Crítica de No respires (Don't Breathe)

No respires (Don't Breathe)

No respires, de Fede Álvarez: 88 minutos sin gota de oxígeno en la butaca

No respires es el segundo largometraje del cineasta Fede Álvarez, al que conocimos hace unos año gracias al estupendo y achuchable remake de Evil Dead, que no se cortaba al putear a sus personajes, con la sangre o dándole una vuelta al argumento (los amigos se van un fin de semana a una cabaña perdida en el campo, pero para que una de las chicas se recupere de su mono tras dejar las drogas). Afortunadamente, el director uruguayo no ha tirado por la vía fácil, con un nuevo remake o una secuela, sino que parte de un guión propio para presentar una historia vista en otras ocasiones, pero que logra hacer suya y nos mantiene pegados a la butaca como nunca ha conseguido el Loctite.

Tres amigos que viven en Detroit, ciudad modelo de Manuela Carmena para Ahora Madrid, según los acólitos de Ciudadanos, se dedican a robar en casas de ricos, gracias a que el padre de uno de los zagales trabaja en una empresa de seguridad, con lo que tienen acceso completo a llaves, alarmas y códigos de las alertas. Uno de ellos se entera de que un ex marine ciego guarda celosamente una cuantiosa suma, como pago por la negligencia de una conductora, que atropelló y mató a su hija. Y allá que van nuestros amiguitos, pero en la casa se encontrarán más de un problema, ya que allí vive Rambo pasado de coca (prometo dejar de hacer chistes sobre Ciudadanos, perdón).

El filme arranca de forma espectacular, con una cuidada presentación de los personajes, el villano y la casa en cuestión, una protagonista más, con más escondites y habitaciones que La Zarzuela. Stephen Lang es quien se lleva la palma, al interpretar al marine con malas pulgas, que pese a su minusvalía, resulta más peligroso que muchos otros malvados del cine. El argumento nos suena mucho, gracias a otras grandes producciones de terror como The Cottage, Livide o The Collector (también nos recuerda por momentos a la reciente y recomendable Green Room), pero el director juega con los sonidos, los movimientos y la sorpresa para que estemos intranquilos de forma constante. A su favor también juega su corta duración, ya que se pasa como un suspiro. Vivan los filmes de menos de dos horas y media de metraje.

El final nos guarda una sorpresa de agradecer, que la aleja del mainstream, y aunque se pueda desinflar en su última recta, debido a sus continuos cambios para seguir en el mismo lugar, es un soplo de aire fresco a una cartelera de este 2016 con pocos estrenos del género. Fede Álvarez es el nombre a seguir dentro del terror, sin duda.
Por Mario Parra

Crítica de Star Trek: Más allá (Star Trek: Beyond)

Star Trek: Más allá
Se pierde la baza de la sorpresa, que esa se la llevó la primera entrega. Y de la enormidad, que esa es la carta de la excelente continuación. ¿Qué queda? De entrada una patata caliente, que además le ha ido a caer a Justin Lin en vista del desentendimiento de JJ Abrams (aquí solamente ejerciendo de productor). Era muy fácil que Star Trek: Más allá se fuese al traste, si Lin hubiese tratado de emular al lostie, o si Simon Pegg y Doug Jung (guionistas) hubiesen querido repetir fórmulas pasadas. Pero no. A la pregunta de antes, ¿qué queda?, han respondido de la única manera en que se podía salvar la situación: queda el entretenimiento, el disfrute. De manera que manos a la obra desde el minuto 1. Ya conocéis a los personajes, ya sabéis qué es la Enterprise, así que algo de intro y al lío, en concreto mediante una set pièce acojonante, delirantes (y generosos) minutos de épica galáctica que pasan en un suspiro como, a la postre, la totalidad de los 122 minutos del film. ¿Por qué? Porque lo que quedaba era ésto. Bienvenidos a otra nueva reinvención del homenaje a la mítica saga: ahora tocan las aventuras menores.

Es hacia ahí, hacia esas aventuras menores que han parido las sagas previas, tanto televisivas como cinematográficas, que mira ahora su remake moderno. Y por tercera vez consecutiva, da en la diana; en primer lugar por el respeto que se le tiene al universo trekkie: si en algo se equipara de tú a tú esta nueva entrega a las dos anteriores, es por el amor que se desprende a la hora de rendir homenaje. Bueno, y en la banda sonora a cargo de un Giacchino tan atinado como de costumbre. Pero además, por haber depositado todos los esfuerzos en hacer de ella una aventura total. Quizá Justin Lin no sea Steven Spielberg, pero como ya había demostrado anteriormente (en las entregas 5 y 6 de Fast and Furious, sin ir más lejos), sabe colocar la cámara sitio y lugares adecuados, convirtiéndose en un narrador más que eficiente para esta clase de proyectos. Y a sus esfuerzos detrás de la cámara se añade un libreto que concatena una escena de acción tras otra, dejando apenas hueco para nada más, porque en realidad, qué más da.

Sí importaba mantener intacta la tra gran baza de esta nueva trilogía trekkie: un concepto de camaradería que trascendiera rápidamente del grupo protagónico para establecerse con igual fuerza entre pantalla y platea. Y de nuevo, este Star Trek: Más allá lo consigue por el mimo con que se cuida a cada personaje desde todos sus frentes: guión, dirección, e interpretación. Más allá no es una gran película, lo sabe y asume, y tampoco busca serlo. Se conforma con ser una aventura de acción como las de antes: apostando por la espectacularidad y por la ligereza, y alimentando al espectador tan sólo a base de fuegos artificiales de primera. Bueno, es lícito, y si sale bien es del todo irreprochable. De una manera u otra, el objetivo final debía ser el de seguir enganchando a sus feligreses de cara a la próxima entrega, y ha sido plenamente logrado. Oh, y esa aparición sorpresa-ish final...
7/10
Por Carlos Giacomelli

Crítica de Cazafantasmas (Ghostbusters)

Crítica de Cazafantasmas (Ghostbursters)
Marchando una de reivindicaciones, que es para lo que un servidor parece estar últimamente. Y eso que por falta de tiempo, no pude recomendar esa obra maestra del petardeo cinematográfico que es la secuela de Independence Day, truño disfrutabilísimo donde los haya, y película del verano a mi juicio, a falta de ver Star Trek: Más allá. Decía que toca reivindicar, porque me parece absolutamente demencial lo ocurrido con Cazafantasmas, gran apuesta de Sony por encontrar una nueva franquicia generadora de millones, que se saldará con pérdidas de entre 50 y 70 millones de dólares, según leo. ¿Qué demonios ha ocurrido para semejantes resultados? ¿De verdad somos tan rematadamente subnormales como para renegar de una película porque unos cuantos trolls de Internet la hayan puesto de vuelta y media tan sólo por incompensibles furias anti-fémina... antes de haberla visto siquiera? ¿O es realmente tan mala como se vaticinó en su día vía Twitter? Imagino que ya habréis intuido que si hablo de reivindicaciones es porque pienso que somos todos gilipollas, en lugar de renegar de una película con la que me lo he pasado, francamente, teta.

Establezcamos un primer pilar para todo este tinglado: no, Cazafantasmas no es la película que debería haber sido. No es esa gloria cómica que vaticinaba su potencial tanto histórico (intocable la primera entrega, olvidada del todo la segunda) como creativo: Paul Feig dirigiendo de nuevo a Kristen Wiig y Melissa McCarthy tras La boda de mi mejor amiga, Cuerpos especiales o Espías; Kate McKinnon y Leslie Jones; Chris Hemsworth en un papel cómico otra vez; cameos a tutiplén... El material para marcar un hito en la comedia, relanzar por todo lo alto la maquinaria Ghostbusters y embolsarse cuatro perras era inabarcable y sin embargo, el resultado final queda en una comedia de acción y terror plagada de gags, pero carente de aquel extra que se esperaba de semejante equipo, parido en SNL; un homenaje que se entiende a la perfección, pero no acaba de dar con el punto de nostalgia (¿magia?) que todos deseábamos; y un producto cinematográfico con, aquí y allá, suficientes lagunas como para colocarlo en lo más bajo del casillero de películas de Feig (un malo prácticamente carente de fuerza, un argumento demasiado previsible, chistes que no funcionan...).

Vale, sólo que la filmografía del director y guionista, en especial de un tiempo a esta parte, es prácticamente intocable, y situar Cazafantasmas por la parte baja tan sólo significa hablar de una comedia más que correcta. Lo cual, en los tiempos que corren y con Adam Sandler todavía campando a sus anchas por Hollywood, tampoco es moco de pavo. Quizá no emocione ni sorprenda, pero entretiene y es capaz de generar sonoras carcajadas, y pese a que le hubiera venido bien un tijeretazo (se acerca peligrosamente a las dos horas de metraje), en líneas generales la fiesta es de aquellas a las que vale la pena acudir por más que no sean el acabóse. El limpiado de cara, en fin, es más que correcto, y su condición de prólogo y puesta en marcha sobradamente demostrado, con un apartado para el terror bastante cuidado gentileza de CGI resultón, otro para el humor que encuentra en un Hemsworth (en plan robaplanos) un inesperado aliado para el éxito, e incluso para empezar a dibujar a cuatro personajes que podrían haber dado muchas alegrías en el futuro. "Podrían" y no "podrán", puesto que en vista de los resultados, la secuela se antoja cuanto menos improbable. Negándome a creer que se deba a cuestiones de un machismo troglodita, quiero pensar que el motivo del fracaso es uno que ya se ha mencionado antes: que Cazafantasmas es sólo correcta, muy correcta, pero no gloriosa. Y entonces, uno se pregunta la necesidad de su existencia.

Cierto es que no tiene nada que aportar, que no mejora a la original, y que aunque tenga los suficientes ovarios como para reivindicar partes argumentales de la segunda y defenestrada parte, se queda a medio camino de todo. Ni es la comedia definitiva, ni el remake definitivo, ni el homenaje ídem. Pero sigue siendo un entretenimiento perfectamente válido, divertido y trepidante a partes iguales y, por consiguiente, perfecto para la época estiva en que se ha estrenado. Puede que lo haga sin magia y a marchas forzadas, pero sí es capaz de trasladar al espectador a otra época, 30 años atrás; y aunque lo desaproveche más que otra cosa, la posibilidad de ver interactuar a semejante reparto cómico bien acaba haciendo de Cazafantasmas un espectáculo-palomita al cien por cien: tan disfrutable como vacío. A mí me vale, y tampoco sé qué esperabais los demás.
6,5/10
Por Carlos Giacomelli

¡Bruja, más que bruja!, crítica

¡Bruja, más que bruja!

Los hechizos de la Transición

¡Bruja, más que bruja!, dirigida por Fernando Fernán Gómez, se estrenó en 1977, y pronto adquirió el aura de película maldita, sin ser un fracaso en taquilla, pero tampoco un éxito. Dicha condición de joya perdida se debe más bien a su puesta en escena y a la locura que parecía invadir toda la película, que comienza con un montaje de los mejores momentos que vamos a vivir después, junto a la presentación de los actores, algo más propio de las teleseries. Además, Fernán Gómez se propuso rodar una zarzuela, con lo que el largometraje está trufado de momentos musicales de la España profunda, con canciones picantonas y cargadas de dobles sentidos.

Por si fuera poco, el argumento se las trae, pues cuenta la historia de un adulterio y de una pareja que recurre a una bruja del pueblo para que acabe con la vida del marido, a través de ojos de tritón y lengua de serpiente. Y no olvidemos que todo ello sucede entre canciones, humor, desnudos varios y una escena de sexo entre sacos de harina que es puro jolgorio.

Todos parecen pasarlo genial en esta película, que Sherlock Films distribuye nuevamente para disfrute de las nuevas generaciones y recuerdo de las anteriores. Muy a tener en cuenta a la actriz Emma Cohen, recientemente fallecida y que está espectacular en esta película, en todos los sentidos. Una rareza a descubrir, que se pasa en un suspiro y nos mantiene con una sonrisa en la boca durante todo el metraje. Hay que considerar que esta película se rodó tras la muerte de Franco y el fin de la dictadura española; de ahí el cachondeo padre y la libertad que rezuma la cinta.
Por Mario Parra

Election: La Noche de las Bestias: Crítica

Election: La Noche de las Bestias

La película que Donald Trump y Hillary Clinton verían juntos

La primera parte de la saga La Purga se estrenó allá por el año 2013, con un tremendo éxito de taquilla a nivel mundial, gracias a su irrisorio presupuesto y a un argumento muy interesante: en Estados Unidos, gracias a un nuevo sistema político, un día al año se permite cometer crímenes, incluido el asesinato, sin ninguna represalia, con el objetivo de que la población no se reprima y sigan sus vidas mucho más calmados el resto del año.

Ahora nos llega la tercera entrega, que podría formar un díptico con la segunda parte, al contar con el personaje interpretado por Frank Grillo y su viruela, que en esta ocasión forma parte del cuerpo de seguridad de una Senadora que, en caso de resultar elegida presidenta en las elecciones generales del país, promete acabar con la purga anual, ya que considera que los poderes del Estado sólo emplean dicha táctica para acabar con la población más pobre, y así aumentar la cuantía de los seguros y reducir el presupuesto en ayudas sociales. Por supuesto, el día de la purga, justo dos meses antes de dichas elecciones, se la juegan a la Senadora, que se verá con sus huesos en la calle para enfrentarse a todo tipo de malhechores y asesinos que no desean el fin de tan sana tradición.

En Election: La Noche de las Bestias, se apuesta más por la acción que por el terror, con los protagonistas enfrentados a todo tipo de salvajes y a un grupo armado que quiere acabar con la Senadora, financiado por los políticos que desean perpetuar la purga. De hecho, Michael Bay está entre los productores, por lo que en esta secuela contamos con más explosiones, más movimientos desquiciados de cámara y más chistes malos, con especial atención al afroamericano dueño de la tienda de comestibles. Sin embargo, el conjunto se deja ver, es entretenido y continúa fielmente la saga. Quizá la sorpresa se haya agotado con la segunda parte, pero ver a una adolescente disfrazada con un traje de osito de peluche motosierra en mano, seguirá valiendo el precio de una entrada.
Por Mario Parra

Money Monster: Crítica de Mario Parra

Money Monster

¡Enséñame la pasta... y la estafa!

Jodie Foster como directora siempre ha generado debate al centrarse en historias cercanas y humanas, en el individuo con problemas, y Money Monster no es la excepción, ya que toca un tema peliagudo y de rabiosa actualidad: un joven secuestra al equipo de un popular programa de televisión sobre Bolsa, pistola y bomba en mano, ya que ha perdido todo su dinero debido a un mal consejo financiero aportado por el presentador de dicho show. A partir de ese momento, vamos conociendo los hilos de Wall Street que causaron el desplome de esas acciones, por culpa de una empresa bursátil en concreto, cuyas malas artes significaron la pérdida de 800 millones de dólares para los inversores.

Aquí no interesan tanto las cifras como el drama humano de este joven, con un bebé en camino, que ha perdido su capital y se ve entre la espada y la pared. Conocemos así las relaciones entre los trabajadores del programa: el presentador, la directora, el productor, el equipo técnico..., que intentan contactar con la empresa para hallar la causa de la debacle, mientras la policía busca la manera de abatir al estafado.

El filme se centra en muchas líneas y no llegamos a conocer en profundidad a sus personajes, debido a sus múltiples caminos y su intención de cerrar todo bien, pero George Clooney es el alma de la fiesta y crea un personaje divertido e interesante, que maneja la función a su antojo. No obstante, se hubiera agradecido más mala leche en la película.

A destacar los momentos humorísticos de Money Monster, algunos conseguidos y otros fuera de contexto, más en consonancia con las redes sociales que con el desgarrador drama que nos cuenta, el cual al final aparece soterrado. Nos olvidamos de la catástrofe que viven miles de familias, pero el show debe continuar.
Por Mario Parra

Infierno azul (The Shallows): Crítica de Mario Parra

Infierno azul (The Shallows)
Los surfistas yankis deben morir

Blake Lively llega a una playa mexicana con la idea de practicar surf. En bikini. Con esa sinopsis, a mí ya me han convencido para comprar dos entradas. Sin embargo, no todo queda ahí, ya que tras unas cuantas olas, cuando se queda sola en el mar (es una hippy que ha abandonado la carrera de Medicina, con la idea de escapar tras el fallecimiento de su madre por una enfermedad), un enorme tiburón con más dientes que un odontólogo perturbado coleccionista, empieza a atacarla, ya que pretede hacer merienda-cena.

Desde ese momento, el filme, con unas preciosas imágenes (LIVELY!!!!!) del paradisíaco lugar, se convierte en algo menos de hora y media de la protagonista luchando por sobrevivir, a sabiendas de que en unas horas la marea subirá, mientras ella sobrevive en un pequeño arrecife, y sin veraneantes en la orilla, que aquello no es Benidorm.

Collet-Serra demuestra una vez más su manejo de la cámara, nos mantiene en tensión hasta el final, y pese a un tiburón CGI que parece sacado de la última Star Wars y un final algo flojo, la experiencia merece la pena. Spielberg puede estar satisfecho. Esperemos que Collet-Serra continúe dándole caña al género de terror. Y si no, para la secuela de Infierno Azul, le propongo contar con Liam Neeson, que se dirige a una playa mallorquina para acabar con la vida de un tiburón que se zampó a su hija. Sin armas. ¿Vamos a medias, Jaume?

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 7

Satánseacabó

Wind Walkers
Ya ha terminado la cuarta edición del Nocturna, que nos ha dejado un puñado de títulos de gran calidad a recomendar, cortos interesantes, así como clásicos del género imperecederos, pero mucho telefilme y película amateur que más valdría eliminar en futuros años; no obstante, la falta de patrocinadores y los recortes presupuestarios hacen mella y se nota, pero ahí estaremos los buenos fans, intentando darle un empujón al certamen y que no se convierta en un zombie.

El domingo es la jornada de los títulos menores, ya sin invitados, fuera de la competición oficial (cuyos galardones fueron casi todos a parar a Polder, de la que se oyen tanto halagos como bostezos, aunque ninguna opinión radical y decisiva), pero que siempre puede regalar algún filme sorprendente, aunque para eso hubo que aguardar hasta la noche, porque el primer pase de la tarde, con Wind Walkers, que le da una vuelta de tuerca a la leyenda del Wendigo, fue para echarse una buena siesta, una película para olvidar. En ella, un grupo de amigos cazadores van al bosque a pasar un fin de semana para cazar cerdos salvajes, pero un extraño espíritu les va cazando a ellos para convertirlos, básicamente, en zombies con más hambre que un vegano en Acción de Gracias. Una película sumamente aburrida, carente de ritmo, que hace perder la fe en lo bello del cine.

La tarde se ponía algo más interesante con el pase de Estirpe, filme español de ciencia-ficción financiado gracias a una campaña de crowfunding, que relata la historia de un cómic español de superhéroes de los años 60, que fue todo un revulsivo en su momento, por lo que en la actualidad, una productora decide rodar un largometraje sobre sus personajes. No obstante, el autor ha desaparecido y contratan a una abogada para que dé con su paradero. Lo mejor, los testimonios "reales" de gente como Nacho Vigalondo o Joaquín Reyes; lo peor, las imágenes que vemos de la película sobre el cómic y una dirección muy insípida. Se deja ver, pero tampoco es imprescindible.

The Dead Room
A la proyección de Estirpe la acompañó el cortometraje nacional Graffiti, uno más sobre un mundo postapocalíptico en el que seguimos a un joven solitario con perrete que desea saber si es el único que queda en el mundo. Muy largo y se le ven las intenciones a la legua; lo más interesante es la motivación del protagonista, que simplemente pretende pillar.

Lo mejor llegó a última hora, empezando por el corto Hard Workers, una dura reflexión sobre el mundo laboral y de las redes sociales, que no deja indiferente y cuenta con una factura técnica de buen nivel. El último largometraje que vimos fue The Dead Room, filme de terror neozelandés, del subgénero casas encantadas, pero esta vez en mitad del campo. Cuenta la historia de un grupo de cazafantasmas (una chica que puede ver a los espíritus y dos técnicos), contratados por una aseguradora para detemrinar si sus anteriores inquilinos dejaron la cabaña por mediación de los espectros o para cobrar el dinero del seguro. Con pocos medios, pero una atmósfera lograda, disfrutamos de cine de fantasmas deudor de los años 70, que huye de los sustos de volumen a tope para presentarnos una historia interesante y unos personajes bien definidos, pese a su escasez de localizaciones. Fue el colofón de una cuarta edición que, todo sea dicho, nos deja con ganas de que pronto llegue la de 2017. Hasta entonces, toca afilarse los colmillos.

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 6

Satán, cadáveres, fantasmas y Frankenstein: una noche de sábado cualquiera

Escalofrío
Llega el sábado y junto con él, los mejores títulos de la edición, a sabiendas de que el potencial público del festival Nocturna dispone de más tiempo libre para disfrutar de cine. Y así ha sido, con salas a rebosar y buenos títulos de ayer y hoy.

Sobre el ayer, la sala 2 disfrutó de una sesión de tarde de excepción, con la proyección de todo un clásico del fantaterror español de finales de los 70: Escalofrío, de Carlos Puerto, una de las primeras películas de ficción que trataron abiertamente el tema del satanismo y sus rituales, a través de la historia de dos parejas que, animadas por una de ellas, deciden pasar un fin de semana en la mansión rural de estos. Lo que promete ser una velada entretenida, acabará por revelarse de forma mucho más tenebrosa y escatológica. Un peliculón no demasiado popular entre los otros del género en la postguerra, pero que toca reivindicar y recomendar, por su argumento y valentía en aquella época rompedora tras décadas de opresión.

El largometraje fue acompañado por el cortometraje El último guión, cuya única valía es reunir en pantalla a tótems del género en España como Antonio Mayans, Lone Fleming o José Lifante, en una irrisoria trama con zombies templarios,a modo de homenaje a ese género y ese tipo de cine. Su reparto y el director, junto a uno de estos temibles templarios, presentaron la obra. Destila amor por ese género y esos intérpretes, pero poco más. También se presentó un documental sobre el filme Escalofrío, que ahonda en su significado, su éxito en taquilla o su rodaje, pero que desvela demasiado (incluso su final) para haber sido proyectado antes de la película en cuestión. Un toque de atención para el festival, oye.

Burke and Hare era la segunda película del cineasta John Landis dentro de la programación de este año. Su argumento, basado en una historia real, se centra en dos ladrones de mala muerte (Burke y Hare, claro) que se dedican a profanar tumbas para después vender esos cadáveres a las Facultades de Medicina, hasta que descubren un negocio mucho más lucrativo en la venta de cadáveres muy frescos, con lo que empiezan a asesinar gente. Una genial comedia negra que no ha llegado a pantallas españolas hasta este certamen, toda una pena, ante multitud de títulos mucho peores en las salas de cine, con las geniales y divertidas actuaciones de Simon Pegg y Andy Serkis (esta vez sin necesidad de cromas). Y hay que mencionar que Landis estuvo firmando autógrafos y sacándose fotos con el personal al término de la función, todo un detalle.

Expediente Warren 2: El caso Enfield
La clausura de la cuarta edición de Nocturna corrió de la mano (y la sangre) de Expediente Warren 2: El caso Enfield, secuela del título protagonizado por el matrimonio Warren, que siempre afirmaron fue la experiencia más terrorífica y auténtica que nunca vivieron, pese a tener un sótano con la muñeca Annabelle, ahí es nada. Dirigida de nuevo por James Wan, uno de los tipos que mejor mueve la cámara actualmente en el género, traslada el escenario a Londres, donde una madre soltera y sus cuatro hijos empiezan a ser amenazados por un ente que pareció haber habitado en su casa años atrás, para lo cual se servirá de la más joven de las niñas. Por cuestiones de embargo de críticas, sólo decir que nunca sabrás por dónde te va a venir el susto.

Patchwork cerraba la jornada a medianoche, a través de la historia de tres mujeres que una mañana se despiertan sometidas a una operación, formando parte del mismo cuerpo. Una especie de Frankenstein con medias de rejilla y tres mujeres al volante. Ayudándose unas a otras, tendrán que descubrir cómo han acabado de ese guisa. Una comedia de terror que, sin ser redonda, tardar en arrancar y sufrir altibajos de ritmo, culminó con buen sabor de boca, buen rollo y risas sinceras, la jornada sabatina. Una pena que se atisbe ya el final de la semana.

Por Mario Parra

Nocturna 2016: Día 5

Los clásicos salvan la jornada

Camino
Un día más, a base de café y Red Bull, hemos aguantado estoicamente el viernes en Nocturna, que comenzó como en aquella famosa escena de Daniel Craig simulando ser James Bond en Casino Royale, con él desnudo, una silla y un cierto juego perineal, por culpa de Camino, protagonizada por Zoe Bell y Nacho Vidalondo. La película cuenta la historia de una fotógrafa galardonada que acompaña por la selva a un grupo de guerrilleros, que se encargan de llevar medicamentos a los poblados más pobres de la zona; sin embargo, la mujer descubre que su líder trafica con drogas y asesina a un niño a sangre fría, con lo cual es perseguida a muerte por toda la tropa y debe convertirse en una Rambo de melena rubia. Sin duda, una de las peores cintas vistas en el festival, donde los personajes hablan inglés o castellano por capricho del guión, todo está muy oscuro, los monólogos profundos de Vigalondo dan penita y sólo quieres que esa tediosa agonía cese. Al comienzo de la proyección, el cineasta Nacho Vigalondo salió al escenario a presentar, y dijo que, gracias a ese papel, pudo viajar a Hawai. Al menos él pudo sacar algún beneficio de la película.

Justo antes se proyectó el cortometraje español Cenizo, con unos efectos y recursos visuales de cómic muy logrados, pero con una historia maniquea y muy simple. Sin embargo, consiguió sacarnos una sonrisa.

No pudimos ver Cold Moon o Abduct tras la agonía de Camino (todos los films titulados así son, de hecho, bastante agónicos), pero nos libramos de una buena, según las palabras del público.

Un hombre lobo americano en Londres

La alegría, el momento más esperado de la jornada, en el que la sala estaba a tope, fue la proyección, junto con la entrega del premio Maestro del Fantástico a John Landis, de Un hombre lobo americano en Londres, una película que se conserva fresca, te ríes mucho, cuenta con unos efectos y maquillajes tremendos, y que hizo las delicias de todos los asistentes. Landis se mostró cercano y simpático en todo momento, e hizo un vídeo al público con la intención de mandarlo a sus colegas de fiesta Joe Dante y Mick Garris, cuyos nombres deberían sonaros.

Una lástima que, por la mañana, en un encuentro con el cineasta, éste dijera que los proyectos que le ofrecen no le interesan (muchas comedias y filmes de terror de baja estofa), y que las películas que querría hacer no quieren ser financiados por los grandes estudios, aunque guiones no faltan en su mesa. Esperemos que no tarde mucho en presentar nuevo filme, a ser posible en Nocturna.

Para cerrar la noche, la última proyección corrió a cargo de I Had a Bloody Good Time at House Harker, con la simpática presencia de varios miembros del equipo (director, guionista y actores), que lanzaron camisetas de promoción del filme al público, todo un detalle. Y lo cierto es que la película es muy festivalera, de humor socarrón, ligera y con muchos codazos de cercanía con el público. Una gozada, sin pretensión de ser un clásico del género, como las que deben cerrar una jornada de festival.

Y desde aquí nos gustaría recomendar uno de los restaurantes que tienen acuerdo con el festival para unos menús más baratos. Se trata del Old School Stakerock, ubicado en Calle Palafox 16, muy cerca de los cines del mismo nombre, donde puedes degustar unas maravillosas hamburguesas de buena carne y pan de cerveza negra, unas tartas caseras para chuparse los dedos de los pies o unas cervezas artesanales a muy buen precio, algo poco habitual. Todo ello en un ambiente distendido, rollo skater, y con un servicio amable y simpático a más no poder. Lo recomendamos al 100%.

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