaboración inestimable del boca oreja, este año ha sido el filme La bruja, basado en diversas leyendas británicas, el que se ha llevado la palma y por el que se dan de tortas todos los festivales, hasta su esperado estreno comercial. No obstante, esa popularidad me parece inmerecida, ya que no es una mala película, pero sí una película de terror que deja mucho que desear.

La película cuenta la historia de una familia de fuertes convicciones religiosas, por las cuales son expulsados de la colonia donde viven, obligados a asentarse en una cabaña en el bosque, donde habita un mal ancestral que empieza a acosar a los miembros de esta familia, especialmente tras el rapto de su bebé. A partir de ese momento, los recelos entre ellos aumentarán, así como la desesperanza y la falta de confianza.

Vale, es una obra diferente al cine mainstream de este género, con una fotografía sublime, unas interpretaciones de calidad y algunos momentos (muy escasos y breves) de una atmósfera muy lograda que consigue asustar. Pero no nos engañemos, el cine de terror que se estrena comercialmente en salas en los últimos años es en su mayoría de poca calidad, basado en secuelas, remakes, refritos, found footages, películas baratas para conseguir dinero rápido u obras dirigidas al público adolescente menos exigente, y hay que escarbar en Internet, en el VOD o en festivales para encontrar esas joyas que sí revolucionan el género o que al menos suponen un soplo de aire fresco, sobre todo en una época donde escasean esos tótems del terror de los cuales esperamos sus próximos largos con ganas (Eli Roth lleva una racha desafortunada, por ejemplo; Neil Marshall está bastante callado; Rob Zombie se la ha vuelto a pegar con fuerza en festivales con su personalísimo filme 31, y Alexandre Aja es una de nuestras pocas y últimas esperanzas). Por ejemplo, es una pena que películas tan distintas, originales y acojonantes como The Den o Honeymoon no hayan tenido distribución, sobre todo esta última, que contaba con caras conocidas gracias a populares series de televisión.

Y por eso, también apena que La bruja sea considerada desde hace tiempo la mejor película de terror de 2016, cuando su ritmo excesivamente pausado sólo pretende tapar unas carencias bien visibles de guión, y ni siquiera su final logra epatar tras hora y media donde el director no ha sabido crear una atmósfera aterradora y tampoco nos ha transmitido una historia emocionante.

Para el que esto escribe, una profunda decepción.

Por Mario Parra

El lector opina: Angry Birds: La película

Angry Birds: La película
Parece que el cine de animación, actualmente, tiene como único dueño y señor a Pixar, pero Angry Birds: La película, nos demuestra que otros estudios pueden crear buenas historias, aunque en este caso provengan de una popular aplicación para móviles, en la que utilizamos un tirachinas gigante para lanzar a pintorescos pájaros sobre desdichados cerdos, que previamente han robado los huevos de los primeros. Un juego muy adictivo y el más descargado de la historia, que aquí es trasladado con fortuna a la gran pantalla.

Tres pájaros con problemas de ira deberán enfrentarse a un ejército de orondos y verdosos cerdos, que llegan a Isla Pájaro con ganas de fiesta, pero que sólo pretender robar los huevos de sus buenas gentes. Pero aquí no todo son aves golpeando gorrinos, sino que la presentación de los personajes principales está cuidada, así como su diseño, calcado al de la aplicación. Estamos ante un filme básicamente destinado a los pequeños, pero su humor socarrón y algunos de sus chistes están dedicados a un espectador algo mayor, que no se aburrirá viendo el filme.

Mención aparte merece su espectacular banda sonora, donde además de sonar la melodía del juego, podremos disfrutar de canciones de artistas como Gloria Gaynor, Rick Astley, The Who o Led Zeppelin, una auténtica gozada. Y en la versión española, no hay nada que temer, gracias al buen trabajo realizado en doblaje por Santiago Seguro, José Mota y Álex de la Iglesia, que pone voz de forma brillante al villano de la historia. Con respecto a los aficionados al juego, por supuesto que hay tirachinas y mucha acción, sobre todo en los 30 minutos finales del filme, que son de infarto.

Quizá no sea la mejor película de animación que existe, pero sí la mejor adaptación de una app para móviles, sin duda. ¡Para los niños y para los adultos!
Por Mario Parra

Esa sensación: Crítica

Esa sensación
Una mujer se acuesta con una escalera; la besa, se refriega con ella. Puede resultar hilarante, y a la vez condenadamente triste. Por tan ambiguos derroteros emocionales se mueve (como de costumbre, en verdad) el nuevo trabajo de Juan Cavestany tras Gente en sitios, ahora en colaboración con Julián Génisson y Pablo Hernando. Un nuevo retrato social teñido de surrealismo pero tan real en esencia como para atestar una sonora torta al espectador. Imposible no sentirse reflejado en los personajes rotos de esta película tan a priori loca. Como imposible saber el género al que adscribir Esa sensación, que en otra circunstancia daría igual (¡bienvenidos sean los coqueteos entre géneros!), pero aquí hubiese sido de gran ayuda para saber si hay que reír o llorar con una, otra más, rara avis indescriptible, inclasificable, y sumamente incómoda: es una comedia, pero duele demasiado como para considerarla como tal; es un drama, pero es demasiado granguiñolesca para ello; es un retrato realista pero esperpéntico; es una crítica directa pero soterrada. Al final, lo que más en claro se saca de todo es que estamos ante un nuevo ejercicio de cine a degustar activamente, un reto a interpretar más que a consumir. Un clásico en la filmografía del director, vamos.

De hecho, no se me ocurre fórmula con la que reseñar esta película. A estas alturas, los seguidores de Cavestany (tirón de orejas: no conozco las carreras de los otros dos co-directores) irán a verla sí o sí, y a los que no sepan de quién hablo difícil será que los convenza con una película hecha a mano (así se llama la productora por cierto), experimental si se quiere, de aspecto a simple vista amateur y de gran exigencia. De nuevo estamos ante una propuesta de múltiples lecturas e interpretaciones, en este sentido ubicable algún lugar entre Dispongo de barcos y Gente en sitios. Varios personajes se desarrollan en paralelo en una cinta coral de mínimo argumento, cuya sinopsis podría asemejarse a la búsqueda de la felicidad, la realización de uno mismo, esa sensación... Aunque si me viene a decir alguien que va sobre la locura de la sociedad de hoy tampoco creo que le pueda contradecir lo más mínimo. A todo ellos los seguimos a su mismo nivel en todo momento, con una cámara al hombro que rara vez se aleja más de un metro de los actores. No se trata de buscar planos preciosistas ni grandes fotogramas, sino de respirar su mismo aliento, sentir sus mismas sensaciones de falta de entendimiento o lugar en el mundo.

Sí se podría valorar en comparación con las anteriores películas del director. En este sentido, no creo que Esa sensación supere a su todopoderoso trabajo anterior, pero sí navega por las mismas latitudes, si bien su acidez sea muy superior en contraposición a un mensaje, creo, mucho más benévolo. Falla, quizá, en un devenir en exceso deslavazado, compuesto por pasajes en ocasiones demasiado repetidos y masticados, y otros que se regodean en su carácter absurdo, desviando momentáneamente la atención de su principal objetivo, una descripción tan entrañable como demoledora (al menos desde mi punto de vista) de un mundo viciado y profundamente depresivo: la chica que se acuesta con una escalera metálica no se relaciona con nadie, vive sola en un apartamento de mala muerte. El padre a quien persigue su hijo porque cree que le oculta algo, vive efectivamente en un mundo de mentiras y excusas. La felicidad existe, pero cuesta encontrarla y, cuando se obtiene, quizá ni siquiera se pueda hacer público ante la falta de aceptación de quienes nos rodean. De locos. Lo dicho, Esa sensación puede que sea una comedia, pero es un drama como la copa de un pino.
7/10
Por Carlos Giacomelli

Capitán América: Civil War - Crítica

Capitán América: Civil War
Los de Marvel son muy, muy inteligentes. Y estrenan Capitán América: Civil War a pocas semanas del fracaso estrepitoso (a nivel crítico) de la inenarrable Batman v Superman para, de paso, ahondar en la sangrante herida de su competidora, una DC que ha quedado en evidencia con su hueco intento de adelantarse a la Casa de las ideas con una estrategia, cuanto menos, cuestionable. Aunque en verdad, a un servidor le da que directamente, Marvel la ha estrenado a tan poca distancia de su enemiga porque está tan, tan por encima de de ella como para ni siquiera deber preocuparse de su existencia. Y es que la película que nos ocupa es, ahora sí, la culminación de un trabajo bien hecho. Un trabajo pensado con años de antelación, trabajado (valga la redundancia) a fondo, montado pieza a pieza para, al fin, poner el broche. La demostración, en definitiva, de que las casas por el tejado no se deben empezar nunca, sino que se deben hacer desde una base sólida. En Capitán América: Civil War ni siquiera sale demasiado el Capi en cuestión; no más que una docena ¡como poco! de personajes con protagonismo igual o mayor. ¿Un galimatías? Con traerse a uno o dos protagonistas de más en su homónimo de DC, Zack Snyder se hundió de manera miserable.

Pero aquí ni siquiera hace falta presentar a nadie: ni las nuevas incorporaciones requieren de background, puesto que Marvel lleva trabajando en este tinglado, el de la Guerra Civil, con ahínco desde hace años. Aquí se habla de una reunión entre amigos: espectadores y superhéroes se conocen sobradamente. Unos esperan las bromas, las camaraderías y los tortazos habituales, los otros saben perfectamente cómo dosificar tanto input y jugar a su antojo con un público que no tiene más remedio que acudir a la sala de proyección ya entregado totalmente. Pero ojo: protagonistas a los que conocemos todos, gimmicks y fuegos de artificio casi de piloto automático, pero que nadie se confunda, son las armas con las que Anthony y Joe Russo, directores, y Christopher Markus y Stephen McFeely, guionistas, enarbolan una película totalmente distinta de las anteriores y, me atrevería a decir, totalmente distinta a cualquier otra película superheroica hasta la fecha. Y es que Civil War puede gustar más o menos que otras de la saga (cada espectador tiene su película de Marvel favorita), pero es un salto hacia delante que no se veía desde, qué casualidad, Capitán América: El soldado de invierno.

Capitán América: Civil War

Quizá le andaba faltando, a la prácticamente impecable macrosaga cinematográfica marvelita, algo más de gravedad, elemento non grato por comparaciones con los excesos de oscuridad de Batman y compañía. Marvel era el reverso cómico, de la distensión; el espectáculo por el espectáculo. Respetable, pero ya tocaba dar el salto a la siguiente fase, con una película que calase más hondo: la fase de las consecuencias, la del "si me cargo media ciudad, no quedaré impune". La de las tensiones en el hasta el momento intocable grupo de amigos con poderes que, en el fondo, conforman los Vengadores. Aquí aumentan las dosis de tragedia emocional, los personajes adquieren una serie de matices inesperada (a veces con sutileza, otras con algún recurso de garrafón), pero desarrollada con una lógica intachable. Una nueva dimensión que añadir a las ya conocidas por todos. Eso implica que tras un inicio atronador, voluntariamente ruidoso, violento y confuso, pensado así por las implicaciones que tales exabruptos tienen a lo largo del metraje, todo el primer acto del film se desarrolle desde un prisma pausado (que no aburrido) y denso, oscuro; las sensaciones se enrarecen a ritmo de crucero mientras las tensiones entre Capi y Iron Man crecen por un ultimátum: se acabó campar a sus anchas y hacer explotar lo que les venga en gana, los superhéroes deben firmar un tratado que los obligue a rendir cuentas; unos están de acuerdo, otros no. Tan sencillo argumento permite un despliegue de emociones y personalidades casi inabarcable (máxime en relación al cómic en que se basa), que requiere a su vez de cierto trabajo de guion. De ahí la contención inicial, de ahí su metraje de dos horas y media. Es otra suerte de disfrute, igualmente disfrutable; se acabaron las risas, empieza el estudio de personajes. Oh, pero estamos hablando del primer acto.

Ya decía que el éxito de Marvel Studios pasa por las sinergias creadas entre espectador y película: el espectador busca humor y espectáculo, y la película sabe que se lo debe dar, sólo que puede tomarse el lujo de administrar sus bazas. A poco que un par de personajes de corte más cómico se juntan, los Russo, Markus y McFeely dan rienda suelta al esperado intercambio de chistes entre bomba y bomba, pero ahora los recibimos desde una posición muy distinta. Ni que sea a nivel subconsciente: la saga ha crecido, los chistes ya no son inocentes, y si lo son, el marco es el que se dan es el que ya no lo es. Con Civil War, los superhéroes ya no pueden verse como hasta ahora, algo ha cambiado, madurado. Si antes el tinglado era de notable, ahora ya es de cum laude.

Capitán América: Civil War


Y decíamos que esta gente sabe lo que se hace, que es muy inteligente: ahí está esa paulatina resta de protagonismo a su personaje principal, que en realidad es de los que menos importan, en pos de un Tony Stark que sigue siendo amo y señor de la saga, aparezca o no en las cintas que la conforman. Ahí la concatenación perfecta de acción con desarrollo, diversión con ceño fruncido. Y ahí la presentación de las nuevas incorporaciones, una de ella plagada de chistes desmitificadores y autoparódicos para tranquilizar hasta al más acérrimo paladín de la versión original. Hasta en eso, la introducción de nuevos héroes, Marvel da toda una lección a DC con esta todopoderosa Guerra Civil que tiene la suficiente fuerza en sus personajes como para prácticamente olvidarse del malo de la película, hasta ahora árbitro para definir si una película de acción es buena o mala. Aquí (excelente la selección de Daniel Brühl para el rol, por cierto), el antihéroe es anónimo, puesto que es más importante lo que representa que lo que efectivamente lleva a cabo: un mal mucho mayor, más grave, y en definitiva un enemigo mucho mayor de los vistos hasta ahora, como es la ruptura de la amistad.

Id a verla sin miedo, id a disfrutarla. Capitán América: Civil War es el espectáculo superheroico definitivo, la película más grande de gente en pijama. Una película que demuestra que se puede hablar de emociones y sentimientos plenamente terrenales, tirar de drama y oscuridad emocional, sin tener que renegar de la esencia de los cómics y sus adaptaciones: el espectáculo puro, el entretenimiento total: las peleas entre ellos son lo nunca visto. A mí me ha dejado extasiado.
9/10
Por Carlos Giacomelli

Una (cierta) mirada a Cannes 2016 (segunda parte)

Cannes 2016

Concluimos la maratoniana agenda de Cannes con otro listado de imprescindibles, según el ojo de Iván Correyero. En unos días tendrá lugar el festival cinematográfico más importante del año, y para que no os perdáis demasiado,

Bacalaureat, de Cristian Mungiu

El cine rumano es una de las cinematografías nacionales que más ha crecido en la última década. Seguramente la película que viró los ojos del público cinéfilo hacia Bucarest fue 4 meses, 3 semanas y 2 días, de Cristian Mungiu, ganadora de la Palma de Oro en 2007.

En 2016 son dos las películas rumanas que compiten por la Palma de Oro, un auténtico hito para un país relativamente pequeño como Rumanía. Mungiu presenta Bacalaureat, que cuenta la historia de un médico en una pequeña ciudad de provincias que decidir cuál es el mejor camino a seguir para su niño en el contexto de la sociedad rumana en la actualidad.

Loving, de Jeff Nichols

Jeff Nichols es uno de los directores estadounidenses más sorprendentes de los últimos años. Destacó por Take Shelter, se confirmó en Mud y ha sorprendido a todos por Midnight Special, recientemente estrenada en el Festival de Berlín.

Con Loving, Nichols cuenta la historia real del matrimonio Loving, una pareja interracial de Virginia encarcelada, arrestada y exiliada por el simple hecho de ser de dos razas diferentes.

Con la única presencia conocida del actor fetiche de Nichols, Michael Shannon, esta película es sin duda una de las más esperadas de Cannes 2016.

Agassi, de Park Chan-Wook

Agassi, de Park Chan-Wook
Con su trilogía de la venganza y otras sorprendentes películas como Old Boy y Soy un Cyborg, Park Chan-Wook se convirtió en uno de los autores a seguir de la pasada década. Tras su incursión en Estados Unidos con Stoker, el director surcoreano vuelve a casa para su siguiente película, Agassi.

Pese al título, la nueva película de Park Chan-Wook está lejos de ser un biopic del tenista estadounidense Andre Agassi, sino que es una adaptación moderna de Fingersmith, la novela de Sarah Waters que cuenta la historia del inesperado romance entre una ladrona de poca monta y una señorita que vive aislada con su tío en una mansión.

The Last Face, de Sean Penn

Hace tiempo que Sean Penn es más noticia por lo que ocurre fuera de la gran pantalla que por lo que pasa dentro de ella. Desde Milk el actor estadounidense no ha contado con un papel que esté a la altura de su nivel actoral, y su carrera como director parecía haberse parado tras Hacia rutas salvajes.

En una apuesta por volver a la primera línea del universo fílmico, Sean Penn vuelve a ponerse detrás de las cámaras en su nueva película, The Last Face, protagonizada por un reparto internacional y situada en un país africano.

Durante una misión de rescate, Wren (Charlize Theron), directora de una organización de ayuda humanitaria conoce a Miguel (Javier Bardem), un apasionado médico. Ambos iniciarán un romance difícil por los puntos de vista diferentes que tienen los dos.

Sieranevada - Cristi Puiu

Cristi Puiu, otro gran nombre del cine rumano, presenta Sieranevada, su regreso a la ficción después de algunos años.

El director de La muerte del señor Lazarescu y Aurora cuenta en esta ocasión la historia de un neurólogo exitoso que asiste a una comida familiar para conmemorar a su padre fallecido.

Elle, de Paul Verhoeven

Verhoeven perdió parte de su toque autoral cuando se fue a hacer las américas en los años 80. Archiconocidas, películas como Desafío total, Robocop, Instinto básico o Showgirls tienen lo mejor y lo peor del cine posmoderno, y han sido seguramente infravaloradas de forma injusta.

Tras la infame El hombre sin sombra, Verhoeven regresó a Europa y dirigió El libro negro, donde muestra su capacidad para contar historias que interesen a público sin perder su carácter autoral. El director holandés vuelve ahora con Elle, protagonizada por Isabelle Huppert y basada en la novela Oh... de Philippe Dijan.

En Elle, Isabelle Huppert es Michèle, una mujer empresaria que ve cómo su vida cambia cuando es atacada en su casa por un misterioso desconocido.


The Neon Demon, de Nicolas Winding Refn

The Neon Demon, de Nicolas Winding Refn

Aunque sólo conocido para el gran público tras el éxito de Drive, Nicolas Winding Refn llevaba ya tiempo atrayendo adeptos gracias a un cine sin duda muy personal, donde temas como la violencia, crimen y los submundos se mezclan con un estilo refinado de colores neón.

Tras la controvertida Only God Forgives, Refn sigue en Estados Unidos con The Neon Demon, protagonizada por Elle Fanning, Alessandro Nivola y Keanu Reeves. El nuevo film del director danés nos cuenta la historia de una aspirante a modelo (Fanning) que se adentra en el mundo de la moda descubriendo un mundo de violencia y obsesiones.

Aunque su argumento y póster parecen sacados directamente de los años 90, Winding Refn es siempre un claro aspirante a la Palma de Oro, así que habrá que estar atentos.

Otras películas a tener en cuenta

Más allá de la sección oficial, hay varias películas a las sin duda hay que echar un ojo. Fuera de competición estarán Woody Allen, con Café Society, Jodie Foster, con Money Monster, o Steven Spielberg con la película infantil The Big Friendly Giant.

Además, en las secciones paralelas encontramos nombres como Marco Belocchio, Pablo Larraín, Jodorowski o Paul Schrader (Sección Quincena de los Realizadores), mientras que otros grandes nombres como Kore-eda o Eran Kolirin competirán entre promesas del cine en la sección Una cierta mirada.

Por Iván Correyero

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